lunes, 15 de septiembre de 2014

`NO TE VAYAS SIN MÍ´, DE ÁLVARO DE LA RICA


                                                               

“La realidad es que en la biografía íntima de un ser humano, en el terreno sagrado que verdaderamente importa, no se puede considerar el tiempo en su pura linealidad; unos hechos condicionan a otros con independencia de su lugar en eso que llamamos la cadena del tiempo. El futuro y el pasado juegan constantemente al pilla-pilla. Y en medio está el presente, como un tercero de buena fe.”

                              Álvaro de la Rica. No te vayas sin mí.



No te vayas sin mí, novela de Álvaro de la Rica (Madrid, 1965), publicada por Ediciones Alfabia, narra una larga y complicada historia de amor. Como novela es, además, el resultado de un experimento narrativo, sustentado en una gama amplia de géneros literarios, en el que diferentes voces cuentan a su manera los tortuosos caminos para llegar al amor. Lo importante es, por tanto, esa travesía y los tres estadios, concentrados en los verbos verse, entenderse y tocarse -según se relata en la novela- por los que hay que pasar para acercarse a la posibilidad de amar y ser amado. Un camino para nada de rosas, durante el que se van revelando los obstáculos, las propias limitaciones, los dilemas, los miedos y los fantasmas de los personajes. En última instancia, sus elecciones o la falta de decisiones y su posicionamiento ante la vida, puesto que la actitud amorosa es también una manera de entender aquella.

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miércoles, 10 de septiembre de 2014

LA VIRGEN DESNUDA





"Demasiado real, casi nuestro espejo, ¿quién deposita en ella la fe, el dolor, la esperanza, la pasión? Su imagen física había usurpado la otra soñada."


La Virgen del Pino, patrona de la isla de Gran Canaria, ha estado luciendo en los últimos días su talla desnuda. Fue desprovista de sus prendas habituales para ventilar la madera. La desvisten como mínimo una semana al año, después de haber sido restaurada tiempo atrás. La carcoma había deshecho parte de su figura. Ahora ha podido ser contemplada por el público. Desconozco el número de espectadores que ha acudido a visitarla en la iglesia de Teror, villa donde se exhibe. Pero su imagen desnuda no siempre es bien recibida. 

En el pasado la desvestían y sobre la marcha la volvían a vestir para evitar mostrar sus miserias, según da cuenta Eduardo Medina Orihuela en un artículo del periódico La Provincia. Mirarla sin su manto parecía inconcebible. En la actualidad hay gente que no desea verla al natural, no sé si por motivos morales, o porque considera desagradable su aspecto, o por temor a defraudarse.
 
Recuerdo haber leído hace años que los visitantes no la reconocieron en la basílica durante los días que estuvo oreándose. ¿O quizás me lo invento? Sea o no un recuerdo falso, tiene su lógica. Despojada por entonces no solo de sus mantos, sino también de las joyas, quienes la tenían delante se esforzaban en buscarla y no la encontraban. Pobrecilla.
Cómo adivinar que, bajo su gruesa y lujosa vestimenta, se escondiera una figura tan menuda y escuálida. Ella, la Virgen, que da sentido al mundo de los creyentes y realiza milagros, revelaba, de pronto, su verdadera faz. Carente de glamour, feúcha, insulsa y ausente, la reacción de los fieles fue de perplejidad. Necesitados como están de ser vistos por ella para ver, tampoco se encontraron con su mirada. No alcanzaron a descubrir en sus ojos la luz divina que ellos mismos encienden.
 
La desvistieron de sus prendas de gala y quedó privada de misterio y gloria. Así, desnuda, se apreciaba un perfil nada enigmático. Demasiado real, casi nuestro espejo, ¿quién deposita en ella la fe, el dolor, la esperanza, la pasión? Su imagen física había usurpado la otra 
soñada.
 
No sé si esta vez defraudó a sus visitantes. No importa, porque de nuevo será vestida y entronada. Seguirá viviendo como una diosa, aunque con manos postizas. Las suyas, de tamaño insignificante, como la talla entera, quedarán ocultas bajo el manto.



FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS


martes, 5 de agosto de 2014

`MODO LINTERNA´ DE SERGIO CHEJFEC: EL VIAJE DE LA CONCIENCIA




Ninguna otra figura mejor que la del paseante en la obra de Sergio Chejfec para dar cuenta de la peculiar literatura de este escritor. Es un tipo de paseante que, adquiriendo distintas identidades dependiendo de las narraciones, deambula de nuevo en su libro Modo linterna, publicado por la editorial Candaya. A lo largo de las páginas se le ve avanzar con sus pensamientos en diferentes escenarios flotantes como lo hace la cadenciosa narrativa introspectiva de Sergio Chejfec.
Surcadas las nueve narraciones que constituyen este libro por la idea de percepción y descripción difusas, de detención, dilatación y digresión, no parecen enfocadas ni al planteamiento y resolución de posibles enigmas, ni al encuentro de respuestas. Todo lo contrario. La literatura, imagino que quiere decir Sergio Chejfec, no está para simplificar el mundo, sino para mostrarlo en su complejidad con todos los posibles interrogantes.

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jueves, 24 de julio de 2014

LA EXTRAÑA

                                                    
                                          Imagen tomada en el Musée Rodin


Viajé a París porque había leído que allá vivía la muchacha bella y diáfana que encandiló a Hemingway. La vio entrar de pronto una tarde de vientos helados en un café de la Place de Saint Michel y la convirtió en personaje de un cuento. Su existencia quedó desde entonces inmortalizada para siempre. De ella habla Enrique Vila-Matas en un excelente texto literario, titulado La vida según Hemingway, presente en su web. Cuenta este escritor que Hemingway solía frecuentar ese café parisino para escribir. Le parecía simpático, caliente, limpio y amable.

En el mismo café de la Place de Saint Michel leyó Vila-Matas en su primer viaje a la capital de Francia, a sus dieciocho años, Paris era una fiesta, de Hemingway. Y también en ese sitio, ocupando una mesa, mientras intentaba escribir su primer cuento, encontró a la misma muchacha bella y diáfana, tomando café a solas y leyendo un libro.
Sentada en ese café hace unos días, en la terraza abarrotada de turistas, me entregué en vano a la posibilidad de un encuentro casual con la joven de Hemingway y de Vila-Matas. Al rato me vi deambulando por el Boulevard Saint Michel, imaginando a los literatos de vanguardia moviéndose por los diferentes cafés de esa zona en el mejor París de todos los tiempos. Después de una caminata prolongada, enfilé a la estación del metro. Tomé varios tranvías de diferentes líneas y me bajé en la parada más cercana al cementerio de Montparnasse. En este camposanto se encuentra enterrado un sinfín de artistas. Entre los nombres figuran los de escritores y poetas como Cortázar, Susan Sontag, Maupassant, Baudelaire, Vallejo, Beckett, Balzac, Cioran, Duras… 

Anduve un tiempo largo de un lado a otro, atravesando tumbas. De repente descubrí en uno de los bancos situados en medio del cementerio a la muchacha de Hemingway, a la que creía perdida para siempre. Con un libro entre sus manos, leía abstraída. No alzó la vista tampoco cuando me senté a su lado, motivada por un silencio empático, en el otro extremo del banco.
También yo la he encontrado, me dije feliz. Con su presencia los escritores allí muertos recobraban vida, porque la existencia de la literatura, pensé en ese momento, depende tanto de quien la escribe como de aquellos que la leen.

FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS


martes, 8 de julio de 2014

`MODO LINTERNA´, DE SERGIO CHEJFEC


Me persigue desde hace días una de las tantas escenas memorables de Modo linterna, libro del escritor Sergio Chejfec. Publicada esta compilación de narraciones por la editorial Candaya, la escena pertenece al relato “Una visita al cementerio”. Transcurre en un camposanto al que han llegado tres individuos con el fin de localizar el nicho del escritor Juan José Saer. Tras una búsqueda exhaustiva, los sujetos se internan en la oscuridad del segundo subsuelo del Crematorium donde reposan los restos. Como el lugar está a oscuras, solo disponen de un teléfono móvil en modo linterna para alumbrar la placa del muerto. Gracias a la oscuridad sobre la que se proyecta esa tenue luz, se pondrá de manifiesto el nombre de Saer. El narrador del cuento traduce entonces así los pensamientos de uno de los tres hombres: 

“Nunca entonces encontró más adecuada la expresión `baño de luz´como para la que ahora ocurre, cuando la estela irradiada por el teléfono invade zonas igual a una marea insaciable que consume oscuridad a medida que avanza.”



Esta magnífica escena revela cómo la concentración de la mirada en un objeto o acontecimiento solo es posible si en el mismo movimiento se ignora el resto. ¿O acaso la observación de la placa de Saer no muestra a la vez que esconde? 
La escena también parece querer recordar a la literatura la necesidad de nutrirse de áreas oscuras para sacar a la luz otras. Dicho de distinta manera, al mismo tiempo que la literatura ilumina, esconde. Y viceversa. 
Es el modo de proceder literario de Sergio Chefjec, del que da constancia a lo largo de las nueve historias de Modo linterna. Él mismo ha declarado en una entrevista apostar por una literatura “que se mueve por ráfagas de luz, que ilumina zonas de lo real a medida que va dejando cosas a oscuras.” Chejfec lo consigue con maestría, en este libro y en sus novelas. Capaz de introducir la idea de ficción en sus relatos, volviéndola un elemento interior que depende del desarrollo de las narraciones, podría hacer suya la siguiente cita de Rodrigo Fresán en La velocidad de las cosas:

 “Me gusta la idea de escribir una idea; el desafío de que una idea puede ser un cuento, que la simple teoría de un cuento pueda ser leída como un cuento en sí mismo.”


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.


martes, 24 de junio de 2014

MAR DE IRLANDA, DE CARLOS MALENO



Imaginemos una gran fiesta loca de fin de año, en medio de la consabida atmósfera estridente y delirante. ¿Acaso no es el marco perfecto para vivir en directo esa ausencia de fronteras entre espejismo y realidad? Si, además, uno de sus participantes, un ser anónimo, desubicado y letraherido, escribe un texto literario sobre esa fiesta, tiene la oportunidad de poner al descubierto la falsa disyuntiva entre ficción y realidad. Es lo que hace el narrador de Mar de Irlanda en el primer relato que abre este magnífico libro de Carlos Maleno (Almería, 1977), publicado por Sloper.

Parece como si la narración de esa gran fiesta anunciara los procedimientos literarios trasgresores de los que se vale el autor para escribir Mar de Irlanda. A través de relatos interconectados, sustentados en una escritura surrealista y ágil, se adentra Carlos Maleno con gran sentido del humor en temas como el de la memoria, el doble, el amor, la muerte…



La elección del tipo de narrador para Mar de Irlanda tampoco parece casual: un personaje de múltiples identidades, mediatizadas por las voces de diferentes escritores, que tiene el propósito de escribir su autobiografía caótica y desordenada. A lo largo del libro insinúa Carlos Maleno la imposibilidad de toda autobiografía, porque siempre es otro quien habla en nuestro nombre mientras nos narramos. A la vez, el intento de escribir la autobiografía a base de ir anotando las propias vivencias permite reflexionar sobre la esencia de la literatura y la escritura automática, con sus puntos y apartes y sus cambios de rumbo inesperados. En cualquier caso, toda pretensión por parte del narrador de huir de sí mismo, confundiéndose en otros, o de desaparecer, lo devuelve finalmente al fondo de su noche interior. Una noche habitada por la nostalgia de lo imaginado y el vano afán de buscar en mujeres desconocidas a la mujer amada y perdida para siempre.

En Mar de Irlanda da la impresión de ser la escritura la que se vuelve portavoz del narrador desde dentro mismo de la narración, impregnada de la literatura de escritores como Kafka, Conrad, Céline, Beckett, Walser, Borges, Roth, Vila-Matas… Y lo hace, situándolo en el centro del vacío o en la oscuridad donde ocurren las cosas más interesantes.  

FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.



viernes, 13 de junio de 2014

OTRO PRÍNCIPE DE ASTURIAS: JOHN BANVILLE



El escritor irlandés John Banville acaba de ser galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014. En medio de tanto ruido de fondo nos ha llegado esta magnífica noticia. Una perla en el estercolero donde se amontona la mierda mediática, destinada al consumo ciudadano.

Hoy parece estar girando todo en torno a la abdicación de un rey desacreditado y no elegido por los ciudadanos. Se desvía la atención de la masa social hacia la banalidad, elaborada con miradas y gestos estrafalarios y palabras vacuas. Qué nos importa que el príncipe Felipe acompañe en los actos a su padre, respetando su protocolo. Menos aún, las lágrimas del rey en su despedida, sus gustos por la papaya y el pescado, la seriedad tensa de Leticia y su vestimenta, las miradas cómplices entre padre e hijo, los gestos analizados con meticulosidad por los medios, sus estados de ánimo y la cadena interminable de adjetivos rimbombantes para calificarlos: emocionado, conmovido, entusiasmado, caluroso, enternecido…


Entre tanta maquinaria de afectación y lavado de cerebro se anuncia la llegada del nuevo -el otro- Príncipe de Asturias, John Banville. Escritor excelente, su obra se sumerge con inteligencia, estilo y originalidad en las profundidades de la naturaleza humana. Sus libros cuentan historias inquietantes de la vida cotidiana, sus luces y sombras. Mientras Banville las va narrando con suma belleza, asoman tras ellas temas esenciales: el transcurso del tiempo, la invención de la memoria, el amor y la muerte, entre otros. De ello dan testimonio sus libros El mar, Imposturas, Los infinitos, La mesa limón, Antigua luz… Verdaderas joyas literarias, que, junto a los libros de su hermano oscuro y álter ego Benjamin Black, nos sitúan en el ámbito de la condición existencial humana.


Los acontecimientos, tal y como discurren en la narrativa de John Banville, casi nunca son lo que aparentan o creemos. Las novelas de este escritor parecen perseguir el alma de las cosas, descubriendo nuevas parcelas de la existencia. Es el modo de proceder de los buenos escritores, embarcados en lo que Enrique Vila-Matas llama “el trabajo secreto con la conciencia”. De espaldas a la obscena realidad y con la misma responsabilidad, que concierne a todas las personas por igual, hacia el mundo.

FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.




jueves, 5 de junio de 2014

SUEÑOS



“Todos los sueños pueden // ser realidad, si el sueño no se acaba.” Me vinieron a la mente estos versos del poeta Pedro Salinas después de recordar una obra de teatro escrita por Strindberg. En el drama, titulado El sueño, aparece un personaje cuyo mayor deseo es que la vida le conceda una caja de pesca verde. Ya se sabe, una cajita de color verde donde los pescadores guardan la carnada, el hilo y los anzuelos. El tiempo pasa, como pasa la vida, y el hombre va envejeciendo sin que se cumpla su sueño. Ya muy viejo, los dioses se apiadan finalmente de él y le conceden su deseo. Entonces avanza solo, con el tan ambicionado regalo entre sus manos, hacia la parte delantera del escenario. Reina en el teatro un silencio aplastante. Se detiene en el filo del proscenio y ahí permanece un buen rato, con la cabeza gacha, contemplando la caja. A continuación alza los ojos, clava su mirada en el público y dice con profunda tristeza: "No, no era este verde".


¡Pobre personaje del drama de Strindberg! Se quedó sin su caja de pesca verde y sin su sueño. Como suele suceder, se impuso la insalvable distancia entre lo soñado y el resultado de su cumplimiento. En versos del poema arriba mencionado de Pedro Salinas, referidos en su caso al amor, “solo muere // un amor que ha dejado de soñarse // hecho materia y que se busca en tierra.”

Cómo iba a sobrepasar el objeto conseguido la potencia de lo imaginado. Encerrado el primero en el desolado desván del cumplimiento, apenas logra competir con el imaginario y su libertad en el aire. Tal vez por eso nuestros recuerdos favoritos no se remitan casi nunca al momento en que se conquista un sueño. Solemos recordar antes la atmósfera previa, tejida de planes y de expectativas que crean acontecimientos. A eso podría llamársele soñar, que, volviendo al poema de Salinas,  “es el modo que el alma // tiene para que nunca se le escape // lo que se escaparía si dejamos // de soñar que es verdad lo que no existe.

Hay, por lo demás, sueños que no se acaban nunca. “No olvides nunca formular tu deseo, Malte”, escribe Rilke en uno de sus libros. “Creo que no se cumplen, pero hay deseos a largo plazo, que duran toda la vida, de modo que no podría esperarse su cumplimiento.”

FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.

viernes, 23 de mayo de 2014

LÁGRIMAS



Hay lágrimas y lágrimas. Con ellas, dependiendo de las situaciones, se manifiesta remordimiento, miedo, dolor, rabia, hartazgo, impotencia, alegría, pena… Algunas delatan a quienes las derraman. Otras no permiten averiguar las motivaciones de los que lloran. Se puede, además, verter lágrimas por todo y nada. También es posible fingir sentimientos con un lloro falso, encubridor de la indiferencia. Pocos recelarán de quienes lloran en escenarios que lo requieren. Sin embargo, la ausencia de lágrimas en tales circunstancias suele despertar sospechas, como ocurrió, por ejemplo, en el caso de Meursault, protagonista de El extranjero, de Albert Camus. Cometió un crimen aparentemente inmotivado contra un hombre, y en el juicio, enfocado hacia su condena a la pena capital, se le acusa de haber dado muestras de insensibilidad el día que enterraron a su madre.

Recuerdo ahora también un suceso significativo al respecto que vivió Mo Yan de niño. Lo contó en su discurso con motivo del Nobel. Cursaba el tercer año de primaria y la escuela organizó una visita a una exposición sobre el sufrimiento. Los alumnos debían llorar, según las órdenes del profesor. Para que este advirtiera su obediencia, Mo Yan no quiso secarse sus lágrimas. En la sala vio cómo unos compañeros de clase se mojaban a escondidas los dedos en la boca y se pintaban dos líneas de lágrimas en la cara. Entre todos los que lloraban, ya fuera de verdad o de manera hipócrita, descubrió de pronto a un alumno que no mostraba ni una sola lágrima. Ni siquiera se tapaba el rostro con las manos para simular tristeza. Tenía una expresión de sorpresa y los ojos bien abiertos, como si no entendiera. Más tarde, le denunció Mo Yan ante el profesor y el colegio decidió castigarlo. Muchos años después, el futuro escritor confesó a su profesor la pesadumbre que le causaba este acontecimiento. Supo entonces que más de una docena de alumnos también había acusado al compañero.

Este niño murió hace mucho tiempo, pero cada vez que Mo Yan recuerda la anécdota, se siente muy apenado. Aprendió, dijo, una gran lección con este asunto: “Aunque todo el mundo llore, debemos permitir que haya personas que no quieran llorar. Y como hay otras que fingen sus lágrimas, entonces debemos sentir una especial simpatía hacia los que no lloran”.



 



viernes, 9 de mayo de 2014

MALENTENDIDOS



Parece cierto que casi nada es lo que parece. Me viene a la mente este pensamiento después de asistir a la siguiente escena: un joven de unos 17 años patina en un skate por la acera. Dos policías levantan la mano, corriendo tras él, y le ordenan detener la marcha. Estoy en la acera de enfrente, mientras observo cómo el joven se quita la mochila de su espalda y hurga en ella. Supongo que busca su carnet de identidad para mostrarlo a los polis. ¿Por qué diablos lo han parado? No sé si está prohibido circular en una tabla por la acera. O tal vez sea su apariencia medio hippie la que ha llevado a sospechar algo malo de él a los polis. ¿Qué pensarían otros, si estuvieran contemplando también este suceso? Un hombre se aproxima desde uno de los extremos de la acera donde estoy plantada y, viéndome mirar, detiene su caminata. Se coloca a mi lado, mira al frente y de pronto emite su juicio: “Seguro que es un chorizo y esconde en su mochila lo que acaba de robar.” Con la misma, sigue caminando.

Me alejo de la zona como una forma de distanciarme también de las preguntas. Algo activa en mi memoria el recuerdo de una anécdota leída hace muchos años en el relato Algo por lo que recordarme, de Saul Bellow. Si ahora la memoria no falsifica del todo la evocación de aquel pasaje, veo a ese adolescente del relato llevando una vida desenfrenada que no se corresponde con su edad. Un día huye de su casa en busca del jolgorio callejero, dejando atrás a su madre moribunda en la cama. No sé si para huir del penoso trance de verla morir, prolonga su diversión y se monta su fiesta particular. Acepta mantener relaciones sexuales con una mujer y vive entonces su primera experiencia sexual. Cuando regresa a casa, su padre abre la puerta y lo recibe con una fuerte bofetada.

Si hubiésemos presenciado cualquiera de nosotros ese instante del bofetón, ¿qué habríamos  pensado? ¿De qué lado nos habríamos puesto? ¿De parte del adolescente o del padre?

Es probable que nuestras particulares versiones de los hechos confirmaran la capacidad de los malentendidos, de los prejuicios, para construir nuestras verdades. El adolescente del relato se alegra de la bofetada recibida. Si su padre le hubiese dado un beso, habría sabido que su madre ya había muerto.             



sábado, 19 de abril de 2014

CARLOS SKLIAR


"El mundo es casi todo lo que no ves y donde no estás"

Carlos Skliar.-



Leer a Carlos Skliar es como darse ese baño de tumba del que habla Pablo Neruda en su poema “No tan alto”: “Hay que darse un baño de tumba// y desde la tierra cerrada// mirar hacia arriba el orgullo.” Cada pasaje de sus dos libros titulados No tienen prisa las palabras Hablar con desconocidos supone una fabulosa cura de humildad. A través de fragmentos poéticos conmovedores, Carlos Skliar parece denunciar, entre otros, la reducción de las cosas a lo que se ve a través de las estrechas rendijas de la mirada. Cómo no caer rendidos ante los pies de su escritura cuando leemos: “Abrir los ojos es, en cierto modo, pedirle perdón a todo aquello que alguna vez hemos ignorado”. Antes ha escrito que en los bordes laterales de los ojos habitan todas las cosas que decidimos no mirar y que nos hablan a raudales.

Con gran maestría aborda Carlos Skliar la distancia que va del ojo al objeto contemplado. No parece entonces extraño que hable también de las cosas que existen y no nos ven. “Por ejemplo: tu cuello no te ve. Una sombra no te sigue. La aurora no está dedicada a nadie en particular.” Y matiza: “Pero eso no es indiferencia. El mundo es casi todo lo que no ves y donde no estás.” Con humildad coloca al ser humano en el lugar que le corresponde, lejos de toda arrogancia. Así escribe en otro pasaje: “El secreto que no esperabas. En medio de un bosque de simetrías, la flor que no debería estar allí. Arrancarla con vehemencia o dejar que la tierra siga su propio curso. Sin ninguna de tus dudas.”

Sus libros reflexionan sobre el lenguaje y la escritura, cuestionando cualquier forma de aprisionar la realidad. Porque no solo existe lo que puede decirse, este escritor apuesta por una escritura abierta e inconclusa: “La escritura tiene miedo de cerrar sus manos. De acomodarse. De sentirse satisfecha. De darse por terminada.” Mientras tanto, declara que también se escribe de rodillas. “No acuclillado. Ni inclinado. De rodillas, como pidiendo perdón a aquello que no será nombrado”. De nuevo habla la humildad, pero como un modo de agradecimiento, porque “lo innombrable”, escribe, “es lo que induce y seduce a la escritura, una y otra vez. Tocando con la punta de la lengua lo que está fuera de la lengua. Escribir es merodear con la voz todas esas palabras deseosas de silencio.”


Carlos Skliar: No tienen prisa las palabras. Edit.Candaya. Barcelona, 2012.                                      
                            Hablar con desconocidos. Editorial Candaya. Barcelona, 2014. 








viernes, 11 de abril de 2014

KASSEL NO INVITA A LA LÓGICA. COLAPSO Y RECUPERACIÓN.


Escribe Enrique Vila-Matas en Kassel no invita a la lógica que a veces le parece divertido sentirse dentro de las novelas de otros. Es la misma diversión que experimentamos los lectores mientras leemos esta novela suya que transcurre en el espacio de la Documenta 13. Con entusiasmo recorremos las páginas del libro, dejándonos llevar de la mano del narrador en sus paseos erráticos por la mítica feria antimercantil de arte contemporáneo celebrada en Kassel.
Enrique Vila-Matas fue invitado a Documenta 13 con el cometido de convertirse en instalación artística viviente y sentarse a escribir cada mañana a la vista del público en un restaurante chino de las afueras. Su estancia en Kassel duró varios días, ofreciendo también una conferencia que llevaba el siguiente título de corte tan vilamatiano: Conferencia sin nadie. Su actividad principal consistió, sin embargo, en un fabuloso viaje andado hacia lo desconocido y más allá, ahí donde hablan los conceptos y las potencias invisibles del arte en sí.
Seix-Barral
Seix-Barral
Sobre su experiencia, llevada a la ficción, en la Documenta 13 trataKassel no invita a la lógica. Por eso no parece extraño que el protagonista de esta novela sea un paseante en continuo vagabundeo perplejo, que se deja sorprender por las maravillas entre las que se abre paso. Desdoblado de forma sucesiva y simultánea en diferentes personajes, se mueve de espaldas a las visiones trilladas sobre el arte. Frente al arte discursivo o plúmbeo sobre algo, mira de lleno a la cara del arte en sí y su alegre y feliz complejidad. Parece como si el paseante de Kassel realizara en el terreno, avanzando en sus reflexiones, lo que Vila-Matas ya escribiera en su texto de ficción crítica que da título a su libro Chet Baker piensa en su arte. Ideas que son aplicables a la literatura y al arte en general y que se relacionan con esa gran divergencia, señalada por Vila-Matas, entre una confortable narración y la realidad brutal del mundo.
De igual forma que este escritor apuesta por una literatura más próxima a la realidad bárbara, muda, sin significado, de las cosas, también busca el arte en sí. Ir al encuentro de la cosa y no de lo que se dice sobre la cosa. En este sentido no parece casual que a lo largo de Kassel no invita a la lógica se repita en varias ocasiones con cierta ironía fina la frase: “El arte hace, y ahí te las compongas”. Es esta, tal vez, una invitación a mirar de otro modo, ajeno a los prejuicios y a todo aquello que pone una camisa de fuerza al pensamiento. Quizás apunte a una manera distinta de ver que entronca con el ideal filosófico de Wittgenstein, del cual escribe Vila-Matas en un pasaje de esta novela que fue
“la búsqueda de lucidez liberadora, de apertura de la conciencia y del mundo; no quería ofrecer verdad, sino veracidad, ejemplos y no razonamientos, motivos y no causas, fragmentos y no sistemas.”
                                                         SEGUIR LEYENDO AQUÍ: REVISTA DE LETRAS 

martes, 1 de abril de 2014

´HABLAR CON DESCONOCIDOS`, DE CARLOS SKLIAR



Escuchar no es un gesto de estos tiempos, tal y como escribe Carlos Skliar en su magnífico libro titulado Hablar con desconocidos. Hoy en día parece que se habla a cambio de que otros callen. “Los conocidos hablan para conseguir adeptos, para entronizarse, para despotricar, para decir todo aquello que ya no es necesario oír.” Y cada vez que alguien dice “es normal”, la conversación se interrumpe. La normalidad se impone entonces como encubrimiento, como una ofensa a la posibilidad de pensar lo inexplorado y desafiar las falsas certezas.

En este terreno de lo desconocido es por donde se desliza la escritura bellamente poética de Carlos Skliar en su libro. Es cuestión, sugiere Skliar, de no dar ni el mundo ni a los otros por entendidos. Tampoco a uno mismo, porque todo lo que sabemos de nosotros proviene de cada una de nuestras ignorancias. Lo desconocido se oculta bajo la tiranía de lo conocido, ese tipo de saber presuntuoso que reduce la vida al registro ciego y arbitrario de los acontecimientos. Se trata, por tanto, de sentir y pensar el encuentro con los otros, desconocidos, pensándose también como un desconocido. Conversar con los demás y escuchar como “si dejaras tus oídos en medio del camino y prescindieras de cada palabra conocida. Como si cada desconocido encarnase la posibilidad de una verdad.” Dicho de otra manera, alejarse de uno lo suficiente como para volverse la voz ilegible de un extraño.

Este modo de relacionarse con los otros, lejos de potenciar la propia sensación de estar encantado de conocerse a sí mismo, arranca a cualquiera de su ombligo. Lo contrario supone desencuentro, porque, como escribe Carlos Skliar, “un hombre limitado a su circunferencia jamás se encontrará con otro hombre que sólo camina en línea recta”. Frente a la obscenidad del yoísmo, lo mejor es callarse si se quiere que algo suceda. Mantenerse en silencio, escuchar durante esos instantes sin uno en donde nace el mundo y encontrar allí los propios hallazgos. “Soy hombres, mujeres y ancianos que no soy. Estoy hecho de desconocidos que me hablan sin hablarme. Y que, cuando yo hablo, no se sueltan de mi voz”, dice este escritor.
Sobre ello y muchos más asuntos de la vida escribe Carlos Skliar en Hablar con desconocidos. Un libro de asombros, capaz de ruborizar a quienes se erigen en jueces exclusivos de la verdad. 


  Carlos Skliar. Hablar con desconocidos. Editorial Candaya. Barcelona, 2014.-


martes, 18 de marzo de 2014

`KASSEL NO INVITA A LA LÓGICA´: EL PASEANTE DE KASSEL



Es cierto que el silencio dice más que las palabras, aunque no quede más remedio que pasar por ellas para nombrarlo. Pero se puede darle nombre como un modo de callarse, mientras nos dejamos llevar por el impulso de su atracción y extrañeza, a partes iguales. Es la manera en que procede el paseante errático de Kassel no invita a la lógica, novela, recién publicada, de Enrique Vila-Matas. En continuo vagabundeo perplejo, su escenario es la Documenta 13, la célebre feria antimercantil de arte contemporáneo a la que fue invitado este escritor con el cometido de sentarse a escribir durante unos días cada mañana en un restaurante chino de las afueras de Kassel. Convertido así en instalación artística viviente, también dio una conferencia que llevaba el título irónico e incitante “Conferencia sin nadie.”

El protagonista de ese viaje andado en el espacio de la Documenta es y no es Vila-Matas. Desdoblado de forma sucesiva y simultánea en diferentes personajes, parece moverse con el coraje de los marinos que, una vez que le dan la espalda a la costa, avanzan por el mar sin miedo, sabiendo que en el vacío no hay ningún apoyo, nada a lo que aferrarse. Es tal vez esta manera de desplazarse, empujado por una curiosidad blanca, ajena a las visiones trilladas acerca del arte, la que permite ir hacia adelante. Mientras tanto, cabe plantearse el sentido del arte y de la vida, porque, como Vila-Matas escribe, ambos caminan juntos, forman una unidad. Dice vida, que no mundo, si por este se entiende el tiempo histórico que se vive. Porque si una cosa es saber que no se puede escapar de él, otra muy distinta tomar distancia crítica del mismo. Es lo que corresponde al llamado arte contemporáneo, capaz de crear vida ahí donde el mundo la destruye.
 
El viaje andado que emprende el paseante de Kassel no invita a la lógica, tan en sintonía con el tipo de escritura de Vila-Matas, posibilita adentrarse en lo desconocido e ir más allá. Polemizando con el arte discursivo o plúmbeo sobre algo, su mirada parece escudriñar los conceptos y las potencias invisibles del arte en sí. En definitiva, un universo de alegre y feliz complejidad que nos irá descubriendo el protagonista de esta novela. Y lo hace, sumergido en su propio viaje interior, con sus luces y sombras, y celebrando el hecho de vivir.

Enrique Vila-Matas. Kassel no invita a la lógica. Seix-Barral. Barcelona, 2014.-


martes, 4 de marzo de 2014

LA MUERTE DE LA POESÍA



Cabría preguntarse qué ocurriría si alguien regresara de la muerte y nos dijera que el mundo del más allá existe y es igual de aburrido que el de aquí en la tierra. Es probable que entonces a los poetas les abandonara la musa. La poesía se quedaría muda. ¿O acaso los poetas no se abren paso intentando vencer la línea, delgada y a la vez abismal, que separa el universo de los vivos del reino de los muertos? Que alguien regrese del Hades para revelar que tampoco allí se accede a la última verdad, podría defraudar las expectativas de los poetas.

Es esta una de las cuestiones que se narran en Así que Usted comprenderá, una inquietante y breve obra de Claudio Magris. En ella recrea este escritor el mito órfico cediendo la palabra a Eurídice, la protagonista del libro.  Eurídice, mujer de poeta, ha muerto y su marido urde un proyecto para rescatarla del Hades y hacerla regresar a la vida. El fracaso del plan liberatorio lo causa la propia Eurídice. No quiere revelarle a su pareja que el mundo del más allá es igual de monótono y vacío que el nuestro. Así le habla al Presidente de la Casa de Reposo eterna donde se encuentra: ¿Cómo decirle que, aquí dentro, aparte de la luz mucho más tenue, es como allí fuera? Que estamos detrás del espejo, pero que ese reverso es él también un espejo, igual que el otro.”

Ella manifiesta, refiriéndose a su marido poeta: Cantar el secreto de la vida y de la muerte, decía, quiénes somos de dónde venimos a dónde vamos, pero dura es la frontera, la pluma se rompe contra las puertas de bronce que esconden el destino, y así nos quedamos fuera devanándonos los sesos sobre el transcurrir y el permanecer, sobre ayer sobre el hoy y el mañana, y la pluma sólo sirve para llevársela uno a la boca y chuparla.” 

Para él la poesía tiene que escudriñar el secreto de la vida, rasgar el velo, abatir las puertas, tocar el fondo del mar donde se esconde la perla, dice Eurídice. ¿Cómo iba ella, que ha experimentado que tras la puerta no hay nada nuevo, a regresar y aguarle la fiesta? De revelarle su descubrimiento, vería un hombre acabado, un poeta condenado al silencio por habérsele robado el tema. Prefiere dejarlo en manos de la poesía, vano intento de rasgar las vestiduras a la verdad desnuda.

Imagen de Pedro Guerra.

Fuente: El Quinqué. La Provincia-Diario de Las Palmas



sábado, 8 de febrero de 2014

JOSÉ EMILIO PACHECO



En medio de tanto ruido mediático y tanta soberbia de los actuales gobernantes resuena la voz de José Emilio Pacheco. “Todo es ala y fugacidad”, escribió este poeta, cuya poesía busca apresar el instante perdido, concentrándose en la transitoriedad de la vida.

Cuando me llegó la triste noticia de su muerte, recordé el momento en que se le cayeron los pantalones hasta la rodilla poco antes de recibir el Premio Cervantes de Literatura 2009. Ocurrió en la sala de la Universidad donde se iba a celebrar la ceremonia. Riéndose con humor, dijo: “Ya han visto lo que me ha pasado. Nunca había vestido de pingüino y no llevo tirantes. Es muy buen argumento contra la vanidad.” 

Ningún otro gesto imaginé mejor para dar nombre a la humildad, que él encarnaba, en momentos tan solemnes. La caída de sus pantalones, en los minutos previos al acto ritual presidido por el rey Juan Carlos, parecía estar hablando en lugar de sus célebres versos: "Ahora entiendo este misterio, este enigma: /el poder y la gloria no son nada/ con el jade y el oro bajaremos/ al lugar de los muertos. / De lo que ven mis ojos desde el trono/ no quedará ni el polvo en esta tierra.”

Tal vez el poeta, y quién no, pudo vivir la situación como algo embarazoso. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el hecho fortuito referido y la bajada de pantalones. Bajarse los pantalones implica una intencionalidad de claudicación. Con otras palabras, someterse a la voluntad humillante de otros. A José Emilio Pacheco parece haberlo elegido este incidente como una vía para recordarnos aquella idea de Montaigne, también suya: Se puede estar sentado todo lo alto que uno pueda imaginarse, pero nadie ha de sentarse nunca por encima de su propio culo.

“En poesía lo que no es excelente, es despreciable”, proclamaba con los pantalones bien puestos este poeta que decía no querer nada para sí. Solo anhelaba "lo posible imposible: un mundo sin víctimas.” De ello habla también su poema “Alta traición” en contra de los verdugos: “No amo mi patria./ Su fulgor abstracto/ es inasible./ Pero (aunque suene mal)/ daría la vida/ por diez lugares suyos,/ cierta gente,/ puertos, bosques de pinos,/ fortalezas,/ una ciudad deshecha,/ gris, monstruosa,/ varias figuras de su historia, / montañas/ -y tres o cuatro ríos”.


viernes, 31 de enero de 2014

JUAN GELMAN ERES TÚ

           
                                             

Muere Juan Gelman y su figura se nos aparece como en ese sueño del que habla Fogwill en su libro La gran ventana de los sueños. Sobre todo, a quienes nos hemos sentido acompañados por él desde nuestra primera juventud. Escribe Fogwill: “Había una vez que yo soñé algo y lo olvidé. Ese sueño y sus no imágenes me siguen hasta hoy, cuando han pasado casi treinta y nueve años. A eso se llama vivir, o haber vivido, pendiente de un olvido.” Difícil negar entonces que la memoria está llena de olvido. Cosas negras, como las llama Fogwill, de las que se compone la memoria y en cuya oscuridad se agazapan las huellas que forman parte del presente. 

¿Acaso la vida no se concibe como un palimpsesto, vocablo que en griego significa “grabado de nuevo”?  Vista así, la presencia de Juan Gelman parece sostenerse en el tiempo como se conservan en la misma superficie de ese manuscrito, el palimpsesto, los rastros de una escritura anterior. El hecho de que esta quede borrada, como un sueño olvidado, subraya aún con mayor intensidad su permanencia.
No importa si le hemos seguido o no la pista a su trayectoria poética, Juan Gelman es para muchos una referencia importante en la vida. Él es la poesía, con sus excelentes poemas y otros quizás menos buenos, pero su figura trasciende el ámbito de lo estrictamente poético. Mueren buenos poetas y nos consolamos con su poesía. Muere Juan Gelman y no solo permanecen sus poemas. Queda también el bagaje de nuestra experiencia, mediatizada por este hombre de carne y hueso que mostró siempre el coraje de sus buenos sentimientos.
Desafiante de la tiranía e injusticia y sacudidor de las conciencias, Juan Gelman se lleva en su partida definitiva una parte nuestra. Tal vez por eso su muerte sacuda tanto las entrañas dolientes de los vivos. A eso se llama, volviendo al sueño de Fogwill, vivir, pendiente de un olvido. Un olvido pendiente, ay, mientras dure nuestra común temporal eternidad en la tierra.  



Fuente: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA / DIARIO LAS PALMAS



   

viernes, 24 de enero de 2014

SOBRE ´COMBATES`Y ´CEREMONIAS´, DE EDNODIO QUINTERO



Cuando murió mi hermana la enterramos junto con sus muñecas para que le hicieran compañía. Transcurridos noventa años de aquel triste suceso, he llegado a convencerme que las muertas fueron las muñecas, y enterramos también a mi hermanita para que les hiciera compañía.

                                      Ednodio Quintero. “Muñecas”. Ceremonias.



De pronto recordé una fantasía de Coleridge. Alguien sueña que cruza el paraíso y le dan como prueba una flor. Al despertarse, ahí está la flor.

                                     Jorge Luis Borges. El otro.



Ceremonias es el título del segundo volumen que completa la narrativa breve del excelente escritor venezolano Ednodio Quintero. Reúne una selección personal y exhaustiva de sus primeros libros de cuentos. Antes vio la luz Combates, que recoge sus cuentos de madurez. La editorial Candaya ha publicado ambos volúmenes, en consonancia con su esmerada labor por dar a conocer el universo ficcional propio y sublime de Ednodio Quintero.


Produce asombro la amplia variedad de modalidades narrativas que maneja este escritor en los dos libros. Los cuentos, unos cortísimos y otros más o menos largos, transcurren en distintas atmósferas y en tonos diferentes. Todos ellos, sin embargo, constituyen una unidad coherente y consistente que da cuenta de la voz peculiar de Ednodio Quintero. Voz de alma que deja hablar a los personajes desde las interioridades del ser a través de la conciencia. O, como algunos críticos han escrito, del “teatro de la conciencia”, ahí donde la subjetividad dialoga con sus espectros.


Comparto la visión de quienes definen los cuentos de Ednodio Quintero como “narrativa de ecos, reflejos y circularidades múltiples”. Una auténtica poética del vértigo, ingeniosa, impactante y de ironía fina, impregnada de zoología fantástica y otros simbolismos.
Sorprende su ritmo vertiginoso y su sensualidad, el rescate de los esencial omitiendo lo anecdótico, la yuxtaposición de lo real, ficcional y onírico en un registro más propio de los sueños. También su inmersión en la naturaliza con cierta fragancia de Rulfo, sus conexiones con la narrativa, entre otros, de Kafka, Cortázar, Borges, Vila-Matas y de escritores japoneses como Kawabata y Kawakami.
                                                                                    




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