martes, 14 de mayo de 2019

JUAN-MANUEL GARCÍA RAMOS ESCRIBE SOBRE `LA FIESTA DEL TEDIO´




FUENTE: LA PROVINCIA. SUPLEMENTO DE CULTURA.


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Del sentir y del decir

Elisa Rodríguez Court publica 'La fiesta del tedio', novela metaliteraria donde un hombre y una mujer comparten la obsesión lectora por Clarice Lispector

11.05.2019 | 00:29
Del sentir y del decir
En 2012, Elisa Rodríguez Court sorprendió a sus lectores con una novela extraña, metaliteraria, donde lo que se venía a cuestionar era la misma posibilidad de la literatura, esa tensión que siempre se da entre sentir y decir. Decir noche era un diálogo fecundo de la narradora, Beatriz, cuya vida intemporal transcurre en un jardín de estatuas sin ojos, con otros muchos escritores que ella ve, aunque su figura permanezca invisible para los demás, y que entran y salen de la narración para aportar sus testimonios al debate iniciado por Philipp Chandos, debate en el que también interviene, de manera insistente, Emily Dickinson, encerrada en su cuarto, pero con una ventana que da al tan traído y llevado jardín de las efigies ciegas, lo que le permitirá a la narradora convertir a la poeta estadounidense, casi inédita en vida, en la vecina más cercana del atribulado Philipp Chandos y en su virtual interlocutora.
En 2019, Elisa Rodríguez Court regresa con otra entrega no desvinculada del anterior ejercicio literario para demostrarnos la fecundidad de su duda epistemológica: ¿se puede decir en su totalidad todo aquello sentido y pensado?
Esta vez otra narradora de mediana edad se dispone a escribir la historia de un amor frustrado con un hombre de su generación durante algunos meses en un chalet de las afueras de una población innominada. Esa narradora insiste una y otra vez a lo largo de su texto que trata de escribir en privado una "autobiografía disfrazada de autobiografía y antes me he vaciado de lágrimas" Y nos precisa los detalles de su trabajo: "Como quien se abstiene de comer determinado fruto, pero conserva su sabor en la memoria, yo escribo con el recuerdo de mi llanto".
Esa mujer y ese hombre comparten una lectura casi obsesiva de la brasileña de origen ucraniano Clarice Lispector. Su novela La pasión según G.H., publicada por primera vez en 1964, donde Lispector confiesa, en una búsqueda desesperada de identidad y mediante un monólogo absorbente que lo indecible solo le será dado a través del lenguaje.
Y es al lenguaje, a la verbalización, a lo que se agarra la narradora de esta novela de Rodríguez Court para valorar el sentido de ese amor compartido que poco a poco ha ido saltando por los aires. Un minucioso ejercicio de introspección acompañado de una tonalidad expresiva que solo parece inventariar la sorpresa y también la nostalgia de lo sucedido entre esos dos seres unidos por la pasión lectora (Foucault, Barthes, Deleuze, Kafka, Wallace el estadounidense, Duras, Juarroz?) y el destello de una atracción que ambos reconocen extinguida.
Las páginas de esta novela de Rodríguez Court no relatan sino ese suceso, por otra parte tan convencional: una mujer y un hombre se enamoran y se desenamoran, y es ella la que se ocupa de dar cuenta del asunto. Pero es en el esfuerzo por detallarnos todos los estados del alma activados en esa relación ya rota donde se encuentra la vitalidad y la trascendencia de la obra. En el estilo.
La narradora de La fiesta del tedio (Islas Canarias, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Colección Agustín Espinosa, 2019) así lo reconoce en una discusión literaria con su amante: "Lo más importante en literatura es el estilo, capaz de mover montañas". Y en la capacidad expresiva de Rodríguez Court está la clave de esa fiesta del tedio. En mantener una tonalidad persuasiva sobre sabidurías, emociones, sensaciones, sensibilidades, instintos, obsesiones, sufrimientos y dichas, errores y terrores, que todavía no han alcanzado su condición lingüística, como ya sucediera en su obra anterior, a la que se alude dentro de La fiesta del tedio (página 105).
Noam Chomsky ha afirmado desde su talento intelectual y desde la contundencia de sus juicios que el lenguaje para él es una capacidad cognitiva del ser humano, depende de la capacidad innata de la mente humana. Pero hay personas que se expresan con unos cientos de palabras y hay otras capaces de poner en funcionamiento todo el caudal de enunciados que poseemos para registrar la complejidad de la vida humana.
Rodríguez Court ha hecho en La fiesta del tedio un derroche de facultades lingüísticas sin caer nunca en la facilidad del erotismo ni de las tramas negras, ahora tan en boga, para demostrarnos con una madurez cada vez más asentada que todavía podemos seguir amando a la literatura como experiencia límite de todo lo que el lenguaje humano puede llegar a descubrirnos sobre la tristeza y la grandeza de nuestra existencia. Estas son las palabras con las que cierra su novela: "Me pregunto también si en realidad escribo esta autobiografía disfrazada de autobiografía para que las horas pasen con rapidez porque me siento incapaz de emprender una nueva vida?"



GUERRA Y TREMENTINA





El mundo puede estarse desmoronando y la vida busca su hueco para abrirse camino entre las ruinas. Eso pensé mientras leía Guerra y trementina, novela de Stefan Hertmans. La existencia del protagonista estuvo marcada por las tragedias del siglo XX en Europa. Fue lanzado muchas veces a los leones en el frente de las guerras, asistiendo en primera línea al horror.

En una de las habituales batallas feroces obligan los oficiales a los soldados ya derrengados, conmocionados y aturdidos a meterse en las improvisadas trincheras y no moverse hasta nueva orden. Deben esperar la retirada del enemigo, cuyas fuerzas son superiores. Anochece y acaban acomodándose en la tierra como pueden, cuenta el protagonista de la novela, recién estrenado en su juventud.

Duermen en el barro; unos de pie, apoyados en el fusil, otros en postura fetal. El joven se acuerda de pronto, no sabe por qué, de una joven desconocida a la que descubrió una tarde saliendo desnuda del agua de una charca. Su piel suave y blanca brilla ahora ante sus ojos con una luz intensa en la oscuridad. ¿Cómo se explica ese misterio por el cual vemos luz y vida en nuestros sueños cuando todo está oscuro a nuestro alrededor?, se pregunta.

Crece su ansiedad. El deseo se apodera de su cuerpo, dice, y el demonio del placer solitario le echa sus garras al cuello. En la trinchera oye de vez en cuando roces rítmicos sobre un tejido. Sabe lo que significan. Arrastrado por su imaginación y sin tiempo para tocarse, eyacula finalmente en su pantalón del ejército. Ahí, acosados por el enemigo en ese infierno de barro y muerte del que ya han huido hasta los animales del paraíso, él experimenta una indecible sensación de calor dichoso.                           
       



FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.




`LA FIESTA DEL TEDIO´ EN ´LOS CUADERNOS DE VOGLI´





             FUENTE: LOS CUADERNOS DE VOGLI, BLOG DE RICARDO REQUES.




martes, 7 de mayo de 2019

SOBRE 'LA FIESTA DEL TEDIO´, POR JOSÉ MIGUEL JUNCO




José Miguel Junco escribe en su blog NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO sobre La fiesta del tedio:



NOTAS SOBRE LA FIESTA DEL TEDIO DE ELISA RODRÍGUEZ COURT


Tras una ruptura amorosa, aún con las secuelas del naufragio, en una habitación blanca una mujer  “coge el tiempo en sus manos” y reflexiona sobre lo ocurrido.

La fiesta del tedio, tercera novela de Elisa Rodríguez Court, no es, sin embargo, una narración lineal. La ruptura de la relación amorosa no es sino el pretexto del que se vale la autora para de manera fragmentaria conjeturar sobre la vida misma.

Supe y no supe lo que iba a ocurrir. Me he dado cuenta después de tomar el tiempo en mis manos. La narradora, que es a la vez uno de los dos personajes principales de la obra, va refiriendo en primera persona aspectos de la relación ahora rota. No para saldar cuentas, no para justificarse, sino más bien como un ejercicio de recomposición personal que le permita “coger aire” para seguir.

A lo largo de la novela, el otro miembro de la pareja es interpelado constantemente. Alusiones y diálogos en diferido que sirven de ejemplificación a la hora de encarar sentimientos y sensaciones que sobrepasan la relación en sí.

Él y yo nos miramos un instante mientras los demás se quitan la palabra. En ese cruce de miradas me parece que se concentra la comunicabilidad de dos soledades”. El fantasma de la soledad que conduce a la búsqueda de un modo de conjurarla pese al presentimiento de que tampoco esta vez resultará.

Un espacio constreñido, casi claustrofóbico, una habitación blanca, es el marco en que tiene lugar el ejercicio de reflexión y recomposición antes señalado:

Todo blanco y en silencio, como un aviso de la vida que transcurre para cesar.

Un proceso tan necesario como doloroso a través del cual se van diseccionando las distintas etapas de la relación. Desde unos inicios prometedores a la aparición de los primeros síntomas de resquebrajamiento con una fase final que se prolonga pese a la evidencia de que la ruptura es ya irreversible.

En la etapa inicial descubrimos cómo el arte, en concreto la literatura, será un punto de unión y fortalecimiento en la relación de la pareja. Ambos comparten la afición por la lectura y ambos son lectores empedernidos para los que la literatura no es únicamente un entretenimiento sino algo trascendental en su manera de entender la vida.

Cuánto tiempo dedicado a la lectura durante aquellos meses. Cuántas conversaciones en torno a la literatura, epicentro del amor y asimismo de lo que vino después, creo. No niego que él fue para mí un gran maestro…Leo y escribo para mí, en privado. Un sinfín de escritores me acompaña en este trayecto ciego. Sin ellos estaría aún más sola.

Una característica en la obra de la autora es, al igual que ocurre con Roberto Bolaño, Enrique Vila-Matas o Ricardo Piglia, la de hacer de la literatura un elemento esencial en el proceso creativo. Por eso, no es extraño que en la novela los diferentes tempos de la relación estén jalonados por alusiones a autores y pasajes concretos de sus  obras. Entre esos autores sobresale la figura de la escritora brasileña Clarice Lispector a cuya memoria está dedicada el libro.

Esta característica “la heredará” la narradora que declara su firme y decidida apuesta por una lectura activa, intertextual y vinculante.

Procuro ayudarme de un cuaderno donde anoto citas robadas de los libros. Me inspiro en ellas. A veces las uso y no menciono sus fuentes. Va siendo hora de cobrarles, como lectora empedernida que soy, algún peaje a los escritores. ¿Qué sería de sus obras si no existiera la figura del lector? El autor, además, muere cuando nace el lector.

Dos posturas se contraponen entre los miembros de la pareja. A ella le molesta que él trate de mitificar el inevitable fracaso para justificar su inacción  y atonía. Le parece que teoriza sobre el mismo para, de algún modo, darle un sentido heroico  a su pasividad.

Este hecho, que en los inicios de la relación no parece representar un impedimento, se irá manifestando como crucial en el paulatino deterioro  de la convivencia. Lo que inicialmente el enamoramiento “perdona” terminará por pasar factura.

Quería vivir en lo atonal. Eso dijo. Se expresaba con frecuencia de una manera bastante críptica. ¿Has leído, me preguntó, La pasión según G.H.? Debió de percibir cierta extrañeza en mi cara. Sí, chica, de Clarice Lispector. Te gustará. Me habló de esta escritora brasileña que yo aún no conocía.

Esto es significativo porque la relación de poder que se establece al principio, en la que uno hace de Pigmalión y la otra de aprendiz, irá dando paso a otra en la que la admiración es sustituida por el rencor, la burla o la ironía.

Las discusiones se sucedieron solo en contadas ocasiones, casi siempre por tonterías, durante los primeros meses. Al principio, nunca. El rencor que experimenté al cabo del tiempo hacia su persona era del todo injustificado y, sin embargo, superior a mis fuerzas.

El intento de mitificar el fracaso dándole un sentido cuasi épico contrastará con la visión de la narradora que, asumiendo su inevitabilidad, rechaza la interesada teorización de su pareja.

El fracaso era para él una forma de heroísmo. ¿Crees que es fácil fracasar? preguntó. De ningún modo, dijo, negando con el dedo índice, y continuó con su razonamiento. Supone un trabajo enorme. Hay que esforzarse antes por subir y subir la montaña hasta alcanzar una muy considerable altura. Entonces, solo entonces, se entrega uno a la caída. Expresé mi discrepancia con sus apreciaciones. Consideré muy esquemática su idea del fracaso y se molestó un poco.

En realidad, él ha ido adaptando interesadamente el sentido real de las obras de Clarice Lispector a sus necesidades. Ella lo irá descubriendo en la medida en que se vaya adentrando en la lectura y conocimiento de las obras más relevantes de la autora brasileña.

Clarice Lispector no niega, sin embargo, el anhelo. Despersonalizarse supone para ella una pérdida de los elementos innecesarios, a la vez que un modo de afrontar con lucidez y valentía el abismo. La renuncia es una revelación y la esperanza se cumple a cada instante, escribió esta escritora que amaba un renovado contacto con la vida.

No faltan las consideraciones autocríticas en ese duro ejercicio de inmersión.

En este lugar donde me hallo puedo diseccionar a voluntad cualquier vivencia. No pongo en duda el carácter dudoso de mis recuerdos. ¿Quién escribió que la memoria se comporta a menudo como un perro estúpido al que le lanzas un palo y te trae otra cosa? La mía es un perro salvaje que no atiende al lanzamiento del palo y exige carne cruda y sangre caliente.

Un estilo sobrio, un lenguaje exento de preciosismos, una modo de decir que huyendo  de lo lineal apuesta por un enfoque fragmentario, son algunos de los recursos de los que se vale la autora para presentarnos este viaje introspectivo, de búsqueda y recomposición en el que la propia literatura se erige en protagonista.

Un  viaje hacia los mundos interiores, hacia esas zonas en las que habitan los fantasmas de la soledad, la fragilidad, el temor, el tedio…Tal vez con la convicción de que al verbalizarlos sus efectos se atenúan. Un viaje de evocación y redención que se emprende en la compañía de un sinfín de escritores que de alguna manera mitigan el sentimiento de soledad que embarga a la narradora en la habitación blanca donde rememora lo que fue La fiesta del tedio.



FUENTE:  NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO



lunes, 6 de mayo de 2019

ESTA BRUMA INSENSATA, DE ENRIQUE VILA-MATAS





El infinito, tal como lo imaginamos, no es mucho más grande que una nuez, dice con ironía el narrador de Esta bruma insensata, la novela de Enrique Vila-Matas que acaba de ver la luz. Encerrado en su pequeña cáscara de nuez, se divierte sintiéndose rey del espacio libre de límites. Así también he imaginado a Vila-Matas, pasándoselo en grande mientras escribía su nuevo libro desbordante de humor inteligente.

Con absoluta libertad, propia de un escritor más que consolidado en su inconfundible estilo, escribe ficción desde casi fuera del mundo. Dicho de otra manera, en Esta bruma insensata mira el mundo como una broma infinita donde reinan figuras vacilantes: dudosas sombras que se mueven bajo un manto de bruma, símbolo, quizá, del carácter huidizo e inacabado, cuando no meramente potencial, de la realidad. Entre las sombras se confunden las fantasmales siluetas móviles que se muestran en su energía de ausencia inextinguible.

Frente a la tiranía de la razón prefabricada y las falsas certezas hace estallar Vila-Matas la insensata risa en las entrelíneas. Una risa de naturaleza muy seria que, lejos de seguirle la corriente a la lógica del sentido común, sacude a los lectores por el efecto inverso. Desubica lo que está demasiado en su lugar.

Para conseguir semejante resultado en la escritura se vale también Vila-Matas de la creación de ocurrentes conexiones entre diferentes planos de la realidad. En una misma frase pasa de lo más trascendente a lo más banal y viceversa, poniendo sus recursos literarios al servicio de una literatura que va más allá de los sentidos prefijados, se toma a sí misma como objeto de reflexión y propone una forma original de entender la creación literaria.




FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.



viernes, 19 de abril de 2019

MORIR SU MUERTE




Se cuenta que Franz Kafka, enfermo de tuberculosis, apenas podía comer en las últimas semanas antes de su muerte. Solo se comunicaba por escrito y su desesperado sufrimiento en el hospital le llevó a dejar una nota a su médico. "Máteme. De lo contrario es usted un asesino", escribió.

Ha corrido tinta y tiempo desde ese día de junio del año 1924 y, sin embargo, la controversia en torno a la eutanasia continúa abierta. Se defiende el derecho a una vida digna, pero se suele descartar el derecho a morir dignamente. Además, no está permitido elegir el momento en que se desea el personal acabamiento, sea en la enfermedad o en la salud. Expresada la anterior idea de diferente forma, el derecho al suicidio asistido forma parte, me parece, del derecho a la toma de decisiones sobre la propia vida hasta el último suspiro. Las personas no eligen nacer. ¿Por qué imponerles entonces la obligación de prolongar la existencia?

“Señor, concede a cada cual su propia muerte”, escribió el poeta Rainer Maria Rilke. Tal vez conociera las palabras de Séneca pronunciadas en torno al año 5 a.C. El pensador romano dijo: "morire sua morte", –morir su muerte–, en alusión al deseo de correspondencia entre el modo de vida y la manera de consumarla.

 Nadie escapa al golpe final de la muerte. Mientras no se produzca, todos deberíamos, creo, tener el derecho a morir de acuerdo a las convicciones particulares y al privativo estilo de vida. También disponer de la posibilidad de cometer un suicidio en condiciones dignas cuando se vive en un infierno y se siente que la vida pasa de largo. Acabar con la propia existencia de forma voluntaria alivia y no mata a los demás.




lunes, 1 de abril de 2019

´5´, LIBRO DE SERGIO CHEJFEC




Sergio Chejfec es un maestro en imaginar vidas que no se rijan solo por lo manifiesto. No parece entonces extraño que los protagonistas de su obra suelan moverse a tientas en fragmentos inestables de un mundo que se supone indeterminado y aleatorio. Así ocurre también en su último libro, 5, recién publicado en una hermosa edición por Jekill & Jill. Contiene dos textos de ficción literaria diferentes entre sí, aunque ambos guardan relación con las vivencias que le aportó a Sergio Chejfec su estancia como invitado en una residencia de escritores durante ocho semanas.

 La residencia está situada en una pequeña ciudad marítima que se presenta abstracta y fantasmal ante sus ojos, tal vez bastante parecida a como el escritor recién llegado a la residencia experimenta la noche. Se asoma por primera vez al balcón y la oscuridad carente de acción, ruidos y colores diurnos le resulta más legible que la claridad del día. Porque no conoce todavía el entorno, la mirada se anticipa a construirlo.

Sergio Chejfec parece referirse en 5 a la naturaleza hipotética y huidiza de un mundo imposible de ser abarcado como unidad, en cuyos escenarios suceden acontecimientos que se vinculan antes a un espacio que a una cadena temporal. De ahí el significativo lugar que ocupa en su libro la descripción del entorno perceptible, a través de la que se narran las experiencias y sus modificaciones.

Las circunstancias son, pues, decisivas. Crean realidades y verdades. También por eso, quizá, los protagonistas de 5 dicen y a continuación se desdicen, así como son capaces de mantener dos ideas contrarias a la vez sin que se contradigan, cuestión que Sergio Chejfec logra con maestría. Un motivo que se añade a mi admiración por su obra.



FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.



sábado, 16 de marzo de 2019

RÉPLICAS



Navegar con Google Maps puede convertirse en una experiencia curiosa cuando los navegantes pasean la mirada por su entorno habitual. Estos mapas digitales permiten trasladarse con los ojos de un lado a otro de la propia ciudad, del barrio, de una calle o una plaza y ver desde arriba y desde los costados. Ante la pantalla aparecen, como por arte de magia, la plazoleta, la panadería, el supermercado, el bar y el estanco de siempre.

Se puede, además, fijar la vista en la casa donde se vive y hacer zoom sobre el portal, algunos detalles de la fachada o el piso que se habita. Qué rara sensación en el momento en que se descubre la ventana detrás de cuyos cristales estamos sentados, navegando justo en ese instante. Nos puede parecer que estamos mirándonos a nosotros mismos desde el exterior. Se produce así una especie de desdoblamiento. Nos hallamos fuera y dentro en una existencia paralela.

El desplazamiento en Google Maps por los alrededores de la propia vivienda puede resultar no solo extraño, sino también inquietante. Reconocemos los objetos físicos, blanco de la mirada, y sentimos familiar el entorno. Sin embargo, la realidad se presenta inmóvil, como si hubiera quedado interrumpida de repente. Los vehículos detenidos irremisiblemente en plena circulación y la gente, estatuas exhibiendo su último gesto, parecen dar testimonio de la vida del todo suspendida.

Cualquier navegante de Google Maps podría sentirse de pronto en un mundo que, porque ha desaparecido, ya no le pertenece. Creerse quizá el único superviviente de un universo fantasmagórico.  O tal vez considerar, mientras navega por los lugares conocidos, que la realidad exterior no es sino una vaga réplica de aquello que los mapas muestran.




FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.