domingo, 10 de junio de 2018

LA SILLA DE CAMILLE CLAUDEL



Ahí está ella, en la silla, tal y como la ha sentado Michéle Desbordes en su novela El vestido azul. Delante del pabellón, inmóvil y con las manos cruzadas sobre el regazo, Camille Claudel espera y espera y espera. Antes arrastró la silla hasta el jardín y se puso a mirar y mirar y mirar. De vez en cuando ve el paisaje en blanco y negro, muy negro, pero en la mayoría de las ocasiones inventa con su mirada diferentes colores y tonalidades.
Contempla el mundo girando alrededor de su silla. Fija la mirada en el horizonte e imagina la llegada de su hermano Paul, única visita que recibe en el psiquiátrico donde su familia la ha recluido en contra de su voluntad. En ese infierno pasará sus treinta años restantes de vida.

Sentada en la silla, cierra los ojos y ve llegar por el sendero de siempre a Paul, quien apenas la visita. Quizás, porque anda a menudo de viaje, escribiendo poemas y reuniéndose con artistas, o tal vez porque le aterrorice ver a su querida hermana consumiéndose en el pozo oscuro al que ha sido arrojada por iniciativa de la madre. Qué más da, habrá pensado su progenitora. Para estar encerrada en su taller, mejor meterla entre rejas. Contó también con la complicidad de Paul. ¿Se vería este incapaz de asistir a su tristeza y desesperación, a su reclusión permanente en el taller donde se dedicaba a esculpir sin descanso para terminar destruyendo su obra? Razones tenía, puesto que no solo sufrió la traición de Rodin, su maestro y amante durante quince años. Posó para él y esculpió sin firmar sus piezas, excelentes esculturas de las que se apropió su maestro. No se le permitió llevar a cabo su carrera artística de forma independiente a la de Rodin.

Ahí continúa, sentada en la silla, esperando y esperando. No se sabe si ahora desprecia el tiempo que aún le queda porque ya han matado sus sueños o si todavía sueña con poder adueñarse de sus días y convertirse en lo que nunca ha dejado de ser: Camille, mujer libre y artista de una obra excelsa. Única.


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.


domingo, 27 de mayo de 2018

DIGNIDAD




Nadie es tal vez tan esclavo como quien se considera libre sin serlo. El mismo nivel de servidumbre parece darse también, sin embargo, cuando un subordinado enaltece al amo, cree merecerse el ultraje y consiente la peor humillación. Eso pensé después de haber leído las palabras de Larsen, protagonista de El astillero, novela de Juan Carlos Onetti. Quiere hablar de dignidad a un sirviente joven y sumiso, acostumbrado a obedecer siempre a sus superiores.   Conoció a un muchacho que vendía violetas en la madrugada, le cuenta. Una noche llegó este con los ramitos de violeta a un cafetín frecuentado por gente de bien, atravesó el local lleno y entonces dos vigilantes, a la vista de todos, lo manosearon entre risas.

Algo así, piensa Larsen, es lo último que podría pasarle a un tipo, pero su relato no tiene en el joven oyente el efecto esperado. El sirviente no entiende qué ha querido decirle y continúa impasible con su labor de limpieza. Larsen no se da por vencido y sigue hablándole. El muchacho de las violetas, le aclara, sabía que los clientes del cafetín observaron los tocamientos y burlas de los vigilantes. Por tanto, no podía disimular ante los ojos de los demás que había sido agredido. Tampoco se atrevió a enfadarse porque creía deberle respeto a la autoridad por ser la autoridad. Consideraba, en consecuencia, normal sus atropellos contra las personas. Así que hizo la cosa más triste de este mundo, piensa Larsen. Mostró una sonrisa a los clientes del cafetín.

La anécdota de Larsen me recordó otra de una mujer. Empleada de una granja donde vivía por necesidades económicas junto al propietario, un déspota, cumplía con su duro trabajo. No solo se propuso abstenerse de establecer el menor lazo de simpatía entre los dos. Se acostumbró, además, a odiar al amo. Era su manera de obedecerle sin degradarse. Salvaguardó la propia dignidad con el odio. Sin embargo, el hombre interpretó la actitud distante de la empleada como una prueba de sometimiento a su mando.

FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.
       


lunes, 14 de mayo de 2018

'IMPÓN TU SUERTE', DE ENRIQUE VILA-MATAS


Mientras más me adentro en la obra de Enrique Vila-Matas, mayor es la sensación de grata oscuridad. Sumergirse en cualquier libro de este escritor es como navegar en alta mar sin nada a lo que aferrarse. Es descubrir que para la contemplación del vacío no se precisa ningún apoyo que engañe a la mirada. ¿De qué valdría estrechar los límites de la percepción para sentirse seguro en un mundo de naturaleza inexplicable? Con un estrechamiento de la capacidad perceptiva se encoge la conciencia y, por ende, se disipan las posibilidades de acercarse a otras formas de pensar.

Mientras más me adentro en la peculiar obra de Enrique Vila-Matas, más reconocible se vuelve ante mis ojos. A la vez me resulta inalcanzable, quizás porque está en permanente movimiento. Pretender abarcarla sería como proponerse ponerle cerco al océano en medio de alta mar. La obra de Vila-Matas se desborda por los lados y cuando crees haber arribado a algún área de confort, ya estás en un lugar diferente. Una zona de riesgo que te impulsa a seguir avanzando hacia adelante, brazada a brazada, sin descanso.

En la literatura de Vila-Matas todo parece repetirse con infinidad de variantes que convierten cada uno de los libros en algo nuevo y también distinto. Es la impresión que he tenido leyendo Impón tu suerte, libro recién publicado por la editorial Círculo de Tiza. Consiste en una colección de artículos, conferencias y ensayos, vivero importante del que se alimentan las novelas de Vila-Matas. Característico de este escritor es el continuo trasvase del ensayo a la narrativa, y viceversa, cuyo resultado es una obra única, genuina e inclasificable.

En Impón tu suerte, cuyo bello título nació de un verso de René Char, Vila-Matas impone otra vez su suerte y abraza la felicidad dispuesto a exponerse al riesgo. Consigue, además, que los lectores respiren felizmente sus palabras en este libro: “Te sentirás a solas con los dioses, y cabalgarás la vida hasta la risa perfecta. Es la única batalla que cuenta.”


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.

sábado, 28 de abril de 2018

LEYENDO ´IMPÓN TU SUERTE´, DE ENRIQUE VILA-MATAS



LEYENDO IMPÓN TU SUERTE...






Impón tu suerte, Enrique Vila-Matas.
Editorial Círculo de Tiza. Marzo 2018.-



EL LIMPIABOTAS DE PETER HANDKE



Vi de pronto, mientras paseaba, a un limpiabotas en el parque. Sentado sobre su viejo taburete de madera y de patas muy cortas, cepillaba los zapatos de un turista. Me detuve un rato a contemplarlo como quien se detiene a mirar una escena extinguida, propia de un tiempo pasado. La infancia se me echó enseguida encima y, por alguna asociación de ideas, me vino a la mente el maravilloso anciano limpiabotas de un cuento que escribió Peter Handke. La visión del hombre limpiando el calzado del extranjero me produjo el mismo efecto que ese relato cuando lo leí en el libro Una vez más para Ticídides.

Con cuánta meticulosidad limpiaba el limpiabotas del cuento los botines de su cliente. De forma lenta comenzó a desempolvarlos, uno a uno y parte a parte, manejando con suavidad y firmeza su cepillo curvo. Los pies, el empeine, las puntas de los dedos parecían agradecer el trabajo. Luego sacó un paño y embadurnó con betún, despacio y a fondo, tal y como procedía también el limpiabotas del parque, los botines. En su lata quedaba solo una pequeña masa negra, pero se las ingenió para que le alcanzase. Aplicó cada copo con extremo cuidado.
Cuando el limpiabotas del parque comenzó a sacarle brillo a los zapatos con un nuevo cepillo proseguí la caminata, todavía cautivada por el recuerdo de los botines que el limpiabotas del cuento dejó resplandecientes. Relucían como nunca antes, después de haberles pasado un cepillo de abrillantar y, finalmente, un paño. Era el único calzado que su dueño, radiante de felicidad, se pondría hasta desgastarlo. Entonces sentí estar viviendo una experiencia de sintonía con la raza humana. La lentitud, el esmero, la durabilidad y el amor en la demora adquirían significado. Regresé, gracias al limpiabotas y su arte, a momentos que en la actualidad se suponen carentes de acontecimientos. ¿O acaso vivir hoy no es casi siempre hacer que las horas pasen en lugar de prolongar el tiempo dando una vida insustituible a cada instante?


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS

jueves, 19 de abril de 2018

ESCRITORES JÓVENES


                                                    


 Para ser escritor no se precisa sacar un título. No hay puerta por donde se entre a la escritura, como no existe ninguna que dé entrada a la vida. Escribir no convierte, sin embargo, en escritor a la persona que escribe. Tampoco la práctica de la escritura, aunque se prolongase en el tiempo y obtuviera un reconocimiento público, concede al individuo un grado de veteranía ventajosa. Se sabe de escritores cuya obra es de pésima calidad y, no obstante, gozan de un éxito mediático solo explicable en el contexto del actual mercado.

 Hoy pierde valor la idea de la literatura como excelencia y prevalece el desprecio por la lectura literaria. No resulta extraño, puesto que el libro se considera un producto más de mero entretenimiento. Al alcance de todos, se socializa en igual medida en que se degrada. De ahí, entre otros factores, la necesidad de profundizar en el debate abierto sobre la banalización de la ficción literaria.

Concurre hoy una variante de ese debate que no es ajena a la literatura y, sin embargo, parece carecer de interlocutores claros en el ámbito literario. Afecta a un alto número de excelentes escritores jóvenes que no consiguen publicar. Incluso muchos escritores consagrados gracias a la grandeza de sus obras suelen intervenir poco o nada en el tema. El panorama no puede ser más desolador: la dificultad de encontrar una editorial, el ánimo de lucro encubierto de editoriales que publican manuscritos a precio de oro y ni siquiera colaboran en la posterior distribución de los libros, concursos literarios manipulados por camarillas, amiguismo y exclusiones sectarias, ausencia de promoción y uso de zancadillas, toma de decisiones por parte de personajes no pertenecientes al espacio literario y silencio
de los medios…

No vale decir que si una obra es buena termina viendo la luz. Mentira. Me parece, además, una impostura suponer que los escritores jóvenes que no logran publicar deben contentarse con el ejercicio de la escritura, casi tan sagrada para su vida como el hecho de respirar.


viernes, 30 de marzo de 2018

ADOCTRINAMIENTO



Asisto con horror al espectáculo protagonizado por quienes defienden la ideologización del arte y, en concreto, de la literatura. El alcance práctico de esta defensa incluye el adoctrinamiento de los lectores como cometido de la ficción literaria. Una idea descabellada que me ha recordado la lamentable anécdota que sufrió J.M. Coetzee tras haber visto la luz su novela Hombre lento. Se la contó a Paul Auster durante uno de los intercambios virtuales entre ambos en Aquí y ahora.

Coetzee recibió una carta ofensiva de una lectora inglesa muy enfadada. Ella lo critica duramente por insultos antisemitas gratuitos contenidos en dos páginas de la novela. “Su referencia a los judíos”, le escribe, “hecha de forma tan despectiva no añade nada valioso a la historia, y en mi opinión está de más.” No contenta con sus juicios, finaliza su carta diciendo que las injurias antisemitas invalidan toda la novela.

Coetzee ha escrito, dice Paul Auster, una novela y no un panfleto sobre comportamiento ético. Además, los comentarios desdeñosos sobre los judíos, por no hablar de antisemitismo declarado, forman parte del mundo que vivimos, añade. ¿Acaso tienen que coincidir el autor y los personajes en sus opiniones?

La mujer, de acuerdo con los partidarios de ideologizar la literatura, parece no saber que la ficción, como escribió hace poco Enrique Vila-Matas, es otra forma de pensar y que los escritores se olvidan a sí mismos cada vez que escriben una obra literaria. Porque dan voz imparcial a los diversos pensamientos y a las más antitéticas pasiones, su perspectiva intenta abarcar los trescientos sesenta grados. Ni se inmiscuyen en las creencias y sentimientos de los personajes, ni eligen ideológicamente entre voces encontradas.

Ficción es ficción, escribió Nabokov, para quien calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. ¿Cómo reaccionaría este escritor si pudiera levantarse de su tumba y escuchara los discursos moralistas y adoctrinadores en torno a su novela Lolita, obra maestra de la literatura?


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.




'LA FIESTA DEL TEDIO', ENTRE LAS NOVELAS FINALISTAS DEL IV PREMIO INTERNACIONAL DE NARRATIVA «NOVELAS EJEMPLARES»





 Mi novela La fiesta del tedio, un homenaje a Clarice Lispector, entre las finalistas del Premio.



FALLO DEL IV PREMIO INTERNACIONAL DE NARRATIVA "NOVELAS EJEMPLARES"  (Para ver todo pinchar en el enlace)




Un jurado compuesto por:

Alberto 
de Frutos Dávalos (Ganador del Premio Novelas Ejemplares 2017), Gema Areta Marigó (España), Ángela Poza Fresnillo (España), José Prats Sariol (Cuba), María Rubio Martín (en representación de la Facultad de Letras) y Luis Rafael(en representación de Ed. Verbum),


ha seleccionado, entre las 576 novelas recibidas de todo el ámbito iberoamericanolas siguientes finalistas:


 El señor Gro y la hija de la viuda Stern, de Javier Ramos


 El prestamista, de Gonzalo Calcedo


 La fiesta del tedio, de Elisa Rodríguez Court


 Protocolo48, de Gloria Macher


 Valdemar 71, de José Manuel Begines Hormigo



Y decide otorgar el IV Premio Internacional de Narrativa

“Novelas Ejemplares”- Facultad de Letras, 2018, en homenaje a Miguel de
Cervantes, a la obra:

El señor Gro y la hija de la viuda Stern, de Javier Ramos


La obra El señor Gro y la hija de la viuda Stern, de Javier Ramos, 

propone una notable degustación del lenguaje desde una conciencia
lingüística que es la que sostiene el relato. Las palabras sirven a la
acción: son palabras actantes. Novela de signos y señales, gracias
al adecuado empleo de la prosa lírica; acerca al lector a una 
iluminación poética que va perfilando a sus personajes con pinceladas
de sueño. Osado, reacio a las convenciones, el autor reinventa el mar,
el cielo, los libros o las rosas con un lenguaje rico en asociaciones y 
símbolos. Sus cinco partes son cinco actos de excelente ritmo.Tiene
algo del dibujante Tomm Moore y de la lírica inocencia de El principitoy
restituye a la literatura el poder de generar mitos.
El Jurado del Premio IV Premio Internacional de Narrativa
“Novelas Ejemplares”- Facultad de Letras, en homenaje a
Miguel de Cervantes, desea dejar constancia de que las obras
finalistas tienen, asimismo, calidad e interés, y recomienda
su publicación.

En Ciudad Real, a 28 de marzo de 2018.


sábado, 17 de marzo de 2018

VALOR Y MIEDO



Un amigo me habló de una joven que a sus dieciocho años se largó de su casa con lo puesto para emprender una nueva vida en otro país. No sabría decir, comentó, enterado del carácter violento del padre de la joven, si el valor motivó la marcha de la chica o fue el miedo. A raíz de su comentario, se reactivó en mi mente el recuerdo parcial de un cuento cuya fuente literaria he olvidado. Conservo en mi memoria solo el recuerdo de la primera escena: una mujer, que no acostumbra a salir de casa, se arrastra sin rumbo por la ciudad oscura sobre la que se cierne una tormenta implacable. ¿O se trata solo de una lluvia fuerte que, porque es de noche y las calles están casi vacías, la mujer aterrada convierte en una tempestad? No lo sé. Me interesa, sin embargo, la experiencia interior de la mujer. A veces basta sentirse frágil para hacer del paisaje un lugar desolador.

La mujer, empapada y con el pelo chorreante, se angustia viendo colarse el agua en los edificios y las tiendas cerradas a cal y canto. El agua embarrada le alcanza media pierna. Los coches se han detenido con sus motores apagados. Ni rastro de un taxi para regresar a casa, su nido de protección y bienestar. Camina y camina a toda prisa, desnortada.
 Fuera de su refugio se siente vulnerable, del todo desprotegida. Oye de repente la voz de alguien que, radiante bajo una marquesina, exclama: “¡Menudo valor, señora!”

A menudo se confunden coraje y miedo, concluyó el amigo que me habló de la joven fugada. No parece extraño que sus palabras despertaran en mí el recuerdo de la mujer del cuento abriéndose paso entre las tinieblas. Al fin y al cabo, los lectores activos nos hemos habituado a un trasvase del material de la realidad a la ficción, y viceversa. ¿Acaso la literatura no es una hipótesis de vida tan real como la que se vive fuera de los libros?


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.