viernes, 15 de marzo de 2013

EXPERIMENTOS CON LA VERDAD



El hombre perdió las gafas en su casa, pero por mucho que las buscó no dio con ellas. Fue al cabo de las horas cuando las encontró donde solía dejarlas habitualmente. Ahí descansaban a un lado del escritorio, quietecitas como la carta robada del cuento homónimo de Edgar Allan Poe. Un magnífico relato cuya lectura propongo a quienes no lo conozcan.
En verdad, es esta una recomendación que me habría gustado hacer en la columna que escribo sin tener que inventarme un sujeto que pierde sus gafas y las busca hasta descubrir que están donde siempre. Pero tan fácil no es intentar darle coherencia a un texto. De igual modo me parece difícil aterrizar ahora, como quiero, en la ilocalizable pintura de la que habla un relato de Paul Auster, incluido en su libro Experimentos con la verdad.
He de reconocer, llegado este momento, que mi único propósito en esta columna era compartir con los lectores, y no saber cómo, la curiosa anécdota polisémica que relata Auster al respecto. Porque en alguna medida me remitió a La carta robada, inventé la historieta de las gafas perdidas como excusa para llegar a Poe y desde ahí dar el último salto. (Continuar leyendo)


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