viernes, 16 de noviembre de 2012

´IRREDENTO', DE ÁLEX PORTERO ORTIGOSA


Irredento, libro de poemas de Álex Portero Ortigosa, se divide en tres capítulos interconectados: "Lo que fue", "Abismo" y "Vivo".
No parece casual la elección del título de estos apartados, puesto que somos  tiempo pretérito y la vida es un continuo salto al vacío. Vivir, parece querer decir Álex Portero en sus poemas, consiste, en última instancia, en repetidas caídas como ensayo de la última. Destino predeterminado desde el momento en que llegamos al mundo. Con otras palabras, el pasado indefinido - "Lo que fue"- se esconde siempre en las entrañas del presente - "Vivo"- mientras nos abrimos paso en la vida -"Abismo"-. Escribe Álex Portero en su poema "Perseides":

El secreto de las perseides:
un salto al vacío,
aunque sea una estrella quien lo realice,
siempre será una caída.
Perder,
brillar por última vez,
ser consumida por el fuego atávico,
marcar el camino de la nada.

Ser fugaz, es casi no ser.

Los deseos que se piden a las estrellas fugaces
arden con ellas.
Soportadlo.

Álex Portero mira de lleno a la vida y su reverso: la muerte. Por eso escribe también en su poema "El caballero verde":

Una bandera negra ondea clavada en el centro exacto de mi corazón.
Terreno conquistado, eternidad, tuya es la victoria
.


Frente a las tres heridas de las que hablara Miguel Hernández

(Llegó con tres heridas:

la del amor,
la de la muerte,
la de la vida),

Álex Portero recurre poéticamente a la figura de la armadura, tal vez como mecanismo de defensa ante las más intensas punzadas de la vida. Al mismo tiempo, quizá, como una forma de tomar distancia, para registrarlo, del sufrimiento propio de quienes padecen el ejercicio de la injusticia y la tiranía.
En su caso se trata de una armadura que en nada se parece a la máscara del autoengaño, la hipocresía, la indiferencia y el cinismo. Es una armadura hecha de luz estelar, cuyo reconocimiento le concede a la nobleza una oportunidad de reinado. El magnífico poema que abre su libro Irredento parece hablar en este sentido:

Si no llevara armadura
el corazón se me caería del pecho
y todo el mundo se daría cuenta de que no tengo piel.
Bendita sea la hora en que fui ungido caballero
por la luz de las estrellas.

Esa misma luz, símbolo de la dulce irrealidad activa, le permite a Álex Portero sentir interiormente el enredo de brazos y piernas del sueño y la vigilia hasta confundirse.

SOY cuando desligo la materia que me envuelve
y revisto mi espíritu de tenue amor de cuento...

Por eso maldice a la muerte no por muerte, sino porque

su afrenta es privarme de una vida irreal
que habito con toda la pasión que me cabe en el espinazo.

En sus poemas el orden espacio-temporal se hace trizas. Dice en Noche de Brujas:

Sé que estoy vivo en algún lugar sin nombre.

Antes ha escrito:

Hoy todo huele a Sándalo en mi cabeza
y me transporta,
a un pretérito perfecto que roza lo divino.

Más adelante, sabedor de que llega el momento de la vuelta a la realidad, no sucumbe:

Cuando el espíritu del humo me abandone,
y regrese a deambular mi propio cuerpo,
no recordaré paisajes, ni amores, ni voces,
volveré a soñar con otros mundos,
volveré a escribir para inventarlos,
a nacer de las entrañas de mis versos.

Esperando el día (o la noche)
en que un sol de otro color diga mi nombre.

Los poemas de Irredento embisten contra el sol negro en sus diferentes manifestaciones. Escudriñan una y otra vez en los ojos de los seres inmundos, los depredadores y cobardes, los corruptos y los falsos predicadores a fin de revelar su particular modo de inyectar miedo.

Monstruos de carne, hueso, pellejo y olor corporal
que no van a rendirse,
cuyos ojos permanecen  en silencio ante las aves,
seres que llevan petacas cargadas de (tu) miedo

beben grandes tragos,
Se emborrachan con él.

En otro poema dice este poeta:

El asfalto marca heridas
sobre la espalda de los pasos aún no dados.
Proyecta heridas, las presiente,
augura y es cruel.
Como todos los profetas
se alimentan de sangre y miedo atávico.

Igual que su concubina más complaciente y egocéntrica, la fe.

En Irredento también se habla, entre otros, del amor como mera ilusión y como herida. Pero asimismo se canta al amor, estancia cálida frente a tanta negrura. El poema Madrigal termina con unos versos en los que el protagonista expresa su sentimiento o sensación junto al ser amado:

Y la noche, esa que me sigue de cerca cada mañana,
vista de frente, es un poco menos fría.

En los poemas de este libro danzan escritores y poetas como Dante, Byron, Robert Walser, Kafka... Su poesía rinde un homenaje a la literatura.

La literatura ha roto los límites de la razón
un deforme caos de bellas formas lo cubre todo al fin.

Otros versos dicen:

Queda la literatura como único jardín inocente
y pronto será decapitado
por los mismos que dicen defenderlo.

En Irredento la literatura es refugio, pero no vía de escape. Esta se presenta como un modo creativo de soñar otros mundos contra la infamia y la vacua felicidad.

Si alguna vez vuelvo a encontarme con la felicidad absoluta
espero no reconocerla.
Prefiero arrastrarme por el fango a mi manera
y desde allí elevar la vista a las alturas,
hasta ese lugar en el tiempo
en que las estatuas desandan su camino,
se hacen carne tersa y cálida,
y consiguen que la mano del escultor,
por una noche, reniegue de la piedra.

Álex Portero reniega en sus poemas de la mediocridad y de las promesas de falsa felicidad, pero jamás de la vida. La mira de frente, sabiendo de su carácter efímero, y no desea distraerse.

¿Sabré reconocer a la muerte cuando llegue?
No quiero volver a extraviarme por el camino,
la vida adopta formas muy extrañas,
quedo embobado mirándolas,
cuando me doy cuenta, siempre, 
ha pasado una estación entera.
¡Estoy cansado de perderme el invierno!

No es cuestión de engañarse y mandar a la vida -como escribiera Claudio Magris de la Medusa con las serpientes enroscadas en la cabeza- a la peluquería. Nada soluciona querer verla más presentable. Por eso Álex Portero la toma por los pelos para mirarla a la cara y seguir riendo sin perder perspectivas. En unos versos escribe:

Desde el banco, junto a la tapia del cementerio,
la curvatura del planeta parece una sonrisa invertida,
solamente he de darme la vuelta y nos reiremos juntos.
Si no entiendo el motivo, será, como siempre, reíré hueco.

Irredento. Álex Portero Ortigosa. Editorial Endymion, poesía. Madrid, 2011.
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OTROS LIBROS DE ÁLEX PORTERO ORTIGOSA:

Fantasmas. Editorial Endymion, poesía. Madrid, 2010.




Música silenciosa. Editorial Endymion, narrativa. 2008.



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