sábado, 26 de diciembre de 2015

INMORTALIDAD ALTERNATIVA





Mientras leía Sobre nada, libro de Mark Strand, me vino a la memoria una anécdota de la que habla Claudio Magris en El infinito viajar. Cuenta que Biagio Marin le dijo una vez a una niña que él era poeta y ella le respondió con tono de chanza: “Los poetas están muertos.” La pequeña debió de haber leído en la escuela versos de poetas ya fallecidos e inocentemente habrá  pensado que no había poetas vivos. Proclamó, sin saberlo, la muerte del autor. ¿O acaso la literatura no revela su valía cuando queda solo en manos de los lectores? Ajena a mediaciones expeditivas,  al ruido mediático y al afán fama y trascendencia del escritor, resplandece entonces libre y desinteresada.
 
Los poetas no deben preocuparse por su inmortalidad, escribe no sin cierta ironía Mark Strand en Sobre nada. Es más que probable que con ellos mueran sus poemas. De estos nadie más volverá a acordarse. Serán reemplazados por otros con un aspecto nuevo y con un lenguaje más contemporáneo. Mueren incluso poemas singulares, de forma progresiva en algunos casos, añade Strand. Pero la poesía continuará existiendo, con su contenido y sus temas constantes. En ese sentido podría darse lo que él llama una inmortalidad alternativa, esto es, menos brillante. “Todos sabemos que un poema puede influir en otros poemas, mantenerse vivo en ellos, de igual modo que en él viven unos poemas anteriores.”
 
Un poema triunfa del todo, por consiguiente, cuando fomenta su propia revisión y provoca su propia desaparición. De la misma manera se podría decir que los escritores alcanzan la inmortalidad, una vez muertos, cuando logran que se borren sus nombres. “¿Es esto”, sin embargo, “la inmortalidad o simplemente una forma resuelta de estar muerto”?, pregunta, de nuevo con ironía fina, Mark Strand. La literatura, parece querer decir, se basta a sí misma para alcanzar su reinado. No precisa de autores y el escritor muerto se gana un hueco propio disolviendo su voz en ella. Al fin y al cabo, el mundo ya está hecho, dicho y escrito. La literatura llega, por tanto, como de segunda mano. ¿Quién en medio del ancho palimpsesto literario está en el derecho de arrogarse la originalidad?


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.


 

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