martes, 1 de diciembre de 2015

SOLO






Solo
  es el título de un delicioso libro de August Strindberg, con enorme carga automitográfica, recién publicado por la editorial Mármara. Solo alude al estado de aislamiento en el que se encuentra el narrador, que decide alejarse del mundo y recluirse en casa. Estar solo es, sin embargo y sobre todo, su elección de la propia dieta espiritual. “Soy dueño de mi alma en aquellos casos en los que uno tiene algún derecho de serlo”, proclama este escritor. Encerrado en su cubículo o durante los paseos solitarios, se entrega de lleno a la literatura.

Apuesta por la soledad después de su regreso, tras diez años de ausencia, a su ciudad natal. Nada era ya entonces como antes, se sentía un desconocido entre sus antiguos amigos y ellos le eran igualmente desconocidos. ¡Con cuánta inquietante belleza narra los nuevos intereses ignorados que se interponían entre unos y otros, el silencio incómodo, las medias sonrisas con la intención de ocultar palabras no dichas, las frases vacías y la carencia de sustancia en las conversaciones, ese modo de desbordarse por asuntos domésticos y de terminar metido él, viudo, hasta las orejas en las intrascendencias familiares de los demás! Todos se habían vuelto mayores y el pasado estaba acabado. “El recuerdo no servía de nada. Habíamos olvidado los hechos y las palabras”, dice.

Muestra con crudeza no solo el desencuentro de personas que se pierden la pista durante años. Parece referirse al transcurso del tiempo y a la pérdida del porvenir, por la sencilla razón de que habían alcanzado ya ese futuro soñado. Carecían, además, de la capacidad de imaginar otro. ¿O tal vez no fueran capaces, o no tuvieran entusiasmo, o no quisieran darle algún sentido nuevo al presente?

Él lo encuentra en la experiencia de la creación literaria, que abarca la escritura y su reverso, la lectura. Lee libros y en sus paseos solitarios capta con la mirada de la ficción los detalles de la realidad. Ante su escritorio se vacía luego en la hoja en blanco. “Vivo, y vivo de forma múltiple, todas las vidas humanas que construyo”, escribe. Sabe bien, que, como escribió Ricardo Piglia, lo que podemos imaginar siempre existe, en otra escala, en otro tiempo, nítido y lejano, igual que en un sueño.


FUENTE: LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.



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