El revelado de la fotografía del mundo ya lo conocemos de memoria. Buscar los intrincados caminos del negativo de esa imagen ha de ser nuestra tarea. Tarea que parece excitante, porque no es terreno precisamente muy hollado y podría ocultar -ni lo pongo en duda- las únicas sorpresas posibles, aquellas que ya sabemos que jamás vamos a hallar en el positivo, que está absolutamente gastado.