martes, 26 de febrero de 2013

LANZARSE A LA VIDA



Leo Juventud de John M. Coetzee y me acuerdo de nuestros jóvenes, obligados a emigrar y buscar trabajo. En un pasaje de este libro el joven John se encuentra en Londres. Es un recién licenciado en matemáticas e inglés que quiere ser escritor. Ha emigrado desde Ciudad del Cabo hasta la capital inglesa, por motivos personales y huyendo de la situación compleja de su país, y busca trabajo. Después de aceptar uno bastante bien pagado, cambia de opinión y renuncia a él. 
Un anuncio en un periódico le lleva hasta Rothamsted, importante explotación rural en las afueras de Londres. La entrevista va bien y le ofrecen un trabajo de planificación y análisis que no le exige mancharse las manos. Se pone muy contento, porque, además, pagan un salario alto. "¡Menuda suerte! Trabajar en Rothamsted! ¡En Sudáfrica no se lo creerán!", proclama. Observa, sin embargo, una pega. Le obligan a alojarse en el pueblo o en las viviendas subvencionadas por el ayuntamiento. Como el horario es irregular, deberá residir, como todos los demás agentes, cerca de la explotación.
"Su victoria hecha añicos", escribe Coetzee. "¿Qué sentido tiene ir de Ciudad del Cabo hasta Londres para alojarse en una vivienda municipal subvencionada a varias millas de la ciudad y levantarse al romper el alba a medir la altura de las judías? Quiere unirse al equipo de Rothamsted, quiere descubrirle una utilidad a las matemáticas con las que ha trabajado durante años, pero también quiere acudir a recitales de poesía, conocer a escritores y pintores, tener aventuras amorosas." Quiere vivir. 
El joven John termina declinando la oferta. Rechaza un despacho, un título, una estructura, una buena paga, una estabilidad con posibilidad de ascenso, porque el trabajo no está en su ciudad soñada, Londres. Sabe que los periódicos están llenos de anuncios en busca de trabajadores y puede elegir, al contrario de lo que ocurre hoy. En la actualidad nuestros jóvenes no emigran para lanzarse a la vida tal y como les corresponde. Parten para procurarse de cualquier modo el pan, desgastándose y dejando de vivir.

Fuente: EL QUINQUÉ. La Provincia-Diario Las Palmas


miércoles, 20 de febrero de 2013

PRÓXIMAMENTE PUBLICACIÓN DE ´CIENTO VOLANDO´, DE BERBEL



PRÓXIMAMENTE PUBLICACIÓN DEL LIBRO DE POEMAS CIENTO VOLANDO. AUTORA: BERBEL.
PRÓLOGO DE ALICIA LLARENA.
EDICIONES VITRUVIO

lunes, 18 de febrero de 2013

LITERATURA, IDEOLOGÍA Y COMPROMISO


Preguntarse por las posibles relaciones entre literatura e ideología o compromiso no parece un asunto insignificante. En nombre de ideologías se han elaborado novelas pudibundas. También ciertas perspectivas moralistas han dado como resultado obras literariamente intragables.
Si bien la literatura puede contribuir a la ampliación de miras de los individuos y elevar su nivel de conciencia, cuando no quebrar la visión unidireccional del pensamiento,  carece de propósito para cambiar el mundo.

Continuar leyendo en Revista de Letras.

FUENTES:
. Alfabetos. Ensayos de literatura. Claudio Magris. Traducción de Pilar González Rodríguez. Anagrama (Barcelona, 2010)
. La habitación del poeta. “El escritor”. Robert Walser. Traducción de Juan de Sola Llovet. Edición y epílogo de Bernhard Echte. Siruela (Madrid, 2005)
. El viento ligero en Parma. Enrique Vila-Matas.  Sexto Piso (Madrid, 2008)
. Aire de Dylan. Enrique Vila-Matas. Seix Barral (Barcelona, 2012)
. El telón. Ensayo en siete partes. Milan Kundera. Traducción Beatriz de Moura. Tusquets (Barcelona, 2005)
. Cartas a Louise Colet. Gustave Flaubert. Traducción, prólogo y notas de Ignacio Malaxecheverría. Siruela (Madrid, 2003)
. Aquí y ahora. Cartas 2008-2011. Paul Auster y J. M. Coetzee. Traducción Benito Gómez y Javier Calvo. Anagrama & Mondadori (Barcelona, 2012)




jueves, 7 de febrero de 2013

`AIRE DE DYLAN´, DE VILA-MATAS. SOBRE EL TRABAJO SECRETO CON LA CONCIENCIA.



PASAJE DE AIRE DE DYLAN DE ENRIQUE VILA-MATAS SOBRE LOS ESCRITORES Y EL TRABAJO SECRETO CON LA CONCIENCIA, LEJOS DEL GRAN ESPECTÁCULO DEL MUNDO:

"Me entretuve en el bar con un colega muy pesado (...) que no paró de hablarme de la cantidad de cosas con las que tenemos que competir los novelistas en el mundo actual, tantas - me decía desesperado ese horrible colega- que se planteaba tirar la toalla, porque hoy en día obtener la atención para una novela es mucho más difícil de lo que antes solía serlo, pues cada vez los escritores debemos convivir con más atracciones y diversiones, crisis económicas, invasiones de países árabes, rivalidades futbolísticas, amenazas para la supervivencia, hambrunas y crímenes horrorosos, podridas bodas reales, terremotos devastadores, trenes que descarrilan y no precisamente en la India...
Rearmándome de una sensatez que siempre he detestado, pero que a veces he de rescatar de lo más hondo de mi espíritu para corregir a los idiotas, le expliqué que era monstruoso y absurdo ver como "rivales" a todas esas cosas que me había estado nombrando. ¿O es que no lo comprendía? Le cité una caricatura que había hecho de un intelectual el dibujante Daumier; en ella se veía a una dama de aspecto severo que hojeaba enfadada el periódico en la mesa de un café. "No hay más que deportes, caza y disparos. ¡Y nada de mi novela!", se quejaba.
Ahí estaba, bien evidente, el gran error: creer que un libro tenía que competir con el último asesino en serie o con el último caudillo árabe destronado. ¿O acaso escribimos para los que siguen las noticias de lo que ocurre en Wall Street, en Siria, en Libia, en Irak, en Grecia, en Japón y en la pujante China?
Los hacedores de esas noticias todas tan tremendas, decía Bellow, piensan en la conciencia como un territorio que se acaba de abrir para los colonizadores y la explotación, una especie de fiebre por la tierra de Oklahoma. Pero en realidad el escritor le habla a un lector indefinido, pero que de algún modo imagina que tiene que ser como él, alguien que no se deja ahogar del todo por los cien mil atractivos de Oklahoma y en cambio se muestra interesado por el esfuerzo grandioso que hay que hacer, a menudo un esfuerzo secreto y más escondido, para poner en orden la confundida conciencia.
Ese trabajo secreto con la conciencia, traté de explicarle al odioso colega, que miraba cada vez más hacia otro lado, se desarrolla en perímetros alejados del gran espectáculo del mundo. (...)
Ese trabajo secreto con la conciencia no se ve jamás en la televisión, no es mediático, habita en las viejas casas de la vieja literatura de siempre".

martes, 29 de enero de 2013

`FUGA DE RELATOS´ DE BERBEL, POR ASTRID RAMOS Y OLIVIA FALCÓN


Quiero aprovechar mis primeras palabras, para agradecer a Berbel su generosidad, por contar conmigo para presentar este libro que tanto me ha hecho disfrutar.

A mitad de diciembre recibí la llamada de Berbel. Tengo la sensación de que cada vez que Berbel llama es que va a suceder algo bueno. Esta vez me llamaba para presentar su (pri...mer) libro de relatos. “¿Yo?” le pregunté: “¡Sii yo nunca he presentado un libro!”. Entonces ella me respondió: “¡Perfecto!”. Berbel quería hacer algo diferente. Dar la oportunidad a alguien de hacer algo que nunca hubiera hecho antes. Alguien improbable. Así es Berbel y así es su libro, lleno de sorpresas, una tras otra, a cual más inesperada.

Acepté inmediatamente por supuesto porque, además de ser un grandísimo honor ,recuerdo que yo misma he pensado en alguna ocasión que los libros podían ser presentados de vez en cuando por los propios lectores anónimos.

Nos reunimos en la plaza de Santo Domingo donde me entregó un sobre que contenía el libro y, en el que por fuera, estaba escrito mi nombre. Así son los buenos libros y así son los relatos de Berbel. Parece que estén escritos para ti y justo para ese momento de tu vida aunque lo puedan leer todas las personas y se puedan releer siempre.

Muchos de los que están aquí ya la conocen por su larga y variada trayectoria en tantos campos. Yo la conocí el año pasado, cuando, sin conocerme, me invitó a participar en un recital de mujeres poetas celebrado en este mismo museo.

Como decía, aunque muchos ya la conocen pero yo quisiera hablar de la autora y de su pasión por la literatura.

Berbel escribe desde siempre, desde antes de saber escribir, y ustedes se preguntarán cómo es esto posible. Y es posible porque Berbel desde muy pequeña ya dibujaba garabatos, imitando el acto de escribir, fascinada por las formas de las letras, por lo que le parecía el aleatorio trayecto de una hormiga.

Leer también lee desde siempre, y antes de saber hacerlo, fingía que leía. Es decir, Berbel leía y escribía antes de hacerlo y ello no es sino una muestra más de un amor innato a la literatura, literatura que, en sus palabras, es el mejor invento de la humanidad. Ese amor está presente en sus relatos de dos maneras, en sus constantes referencias a los compañeros escritores de todas las tierras y generaciones y a la vez generándolo ella misma a través de su mimo al elegir las palabras.

Quizá por ello, al charlar sobre escritores con Berbel, tales como William Shakespeare o Virginia Woolf ella se pregunta por las personas que eran, por cómo serían sus sentimientos, y también por lo que nos perdemos en las traducciones ya que para Berbel, que cree tanto en el poder de las palabras, si el sonido y la grafía son diferentes porque los idiomas en sí son diferentes, los sentimientos también habrán de serlo. Una de las cosas que me sorprende gratamente al hablar con Berbel sobre literatura es que, si bien les profesa el máximo respeto a los escritores que admira , para ella son una suerte de vecinos, amigos casi, por ejemplo de Krishnamurti me cuenta que hasta le parece que viva al lado de su casa.

Fuga de relatos son trece cuentos, como trece años le llevamos ganados al milenio. Lo primero que llama la atención en Fuga de relatos es la portada. Una magnífica foto de Rafa Hierro en la que se adivina un invernadero destartalado como tantos hay en esta tierra. Todo en el libro está meditado, todo tiene un sentido, como esta elección ya que al igual que los frutos maduros dejan el árbol, que los invernaderos se abandonan, los relatos de Berbel no podían permanecer escondidos en las sombras de algún cuaderno. Tenían que escapar, salir corriendo y, afortunadamente, aquí están reunidos para nuestro disfrute.

Lo segundo que me cautivó fue la soberbia selección de las citas con la que Berbel introduce sus relatos, citas las llamamos nosotros, ella las llama “avales”, pues parecen escritas para ella.

Hablando de “avales”, los referentes literarios de Berbel van desde Esopo cuyas fábulas sus padres le leían de pequeña hasta la poesía mística, Salinas, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y Luis Cernuda. Los autores canarios como Tomás Morales, Pedro García Cabrera, Pino Ojeda o Chona Madera, entre muchos otros también forman parte de su herencia literaria.

En mi humilde opinión, el relato perfecto es aquel que tiene a la vez la capacidad en teoría antagónica de generar anhelo y satisfacer, es decir, generar anhelo de novela porque una quiere saber más, quiere embarcarse en la historia pero a la vez ha de saber satisfacer con lo que no se llega a contar. Y así son estos trece relatos como trece frutas redondas.

Cuando Berbel me entregó el libro me comentó que podía leerlos en el orden que quisiera. Yo seguí el de la edición. La Fuga de Berbel comienza muy cerca, en Agaete, pero viajamos en el tiempo. Berbel nos regala el oído y la vista, ¿por qué no?, con su conocimiento de las expresiones canarias de antaño y su habilidad para recrear una época que, no por relativamente cercana resulta menos desconocida. Eran tiempos duros entonces, quizás, más que los de ahora. Entre otras cuestiones, Berbel habla de la emigración y con una frase que me cautivó resume el drama de la misma: “Lo duro no es tener que marcharse, lo duro es no poder volver”.

Cuenta Berbel historias que bien podrían ser reales o imaginarias pero que, en cualquiera de los casos, no perderían ni un ápice de su encanto. En los días en los que leí Fuga de Relatos, por primera vez, me fascinó la capacidad de Berbel para cambiar de voz, para hacerse irreconocible de un relato a otro. Fuga de Relatos es una colección heterogénea en la temática, en la forma, en las ubicaciones, en los protagonistas. Desde el realismo mágico a un humorístico y comprometido género epistolar, pasando por la novela negra y el cuaderno de viajes. Lo único que parecen tener en común es a su autora, créanme.

Termino esta introducción con una cita que tomo prestada de este libro, en concreto del relato “Un lugar en la vida”. Dice así: “Hay lugares a los que nunca viajamos, “nos viajan”, nos llevan a nosotros mismos”. Y me permito añadir que este libro es uno de esos lugares, mejor incluso, trece. 

Presentación de Fuga de Relatos de Berbel por Astrid Ramos en el Museo Poeta Domingo Rivero. Las Palmas de Gran Canaria.

Más: Presentación de Olivia Falcón






Fuga de Relatos, Berbel. Portada de Rafael Hierro. Editorial Huerga y Fierro. Madrid, 2013.-





jueves, 24 de enero de 2013

COBARDÍA





Me cuenta un amigo, casado, que cuatro años atrás decidió comunicarle a su mujer que ya no sentía ganas de mantener relaciones sexuales. “¿Con ella o en general?”, le pregunté. “Cuestión de pérdida de libido, aduje a mi mujer, pero en verdad sigo conservando, y de forma intensa, el deseo sexual”, me respondió. A continuación confesó que lleva justo cuatro años perdidamente enamorado de otra mujer con la que sostiene encuentros sexuales secretos. Ambos son amantes. 


Recordé entonces una escena de El museo de la inocencia, novela del escritor turco Orhan Pamuk. En ella Sibel convierte en cuestión imprescindible que su novio Kemal Bey acuda al psiquiatra. Se acaban de comprometer y Sibel lo encuentra muy deprimido y raro. Desconoce, además, el motivo por el cual él se ha abstenido en los últimos tiempos de un contacto sexual con ella. No sabe que su novio ha estado manteniendo hasta fechas recientes una relación clandestina con Füsun, una mujer que finalmente decidió esfumarse tras la petición de mano de la pareja.
 
A Kemal Bey todo le recuerda a Füsun, de la que está locamente enamorado y a la que ha perdido. Se siente destrozado y no es capaz de revelárselo a su novia. Tampoco logra explicitar su situación en la consulta del psiquiatra a la que termina acudiendo. Dice en el libro: 

Tras hablar un poco de naderías y de rellenar escrupulosamente el necesario formulario, cuando el médico me preguntó por ´mi problema´ me apeteció por un instante decirle que me sentía tan solo como un perro enviado al espacio porque había perdido a mi amada. Pero en cambio le dije que mi problema era que después de la petición de mano no podía hacer el amor con mi linda y atractivísima novia, a quien tanto quería.

Él me preguntó por el motivo de mi inapetencia. Hoy años después de aquello, todavía sonrío al recordar la respuesta que se me vino repentinamente a la cabeza inspirada por Dios y que también encuentro bastante acertada:


-Creo que me da miedo la vida, doctor.


Fuente: La Provincia-Diario Las Palmas





jueves, 17 de enero de 2013

UN CUBO VACÍO


Tres meses antes de suicidarse redujo el escritor Yasunari Kawabata su novela País de nieve a un relato breve. Anteriormente había escrito un sinfín de cuentos que, en su expresión, cabían en "la palma de una mano". Son relatos cuya brevedad no menoscaba los elementos más destacados de sus obras extensas.

La miniaturización que realizó Kawabata de su célebre novela, convirtiendo parte de su contenido en una sucesión de escenas, me parece una metáfora maravillosa de la vida como resta. Una sustracción de lo accesorio para quedarse con lo esencial de la existencia.

Me vino a la mente esta anécdota después de leer una carta de J. M. Coetzee a Paul Auster en el libro Aquí y ahora, que comprende la correspondencia entre los dos escritores desde 2008 a 2011. En un pasaje de la carta expresa Coetzee su modo de operar en la escritura. Dice: "La habitación en que se desarrolla mi acción ficticia es un sitio muy desnudo, un cubo vacío, de hecho; solo le incorporo un sofá si va a hacer falta (si alguien va a sentarse en él o mirarlo), y después el mueble con el cajón superior izquierdo donde están los cubiertos, sin el cual no podemos tener el cuchillo con el que la heroína ha de untar la tostada de mantequilla".

Ambos modos de proceder, el de Kawabata y el de Coetzee, parecen caminar en igual dirección. El primero se desprende de lo adicional, borrándolo, para salvar lo imprescindible. El segundo se concentra en el material indispensable y descarta lo innecesario en el momento de elaborar una historia. En cualquier caso, estas dos referencias literarias podrían tornarse en guías prácticas fabulosas para manejarnos en la vida, observándola como un cubo vacío al que se va incorporando con una medida "cóncava" lo esencial. Claro que ello solo sería posible si la vida imitara a la mejor literatura, concebida, en palabras de Enrique Vila-Matas, como "observación universal que abarca los dilemas de la existencia humana". Una perspectiva que se da de bruces contra el ruido mediático y la banalidad a la que estamos sometidos.

Fuente: El Quinqué. La Provincia-Diario Las Palmas



viernes, 11 de enero de 2013

IGNORANTES


Yo tampoco nunca he sabido cómo funcionan los televisores, por qué vuelan los aviones o cómo viaja la voz por los cables telefónicos, desconocimiento que reconoce el narrador del libro de Rodrigo Fresán titulado La velocidad de las cosas.

No tengo ni la más remota idea de cómo se hace la luz una vez que aprieto el interruptor para sacudirme de encima la noche.

Jamás me he planteado por qué suben los ascensores y por qué no se llaman "descensores", aunque experimente que estos no solo suben, sino también bajan.

Desconozco cómo se manejan los duendes del aire para hacer llegar correos a través del ordenador a lugares cercanos y lejanos. Menos aún sé cómo se sostienen en una "nube" las imágenes, la información, los datos, o cómo es posible la comunicación virtual instantánea...

No me he planteado por qué se abren automáticamente las puertas de un establecimiento al pisar justo a la entrada.

Desconozco cómo llega el agua al váter y por qué conductos se desplaza una vez que se tira de la cadena.

No sé por qué se mantiene fría la nevera; qué hay detrás de un enchufe, además de un conjunto de cables; cuál es el mecanismo que enciende un fogón y nos permite cocinar; cómo funcionan la ducha, el microondas, el termo, la estufa, la radio...

Y si nuestros hijos nos preguntaran, como lo hace la pequeña Hilda a Daniel, su padre, en el libro de Rodrigo Fresón, qué es la nieve, de dónde viene, cómo se origina y para qué sirve, es probable que respondiéramos como contestó este a su hija. Ambos caminan bajo la nieve "y Daniel primero le dice a Hilda que no tiene la más puta idea, que la nieve sirve para que todos los taxis desaparezcan, y después sonríe. Después lo piensa mejor y le cuenta a Hilda que, en realidad, la nieve es la caspa de Dios. Que Dios cuando se enoja sacude su cabeza y tiene mucha caspa y la caspa se cuela por los agujeritos en el cielo, por las estrellas ahí arriba".

Fuente: El quinqué. La Provincia/Diario Las Palmas



jueves, 10 de enero de 2013

CUANDO HASTA "DECIR NOCHE" SE VUELVE IMPOSIBLE. ÁLVARO DE LA RICA.

                                        Imagen de Teinteresa.es

En Decir noche (Eutelequia, 2012), una narradora que no es nadie más allá de las palabras que pronuncia observa y medita sobre la existencia de un tal Lord Chandos, personaje creado por el escritor austríaco Hugo von Hofmannsthal. El tal Lord ha escrito una famosa carta al canciller inglés Francis Bacon en la que le expresa cómo ha llegado en su creación poética, a un punto final, un recodo de afasia y a la imposibilidad de referir nada con palabras, hasta el punto de que ya no se siente capaz siquiera de "decir noche".

Chandos ha quedado enrejado en un férreo bucle que le tapa la boca y que le impide siquiera nombrar el sentido primero de esa palabra (el momento postrero del día) y a fortiori extender sobre esa término los infinitos, recónditos e indispensables sentidos figurados: la falta de luz y la desazón pero al mismo tiempo la anchura liberadora y abismal del azul del cielo y de los antiguos escudos de armas.

Las palabras, carentes del recurso inmediato a la denotación, se han agotado para siempre. Ese vacío, que es epistemológico y a la vez existencial, está en el centro originario de un cruce de corrientes literarias que ha presidido lo mejor de la creación poética de la modernidad europea. Elisa Rodríguez Court lo sabe porque lo ha experimentado de primera mano como lectora constante, metódica y apasionada.

Por eso, a la vez que medita sobre el lado abismal de la falla encontrada (y considerablemente aumentada) por Hofmannsthal, desplegando todas las facetas desoladoras de una civilización que parece abocada a la barbarie que significaría la muerte definitiva del verbo, establece como contrapunto la corriente alterna que "el abismo de la palabra" ha conseguido liberar: el venero de aquellos que, conscientes de la desolación verbal, han tomado el vacío como un lugar común del que partir a la aventura y a la búsqueda del ser.

La lista de los no desencantados, de los no resignados, de los no obstante conscientes del vacío no es interminable pero sí ilustre. Por haber sondeado el abismo como nadie, por haber bebido en los ríos del dolor y la desesperanza, manteniendo intacta la sed, Emily Dickinson preside la cofradía de los escritores que yo llamaría ilusionados: Flaubert, Barnes, Borges o Vila-Matas pero también Lewis, Marguerite Duras, Roberto Juárroz o el propio Claudio Magris que fue el primero que puso las bases teóricas de un fenomenal debate poético.  Continuar leyendo en Teinteresa.es



miércoles, 9 de enero de 2013

`HISTORIA DE UNA MIRADA´, DE REBECA GARCÍA NIETO


La juventud entrando en la edad provecta, la gravedad de los últimos años tiñendo y entristeciendo los años de inocencia, los rayos del sol cruzándose y fundiéndose desde el momento de su salida hasta el instante de su ocaso, han producido en mis historias una especie de confusión o, si se prefiere, cierta unidad misteriosa. La cuna tiene algo de la tumba; la tumba algo de la cuna.

F.R. Chateaubriand


El fuego se levantó y la sombra se movía y se hacía cada vez más hermosa.

Hugo von Hofmannsthal


Escribió William Blake que bastaba con abarcar el infinito en la palma de la propia mano para ver el mundo en un grano de arena y el cielo en una flor silvestre. Es el modo de proceder literario, me parece, de Rebeca García Nieto en Historia de una mirada, recién publicada en la editorial Eutelequia. Porque si bien esta novela está excelentemente ambientada en la Castilla rural de Delibes y narra la vida de la familia Montaraz, la mirada a la que alude su título se sumerge con amplitud en las profundidades del siglo XX. Un siglo que se ha revelado de forma engañosa grávido de futuro y cuyo resplandor, al hilo de lo que se cuenta en esta novela, podría llevar también el nombre de eso que alguien llamó “radiante apocalipsis”. O igualmente podría denominarse el siglo de la luz, luz eléctrica, si se tiene en cuenta lo que le sucedió a Aluches, el pueblo originario de la familia Montaraz.

Aluches es en la novela de Rebeca García Nieto el trasunto ficticio de Riaño, un pueblo de León que fue destruido de forma despiadada a finales de los años ochenta del siglo XX. Apenas se ha hablado de lo que pasó allí. Sin embargo, Historia de una mirada recupera su memoria y da cuenta generosamente de ese episodio desconocido de la historia.

Lo demolieron en aras del progreso, según la lógica del mercado, para hacer un embalse y construir una fábrica de luz.

Y se hizo la luz…y llegaron las tinieblas.
Y se hizo la luz…y se apagó todo.
Y se hizo la luz…y nos quedamos a oscuras. 

Continuar leyendo en Revista de Letras



lunes, 7 de enero de 2013

´DECIR NOCHE´ EN HOBBY HORSE, DE ÁLVARO DE LA RICA


En Decir noche (Eutelequia, 2012) una narradora, que no es nadie más allá de las palabras que pronuncia, observa y medita sobre la existencia de un tal Lord Chandos, personaje creado por el escritor austríaco Hugo von Hofmannsthal. El tal Lord ha escrito una famosa carta al canciller inglés Francis Bacon en la que le expresa cómo ha llegado en su creación poética a un punto final, a un recodo de afasia y a la imposibilidad de referir nada con palabras, hasta el punto de que ya no se siente capaz siquiera de “decir noche”.

Chandos ha quedado enrrejado en un férreo bucle que le tapa la boca y que le impide siquiera nombrar el sentido primero de esa palabra (el momento postrero del día) y a fortiori extender sobre ese término los infinitos, recónditos e indispensables sentidos figurados: la falta de luz y la desazón pero al mismo tiempo la anchura liberadora y abismal del azur del cielo y del fondo de los antiguos escudos de armas.

Las palabras, carentes del recurso inmediato a la denotación, se han agotado para siempre. Ese vacío, que es epistemológico y a la vez existencial, está en el centro originario de un cruce de corrientes literarias que ha presidido lo mejor de la creación poética de la modernidad europea. Elisa Rodríguez Court lo sabe porque lo ha experimentado de primera mano como lectora constante, metódica y apasionada. Por eso, a la vez que medita sobre el lado abismal de la falla encontrada (y considerablemente aumentada) por Hofmannsthal, desplegando todas las facetas desoladoras de una civilización que parece abocada a la barbarie que significaría la muerte definitiva del verbo, establece como contrapunto la corriente alterna que “el abismo de la palabra” ha conseguido liberar: el venero de aquellos que, conscientes de la desolación verbal, han tomado el vacío como un lugar común del que partir a la aventura y a la búsqueda del ser.

La lista de los no desencantados, de los no resignados, de los no obstante conscientes del vacío no es interminable pero sí ilustre. Por haber sondeado el abismo como nadie, por haber bebido en los ríos del dolor y la desesperanza, manteniendo intacta la sed, Emily Dickinson preside la cofradía de los escritores que yo llamaría ilusionados: Flaubert, Barnes, Borges o Vila-Matas pero también Lewis, Marguerite Duras, Roberto Juárroz o el propio Claudio Magris que fue el primero que puso las bases teóricas de un fenomenal debate poético. En el otro lado, no menos admirable van apareciendo, para acompañar al Lord, Melville y Walser, Wittgenstein o Sandor Márai.  Continúa leyendo


jueves, 3 de enero de 2013

ÁLVARO DE LA RICA ESCRIBE SOBRE ´DECIR NOCHE'

                                 Imagen del blog de Álvaro de la Rica

Álvaro de la Rica, escritor que ha publicado recientemente su novela La tercera persona, ha escrito sobre Decir noche en su blog Hobby Horse:

He elegido bien. Había reservado para estas últimas horas del año una lectura muy especial. Un pequeño gran libro titulado Decir noche. Lo ha escrito Elisa Rodríguez-Court. Lo tengo encima de mi mesa desde hace varios meses, pero sabía que llegaría un momento en el que su lectura se me impondría. Así ocurre con los libros cuando están vivos. Así ha ocurrido en este caso y de qué forma más intensa. He elegido bien. No lo he terminado aún. Estoy demorando mi lectura. Cada capítulo (son breves), cada párrafo, cada frase y casi cada palabra me sugiere con una delicadeza de otro tiempo mil cosas y me abre a un diálogo interminable. Continuar leyendo

viernes, 28 de diciembre de 2012

DILEMA


La vida nos sitúa constantemente ante dilemas que nos reclaman un posicionamiento personal. Elegimos entonces en base a nuestros deseos o convicciones. Sin embargo, nuestra elección deja de ser libre cuando se trata de dilemas maquinados por otros en su propio beneficio.
Ocurre con frecuencia en la actualidad. Un solo ejemplo: supongamos que a una persona le ofrecen un puesto de trabajo. Está en paro y ha de decidir si acepta un salario mísero y un horario laboral desmesurado o rechazar el empleo. Le quedará poco margen de elección, ¿no les parece, estimados lectores?

Son pensamientos que me han asaltado mientras leía una escena conmovedora de un relato de Danilo Kis contenido en su libro Una tumba para Boris Davidovich. Les comparto una escueta síntesis a modo de reflexión: Un hombre ha intentado actuar a lo largo de su existencia consecuente con su modo de pensar y de proceder, habiendo arriesgado su vida en varias ocasiones. Ahora, en plena madurez, se encuentra prisionero. Se le acusa de graves delitos que no ha cometido y se le intenta arrancar la firma para una falsa declaración que garantice su condena a la pena capital. El hombre, desesperado, cavila lo siguiente: “He alcanzado la madurez. ¿Por qué iba a estropear mi biografía?”

Sabe que, de toda formas, van a matarlo. Pero también sabe que mentir para rubricar su muerte tramada de antemano es traicionar el sentido que ha elegido para su vida. Soporta, por consiguiente, todo tipo de torturas, optando por mantenerse firme.

Sus verdugos deciden, como última artimaña, encararlo cada día con un nuevo joven al que amenazan con matar al momento si el hombre no firma de inmediato. Tras la matanza del primer joven, el hombre es consciente de que ya su propia defensa no le afecta solo a él, sino que abre la puerta a otros asesinatos de seres inocentes.
¿Qué hacer? ¿Debe mantenerse en la verdad o sucumbir a la trampa para evitar más crímenes? Envuelto en un trágico dilema urdido por sus verdugos, ¿le corresponde a él, estimados lectores, resolverlo?

Fuente: El Quinqué. La Provincia-Diario Las Palmas

sábado, 22 de diciembre de 2012

SOCIEDAD LETAL


Tres años antes de suicidarse cuenta Sándor Márai en una entrada de su Diario de 1986 que fue a una tienda estadounidense para comprarse un revólver. Rellenó el formulario de la policía y el vendedor le entregó la pistola, empaquetada con esmero, además de 50 balas.

Cuando le advirtió que no iba a necesitar tanta munición, el vendedor se encogió de hombros y contestó con indiferencia que eso nunca se sabe.

Dice que en el establecimiento se exponían toda clase de armas, escopetas de caza, fusiles ametralladores. "En América todos los ciudadanos tienen derecho a ir armados", escribe Márai, y relata su viaje en taxi de vuelta a casa. El chófer le pregunta qué ha comprado y asiente al saber que se trata de un revólver. "Siempre viene bien", le dice.

En otra entrada del mismo Diario escribe Márai sobre el derecho a la tenencia de armas de fuego, garantizado por la Constitución estadounidense. Cuenta que un folleto anuncia que en ese momento hay 120 millones de armas en propiedad de particulares. También habla de las clases didácticas sobre cómo se manejan las armas. Escribe: "Los alumnos escuchan atentos y en silencio. Las clases para matar, o mejor dicho, la enseñanza reglada para impartir la técnica de matar y suicidarse, constituyen un extraño ejemplo de dónde vivimos y qué valor tiene la vida en este país."

Me vinieron a la mente estas notas de Sándor Márai de hace casi 27 años cuando me enteré de la terrible matanza en la escuela primaria de Estados Unidos.

"¿Por qué, por qué?", gritaba desesperada una mujer a la entrada de la escuela.
"¿Por qué, por qué?", se pregunta también Edipo en la obra de Sófocles en su intento de averiguar quién es el culpable de la peste que asuela la ciudad. Mientras este se comporta como un detective que durante la investigación descubre que el culpable es el propio detective, porque nadie es inocente, Estados Unidos se afana en diseñar un perfil patológico para el asesino y así poder explicar el móvil de la masacre.

Fuente: El Quinqué. La Provincia-Diario Las Palmas

jueves, 20 de diciembre de 2012

jueves, 13 de diciembre de 2012

LA TÍA DE MO YAN


Los periodistas fueron con sus cámaras a China para conocer in situ la extensión social y familiar del Nobel de Literatura Mo Yan. Querían inspeccionar esa "dimensión horizontal", tal y como denomina Reiner Stach a lo que forma parte de la vida exterior de las personas. ¿Habrán descubierto los periodistas que también Mo Yan tiene que comer y hacer la digestión como el resto de los mortales?


Si en el pasado un puñado de periodistas se hubiesen tenido que desplazar a la Praga de Kafka, ¿qué podrían haber dicho de la vida de este escritor que confesaba pasarse la mitad del día en la cama o en algún sofá, apático y soñando lejano? Nada que se relacionara con lo que escribía y dejaría en la posteridad sin aliento a tantísimos lectores. Entre otros motivos, porque el arte de los escritores se despliega interiormente o, como dice Stach, en una "dimensión vertical".
En esta puede penetrar el paisaje social, pero es la ficción literaria el ámbito desde el cual los duendes internos de los escritores se encargan de recrearlo.

Sobre la diferencia entre realidad y literatura debe de saber bastante la tía de Mo Yan. Cuenta este en su reciente discurso, con motivo de la aceptación del Nobel, que en Rana, su última novela, aparece la figura de su tía y que ahora muchos periodistas han ido a su casa para entrevistarla. Al principio mostró mucha paciencia en las entrevistas, pero después no lo soportó y se escondió en casa de su hijo.
Mo Yan distingue entre su tía real y la literaria. A la segunda le dio el nombre de la primera, modelo que inicialmente inspiró su novela. Pero ambas son diametralmente distintas. La tía real es alegre, encantadora y feliz, mientras la literaria parece un miembro de la mafia y una loca que vaga en la noche como un fantasma.

La tía de Mo Yan no se enfadó cuando supo cómo él la había descrito en Rana. Ha sabido entender la compleja relación entre los personajes literarios y las personas reales.

Fuente: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA/ DIARIO LAS PALMAS

lunes, 10 de diciembre de 2012

NOTAS SOBRE EL AMOR. VISIÓN DE ALGUNOS ESCRITORES.


TEXTO PUBLICADO EN REVISTA DE LETRAS

“En toda mujer hay una emanación de flor y de amor”. Con esta frase comienza Chateaubriand Amor y vejez, una meditación delirante, desgarradora y lúcida sobre la patología de la pasión.


Este escritor ha superado los 60 años y, después de haber atesorado a lo largo de su vida un sinfín de conquistas femeninas, rechaza en este libro a una joven que se le ofrece. Sabe que los iguales se buscan y, sabiéndose viejo, advierte de antemano el estrepitoso final de una posible relación amorosa con ella. Escribe:

Flor encantadora que no quiero coger, te dirijo estos últimos cantos de tristeza; los oirás solo después de mi muerte, cuando haya unido mi vida al haz de las liras rotas.

Entre otros motivos, señala que lo único que ella podría amar en él es una quimera que la realidad hará desvanecerse. Lo dice porque se siente acabado y ya no digno de ser objeto de pasión. Pero no solo por eso. También él duda de poder amarla.

Sí, es mi forma de ser. ¿Y acaso querrías ser abandonada por un viejo? Oh, no, joven encanto, ve al encuentro de tu destino.

Prefiere que ella huya rodeada de los celos y deseos que él siente. Opta por debatirse con el horror de sus años y el caos de su naturaleza, en la que, según añade, el cielo y el infierno, el odio y el amor, la indiferencia y la pasión se mezclan en espantosa confusión.
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jueves, 6 de diciembre de 2012

LA LINTERNA


En la cafetería contemplo a una mujer. Está sentada sola en la mesa de al lado y hunde su mirada en un libro. Apenas se mueve. La espío un buen rato. ¿Por qué se demora tanto en volver la página? Recuerdo, de pronto, un pasaje de Los apuntes de Malte Laurids Brigge de Rilke. En él cuenta Malte que de pequeño estaba de rodillas en la butaca para alcanzar la altura de la mesa sobre la que dibujaba. Era de noche y la única lámpara de la habitación era aquella que alumbraba sus hojas y el libro que leía junto a él su mademoiselle. Dice Malte:

Ella estaba muy lejos cuando leía, y yo no sé si era en su libro; podía leer durante largas horas, volvía raramente las páginas, y yo tenía la impresión de que bajo sus ojos las páginas se hacían sin cesar más llenas, como si su mirada hiciese nacer allí palabras nuevas, ciertas palabras que ella necesitaba y que no estaban allí. Imaginaba esto mientras dibujaba.

 
La mujer de la cafetería, ensimismada, sigue sumergida en su libro. Motivada por las palabras de Malte, pienso que está leyendo otro libro, el suyo propio, del mismo libro. Entonces me acuerdo de la escena de Anna Karenina viajando en un tren, descrita por Tolstói. Ella se acomoda en su asiento, se pone entre las rodillas un almohadón, cubre sus piernas con una manta, pide la linterna a su criada, saca de su bolso un cortapapeles y una novela, y se entrega a la lectura. Sobre esta escena ha escrito Enrique Vila-Matas:

Asocio la linterna de Anna con aquella peculiar luz propia, cuya necesaria existencia percibiera Paul Valéry cuando en sus Cuadernos consideró plausibles un tipo de obras que contaran con la iluminación propia del lector, es decir, un tipo de obras escritas sin pensar en darle algo a quien lee, sino, al contrario, pensando en recibir de él.

Obras hechas "para recibir un sentido, y no sólo un sentido, sino tantos sentidos como pueda producir la acción de una mente sobre un texto."

Fuente: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA/DIARIO LAS PALMAS

domingo, 2 de diciembre de 2012

TRENDING TOPIC


Cualquier imbécil puede convertirse de la noche a la mañana en un héroe. Si logra ser trending topic, quedará encumbrado, no importa que solo brille por un instante. En Twitter encuentra la certeza de su éxito, medido por la circulación desbordante de infinitos tuits que llevan su nombre en esta red social. Da igual la calidad del contenido del mensaje. Lo que cuenta es el número de veces que este es retuiteado hasta situarse a la cabeza del ranking.

Cometer la mayor estupidez o el mayor desastre, pegarse el chiste más imbécil o la mentira más insólita puede ser motivo de trending topic y, por consiguiente, de reverencia. El triunfo de la banalidad está garantizado.

Sucede lo mismo en ámbitos más generales. Una pésima serie televisiva, un horroroso programa de radio, un mal llamado libro de literatura e incluso un infame político pueden convertirse en trending topics y, en consecuencia, ser elevados a los altares.

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martes, 20 de noviembre de 2012

SOBRE LA MUERTE. ALGUNAS VOCES DE ESCRITORES.


“A lo mejor todo lo que nos ocurre en la vida no es más que una larga preparación para abandonarla”, proclama Max Morden, narrador y protagonista de El mar, novela de John Banville. Su esposa Anna ha muerto después de una larga enfermedad y él decide finalmente recluirse en el pueblo costero donde veraneaba de niño junto a sus padres. A propósito de la pérdida de su mujer, la experiencia del reencuentro con su pasado más remoto se verá salpicada de un puñado de reflexiones sobre la vida, la enfermedad terminal y la muerte.

No escasean los escritores que en sus novelas miran de lleno a los ojos de la muerte. No es de extrañar, pues, como escribió Fernando Pessoa en Libro del desasosiego, “en lo que nace, tanto podemos sentir lo que nace como pensar lo que ha de morir”. Para pensar esto último, sin embargo, tal vez sea necesario alcanzar la facultad que este poeta supo desplegar de verse viendo por detrás de los propios ojos:

Veo como veía, pero por detrás de los ojos me veo viendo; y sólo con ello se me oscurece el sol y el verde de los árboles es viejo y las flores se marchitan antes de aparecer.

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