sábado, 21 de marzo de 2015

LA OTRA SOLEDAD

                                                       Imagen de Pedro Guerra


Se ha escrito mucho sobre la literatura como refugio y espacio de libertad. Ah, la literatura, esa puerta abierta hacia formas alternativas del mundo de lo real. Imagino ahora a los lectores letraheridos ante la página oscura -impregnada de tinta negra, de noche- y me acuerdo de Ulrich, el protagonista de El hombre sin atributos, de Robert Musil. Un hombre con sentido, no de la realidad, sino de la posibilidad, extraño y no extraño a la época. "No tiene un sentido de las posibilidades reales, pero sí de la realidad posible", se lee en el libro. No persigue, ni consigue, lo que el común de la gente. Sin embargo, no sufre por ello. "Sabe que lo que él busca no es asible, y lo que encuentra de hecho podría ser de otro modo." ¿Acaso no hay más porvenir en lo no consolidado que en lo consolidado, tal y como piensa Ulrich?

Son ideas sacadas de contexto y, no obstante, podrían retratar a los destinatarios de la creación literaria. Lectores encerrados en sus cuartos a solas con su conciencia, que viajan sin desplazarse, a través de la literatura. ¡Cuánta dicha en esa soledad, de espaldas al ensordecedor ruido!

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