domingo, 8 de julio de 2018

FELICIDAD CLANDESTINA

La felicidad clandestina es el título de un relato que escribió Clarice Lispector. Alude, creo, a ciertos momentos de embriaguez que se viven frente a las imposiciones de la realidad mezquina. Instantes placenteros que cada persona experimenta de una manera propia. Porque solo los reconoce quien goza de su disfrute, se consideran secretos, clandestinos. Clarice Lispector asocia esa experiencia a la lectura y al amor por los libros.

Protagonizan La felicidad clandestina dos niñas. Una es devoradora de historias. La segunda, además de ser hija del dueño de una librería, posee el talento para la crueldad. Al principio humilla a la primera, obligándola a pedirle prestados solo libros que a ella no le interesan. Luego perfecciona su sadismo. Le comenta que tiene determinado libro que la otra ansía leer y no puede comprar. Promete prestárselo en su casa. Sin embargo, le pone un sinfín de excusas cuando toca un día tras otro a su puerta. Ya ha prestado el libro o aún no se lo han devuelto, le dice.

Una tarde aparece su madre, pide explicaciones sobre la visita diaria de la niña y termina recriminando a la hija su negativa a leer ese libro que nunca, además, ha salido de la casa. Le ordena entonces dárselo de prestado a la otra para que se lo quede todo el tiempo que desee. Que le presten el libro por un tiempo indefinido le parece a esta un regalo mayor que si se lo hubieran regalado. Tiene la posibilidad de demorarse cuanto quiera en la lectura. Todavía más, crea obstáculos falsos para postergar el momento de sumergirse en la lectura y darle así más intensidad a su placer clandestino. "A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo", cuenta. "Ya no era una niña más con un libro: era una mujer con su amante."

¿Cómo describir esa experiencia intransferible de la niña, cómo acceder a su vivencia íntima, secreta, que no puede ser expresada con un lenguaje que le es exclusivo? me pregunté tras haber leído el cuento. Sería como pretender compartir el placer estético que experimenta una persona al contemplar extasiada la luz de un cuadro de Vermeer.


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.

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