miércoles, 31 de julio de 2019

'LOS OJOS VERDES', DE MARGUERITE DURAS. FRAGMENTO.



La nieta de una mujer que tuvo en el pasado remoto cierta amistad con Marguerite Duras le escribe a esta una carta invitándola a la charla que dará su abuela, de 89 años, en la residencia de ancianos donde vive. La escritora no le responde y recibe al cabo una carta de la anciana:

Señora:

Tiene usted razón al permanecer silenciosa. A través de la joven que yo fui, su fantasía ha creado una imagen ficticia que conserva su encanto precisamente gracias a este anonimato misterioso que hay que preservar. Yo misma (...) no quise leer su libro ni ver su película. Discreciones de recuerdos, de impresiones, que conservan su valor quedándose en la sombra, en la conciencia de lo real hecho irreal.

Con mis mejores deseos.

(en LOS OJOS VERDES. Marguerite Duras. Ediciones Paradigma. Traducción de Chantal Delmas.)



domingo, 14 de julio de 2019

EXPERIENCIAS INTERIORES



No sé diría, desde afuera, hasta tal punto la carne parece firme y serena, la cabeza sólida y compacta, la mirada uniforme y sin expresión, que por dentro (del cuerpo de ella) una muchedumbre de imágenes, de latidos, de pulsaciones, lo atraviesan, continuos, como una piedra que cuando se la da vuelta deja ver el grumo efervescente de un hormiguero.

             
                  JUAN JOSÉ  SAER.-



(en NADIE NADA NUNCA. Editorial Rayo Verde.)


jueves, 11 de julio de 2019

LA VERDAD DE LA FICCIÓN. JUAN JOSÉ SAER.



No se escriben ficciones para eludir, por inmadurez o irresponsabilidad, los rigores que exige el tratamiento de la "verdad", sino justamente para poner en evidencia el carácter complejo de la situación, carácter complejo del que el tratamiento limitado a lo verificable implica una reducción abusiva y un empobrecimiento. Al dar un salto hacia lo inverificable, la ficción multiplica al infinito las posibilidades de tratamiento. No vuelve la espalda a una supuesta realidad objetiva: muy por el contrario, se sumerge en su turbulencia, desdeñando la actitud ingenua que consiste en pretender saber de antemano cómo esa realidad está hecha.

           
                    JUAN JOSÉ SAER.-



( en EL CONCEPTO DE FICCIÓN. Editorial Rayo Verde.)

martes, 9 de julio de 2019

JUAN JOSÉ SAER. EL CONCEPTO DE FICCIÓN. FRAGMENTO.


Pensar y actuar no consiste en superponer capas planas de realidad y cortar lo que sobresale, hasta darle al mundo la forma de nuestros fantasmas, sino en aceptar su diversidad y su amenaza, aunque al contacto de su ardor nuestra omnipotencia quede chamuscada.
         
           JUAN JOSÉ SAER.-


(en EL CONCEPTO DE FICCIÓN. Editorial Rayo Verde.)





domingo, 7 de julio de 2019

NADIE NADA NUNCA. JUAN JOSÉ SAER.



La ciudad argentina está desierta en febrero, "mes irreal" de calor sofocante tan parecido al agosto irreal europeo. Ni un alma en las calles.

"Muchos se preguntan, bromeando (pero ya se sabe lo que las bromas pueden llegar a significar), si no se trata lisa y llanamente del fin del mundo.(...)
El escepticismo ante la posibilidad del fin del mundo se basa exclusivamente en el concepto de experiencia; porque no hubo fin del mundo hasta ayer, ni hasta esta mañana, no lo habrá en este momento, ni mañana a la mañana."

                   
              JUAN JOSÉ SAER.


(en NADIE NADA NUNCA. Editorial Rayo Verde.)


miércoles, 3 de julio de 2019

EL CAMINO QUE ANDA DESPACIO. RICARDO PIGLIA.



Un puente es un hombre cruzando un puente, recordé que escribió Cortázar en uno de sus libros cuando leí en los Diarios de Emilio Renzi (Ricardo Piglia) sobre las tranquilas aguas de un río tan lento que los lugareños lo llaman

"el camino que anda despacio".

Ajeno, pensé, a cualquier afán de los mortales.


EL CONCEPTO DE FICCIÓN. JUAN JOSÉ SAER.



Ser comunista. Ser liberal. Ser individualista. Para el que escribe, asumir esas etiquetas, no es más esencial, en lo referente a lo específico de su trabajo, que hacerse socio de un club de fútbol o miembro de una asociación gastronómica. (...)

A priori, el escritor no es nada, nadie, situación que a decir verdad, metafísicamente hablando, comparte con los demás hombres, de los que lo diferencia, en tanto que escritor, un simple detalle (...): si para los demás la construcción de la existencia reside en rellenar esa ausencia de contenido con diversas imágenes sociales, para el escritor todo el asunto consiste en preservarla (...). Se aborda el mundo a partir de cero.

                                                     

                                       JUAN JOSÉ SAER.-




(en EL CONCEPTO DE FICCIÓN. Editorial Rayo Verde.)




martes, 14 de mayo de 2019

JUAN-MANUEL GARCÍA RAMOS ESCRIBE SOBRE `LA FIESTA DEL TEDIO´




FUENTE: LA PROVINCIA. SUPLEMENTO DE CULTURA.


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Del sentir y del decir

Elisa Rodríguez Court publica 'La fiesta del tedio', novela metaliteraria donde un hombre y una mujer comparten la obsesión lectora por Clarice Lispector

11.05.2019 | 00:29
Del sentir y del decir
En 2012, Elisa Rodríguez Court sorprendió a sus lectores con una novela extraña, metaliteraria, donde lo que se venía a cuestionar era la misma posibilidad de la literatura, esa tensión que siempre se da entre sentir y decir. Decir noche era un diálogo fecundo de la narradora, Beatriz, cuya vida intemporal transcurre en un jardín de estatuas sin ojos, con otros muchos escritores que ella ve, aunque su figura permanezca invisible para los demás, y que entran y salen de la narración para aportar sus testimonios al debate iniciado por Philipp Chandos, debate en el que también interviene, de manera insistente, Emily Dickinson, encerrada en su cuarto, pero con una ventana que da al tan traído y llevado jardín de las efigies ciegas, lo que le permitirá a la narradora convertir a la poeta estadounidense, casi inédita en vida, en la vecina más cercana del atribulado Philipp Chandos y en su virtual interlocutora.
En 2019, Elisa Rodríguez Court regresa con otra entrega no desvinculada del anterior ejercicio literario para demostrarnos la fecundidad de su duda epistemológica: ¿se puede decir en su totalidad todo aquello sentido y pensado?
Esta vez otra narradora de mediana edad se dispone a escribir la historia de un amor frustrado con un hombre de su generación durante algunos meses en un chalet de las afueras de una población innominada. Esa narradora insiste una y otra vez a lo largo de su texto que trata de escribir en privado una "autobiografía disfrazada de autobiografía y antes me he vaciado de lágrimas" Y nos precisa los detalles de su trabajo: "Como quien se abstiene de comer determinado fruto, pero conserva su sabor en la memoria, yo escribo con el recuerdo de mi llanto".
Esa mujer y ese hombre comparten una lectura casi obsesiva de la brasileña de origen ucraniano Clarice Lispector. Su novela La pasión según G.H., publicada por primera vez en 1964, donde Lispector confiesa, en una búsqueda desesperada de identidad y mediante un monólogo absorbente que lo indecible solo le será dado a través del lenguaje.
Y es al lenguaje, a la verbalización, a lo que se agarra la narradora de esta novela de Rodríguez Court para valorar el sentido de ese amor compartido que poco a poco ha ido saltando por los aires. Un minucioso ejercicio de introspección acompañado de una tonalidad expresiva que solo parece inventariar la sorpresa y también la nostalgia de lo sucedido entre esos dos seres unidos por la pasión lectora (Foucault, Barthes, Deleuze, Kafka, Wallace el estadounidense, Duras, Juarroz?) y el destello de una atracción que ambos reconocen extinguida.
Las páginas de esta novela de Rodríguez Court no relatan sino ese suceso, por otra parte tan convencional: una mujer y un hombre se enamoran y se desenamoran, y es ella la que se ocupa de dar cuenta del asunto. Pero es en el esfuerzo por detallarnos todos los estados del alma activados en esa relación ya rota donde se encuentra la vitalidad y la trascendencia de la obra. En el estilo.
La narradora de La fiesta del tedio (Islas Canarias, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Colección Agustín Espinosa, 2019) así lo reconoce en una discusión literaria con su amante: "Lo más importante en literatura es el estilo, capaz de mover montañas". Y en la capacidad expresiva de Rodríguez Court está la clave de esa fiesta del tedio. En mantener una tonalidad persuasiva sobre sabidurías, emociones, sensaciones, sensibilidades, instintos, obsesiones, sufrimientos y dichas, errores y terrores, que todavía no han alcanzado su condición lingüística, como ya sucediera en su obra anterior, a la que se alude dentro de La fiesta del tedio (página 105).
Noam Chomsky ha afirmado desde su talento intelectual y desde la contundencia de sus juicios que el lenguaje para él es una capacidad cognitiva del ser humano, depende de la capacidad innata de la mente humana. Pero hay personas que se expresan con unos cientos de palabras y hay otras capaces de poner en funcionamiento todo el caudal de enunciados que poseemos para registrar la complejidad de la vida humana.
Rodríguez Court ha hecho en La fiesta del tedio un derroche de facultades lingüísticas sin caer nunca en la facilidad del erotismo ni de las tramas negras, ahora tan en boga, para demostrarnos con una madurez cada vez más asentada que todavía podemos seguir amando a la literatura como experiencia límite de todo lo que el lenguaje humano puede llegar a descubrirnos sobre la tristeza y la grandeza de nuestra existencia. Estas son las palabras con las que cierra su novela: "Me pregunto también si en realidad escribo esta autobiografía disfrazada de autobiografía para que las horas pasen con rapidez porque me siento incapaz de emprender una nueva vida?"



GUERRA Y TREMENTINA





El mundo puede estarse desmoronando y la vida busca su hueco para abrirse camino entre las ruinas. Eso pensé mientras leía Guerra y trementina, novela de Stefan Hertmans. La existencia del protagonista estuvo marcada por las tragedias del siglo XX en Europa. Fue lanzado muchas veces a los leones en el frente de las guerras, asistiendo en primera línea al horror.

En una de las habituales batallas feroces obligan los oficiales a los soldados ya derrengados, conmocionados y aturdidos a meterse en las improvisadas trincheras y no moverse hasta nueva orden. Deben esperar la retirada del enemigo, cuyas fuerzas son superiores. Anochece y acaban acomodándose en la tierra como pueden, cuenta el protagonista de la novela, recién estrenado en su juventud.

Duermen en el barro; unos de pie, apoyados en el fusil, otros en postura fetal. El joven se acuerda de pronto, no sabe por qué, de una joven desconocida a la que descubrió una tarde saliendo desnuda del agua de una charca. Su piel suave y blanca brilla ahora ante sus ojos con una luz intensa en la oscuridad. ¿Cómo se explica ese misterio por el cual vemos luz y vida en nuestros sueños cuando todo está oscuro a nuestro alrededor?, se pregunta.

Crece su ansiedad. El deseo se apodera de su cuerpo, dice, y el demonio del placer solitario le echa sus garras al cuello. En la trinchera oye de vez en cuando roces rítmicos sobre un tejido. Sabe lo que significan. Arrastrado por su imaginación y sin tiempo para tocarse, eyacula finalmente en su pantalón del ejército. Ahí, acosados por el enemigo en ese infierno de barro y muerte del que ya han huido hasta los animales del paraíso, él experimenta una indecible sensación de calor dichoso.                           
       



FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.




`LA FIESTA DEL TEDIO´ EN ´LOS CUADERNOS DE VOGLI´





             FUENTE: LOS CUADERNOS DE VOGLI, BLOG DE RICARDO REQUES.