jueves, 15 de junio de 2017

`SATURNO´, DE EDUARDO HALFON



La ausencia del padre cabe a veces en una breve frase: "El padre es un nombre." Son palabras que pronuncia el narrador de Saturno, libro del escritor Eduardo Halfon (Guatemala 1971), publicado por la editorial Jekyll & Jill. Una delikatesse para amantes de la literatura en la que el narrador ajusta cuentas, a través de una voz peculiar hecha de múltiples voces literarias, con su padre ausente.

La ausencia del progenitor suele remitir a la idea de su pérdida, bien por muerte o porque el padre decide marcharse y dejar a los hijos en la estacada. Eduardo Halfon no le da la espalda a esta clase de pérdida y la aborda en relación a escritores que han sufrido sus secuelas. Sin embargo, su empresa narrativa es mucho más vasta. La ausencia del padre se debe en el caso del narrador a un exceso de presencia paterna. Un padre autoritario, que, como el de Kafka, no le pone la mano encima, no lo maltrata físicamente, pero ejerce con crueldad el maltrato psíquico a base de insultos y humillaciones, venganza e indiferencia.

Es un tirano que acusa al hijo, mediante la violencia de gestos y palabras, de su propio comportamiento execrable. Se trata de un hombre egoísta, frío, calculador, distante y desagradecido. Proyecta, además, su fracaso personal sobre el narrador, al que culpabiliza y castiga sin piedad.

Eduardo Halfon narra con sutileza y maestría ese silencio que encubre odio, o total rechazo, y absoluta falta de amor. No es, pues, extraño, que la idea del suicidio recorra Saturno. Escritores que se han suicidado, la figura del padre ausente y la falta de amor en un sentido amplio se deslizan por las páginas de este libro, cuyo estilo sencillo y de alto vuelo literario atrapa a los lectores desde el comienzo.


Saturno, Eduardo Halfon. Editorial Jekyll & Jill. Zaragoza, 2017.-

sábado, 27 de mayo de 2017

`LA CALIGRAFÍA DE LOS ISÓPODOS´. EVELYN DE LEZCANO. TRES POEMAS.





                                                     TRES POEMAS:

La vieja foto,
un mar.
Puede arañarme el filo de sus olas

y dejar constancia de algo que es igual
a la contingencia del cuenco donde descansan las águilas.





No hay arrepentimiento
de la mano
que nunca colgó el cuadro:
el que no vi,
el del borrón en las columnas,
en la maqueta,
en el sueño del pequeño isópodo sin memoria.

LA CALIGRAFÍA DE LOS ISÓPODOS. EVELYN DE LEZCANO. EDITORIAL HUERGA Y FIERRO.  MADRID, 2017.-


lunes, 24 de abril de 2017

`EN EL CORAZÓN DEL CORAZÓN DEL PAÍS´, DE WILLIAM H. GASS




Tres fragmentos de El chico de Pedersen, primera narración larga -o nouvelle- del libro EN EL CORAZÓN DEL CORAZÓN DEL PAÍS.


"A Hans no le acababa de cuadrar. No quería creer al chico más que yo, pero si no lo hacía entonces el chico lo habría engañado. Y tampoco quería creer eso."



"Me miró de una forma tan horrible que olvidé que me era indiferente."



"Estaba solo ante lo que podía pasar. Empecé a preguntarme si los Pedersen tenían perro, si tal vez el chico de Pedersen tenía un perro o un gato y dónde estaba si es que tenían, y si yo sabría su nombre y si vendría si lo llamase. Intenté pensar en su nombre como si lo hubiera olvidado."




En el corazón del corazón del país. William H. Gass. Traducción y epílogo de Rebeca García Nieto. Editorial La Navaja Suiza. Madrid, 2016.



sábado, 11 de marzo de 2017

ENCUENTRO CON ENRIQUE VILA-MATAS A PROPÓSITO DE `MAC Y SU CONTRATIEMPO´





ENCUENTRO CON ENRIQUE VILA-MATAS A PROPÓSITO DE MAC Y SU CONTRATIEMPO. 

LA LITERATURA, ECO DE LA ORIGINALIDAD EXTINGUIDA

                            

                                   LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS

                   Leer aquí:  la entrevista en versión digital  


                               


sábado, 4 de febrero de 2017

`MAC Y SU CONTRATIEMPO´


A los lectores de Enrique Vila-Matas se nos han puesto los dientes largos: su nueva novela verá la luz el próximo 14 de febrero. Se titula Mac y su contratiempo. Muy poco conocemos todavía de su contenido. Sin embargo, Vila-Matas tiene el don de incitarnos a investigar sobre sus libros también antes de que lleguen a las librerías. Una breve sinopsis de la novela, escrita por el autor en su web, nos reafirma en la idea de que Vila-Matas es padre de una obra inacabada y necesariamente inacabable.

Él considera que la literatura ha de dar cuenta de la infinitud del mundo, caótico y múltiple. Por consiguiente, concibe la obra literaria como espacio que da cabida al reino de las infinitas posibilidades. En este sentido no resulta tal vez casual que Mac, el protagonista de su nueva novela, sea alguien que se dedica a leer y modificar todo cuanto lee. ¿Acaso las posibles modificaciones de un texto no son ilimitadas?

Mac, según se dice en la sinopsis del autor, se vale de su diario de principiante para proponerse mejorar en secreto la novela que un famoso vecino publicó hace muchos años. Es otro dato más que apunta a la multiplicación, en potencia inagotable, de textos. O a la idea, leída en una entrevista reciente que le hicieron a Vila-Matas, de la reescritura como creación infinita. Incluso repetir los textos, si fuese el caso, no tiene por qué suponer el retorno de lo mismo. Una repetición abre la puerta al surgimiento de una diferencia.

Parece significativo que Mac tenga como vaga referencia al Perec de 53 días, la última novela, inacabada, de este escritor. También Mac busca dejar inconcluso su diario y así conseguir una falsa “obra incompleta y póstuma”. Sus pretensiones sintonizan con la definición que hace Perec de la novela: “La novela es posibilidad.” Una afirmación que coincide con la escritura que defiende y practica Vila-Matas. 




Imagen de Pedro Guerra.




FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS. 






sábado, 21 de enero de 2017

EL GATO DE RICARDO PIGLIA



Ricardo Piglia
recogió de la calle un gato. Lo cuenta en una página de sus Diarios. Salió de compras y se tropezó con una mujer que hablaba con un gatito. El animal se había sentado en lo alto de un árbol. La mujer trató en vano de hacerlo bajar. El escritor pasó de vuelta por el mismo sitio, conquistó al gato con comida y se lo llevó a su casa.

El gato se adaptó rápido a su nueva vida. Escribe Piglia: “Inmediatamente se instaló en el patio y se dedicó a observar a los pájaros que sobrevuelan la enredadera.” El animal miraba el aire con fijeza, abstraído, como si captara lo que nadie puede ver. A esa manera de proceder del felino, que guarda parecido con el modo de operar de los escritores, la llamó “Investigaciones de un gato”.

Lejos del mundanal ruido, encontró el felino su espacio propio en el patio. Un lugar que se asemeja al cuarto en el que viajan los escritores para dejarse engatusar por lo que a simple vista no se ve. Difícil no imaginarse al gato también de noche en el patio, deslizándose como un barco en alta mar. De ese barco, capaz de guiarse en la oscuridad con el ojo helado de su radar a fin de descubrir lo que se esconde más allá de lo visible, habla Piglia en uno de sus libros.

Hay, sin embargo, una diferencia insalvable entre el escritor y el gato. El primero necesita hacer uso del lenguaje para pescar lo que no es palabra. El gato pesca sin mediación lingüística alguna lo que ve. No resulta entonces extraño que las investigaciones de su gato despertaran la curiosidad del maestro Ricardo Piglia. Preocupado por la falsa y manida dicotomía del arte y la vida, concebía toda propuesta de arte como una hipótesis de vida. Pensaba que el arte es la vida más intensa que puede existir. Sin embargo, no sabemos, añadía, lo que es la vida real. Por tanto, ningún sujeto puede vanagloriarse de haber penetrado en ella.

 

FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.

sábado, 7 de enero de 2017

OBEDIENCIA CIEGA




Cuando cayó Jericó, llorar estaba permitido, escribe Elizabeth Smart en su novela Los pícaros y los canallas van al cielo. Y en Babilonia estaba de moda proferir memorables lamentos por las aguas separadas, añade. Hoy, sin embargo, la mayoría no expresa en público sus emociones. Priman la obediencia y la represión del desasosiego. Existe, en cierto modo, una relación directamente proporcional entre ambas. Cuanto menos desobedece la gente, más incapaz se vuelve de transmitir sus sentimientos de desazón.

En la actualidad toca no manifestar el descontento, pese a que sobran motivos para hacerlo. Escribe Elizabeth Smart: “Aquí debes ir a tu oficina, llena de vida, con una chispa en los ojos, aunque sea sintética. Porque quién se atreve a ponerse en pie y decir: ¡Qué cansados estamos! ¡Oh, Dios, qué cansados estamos!” En un fragmento tan breve de su libro consigue esta escritora de origen canadiense darle palabras al retraimiento emocional de los individuos hoy.

No es de extrañar, como consecuencia de esta inhibición, el desmesurado consumo de psicofármacos. Una manera, tal vez, de conjugar la convivencia en la normalidad y la insatisfacción interior. El problema se complica, sin embargo, cuando el malestar se agudiza ante la imposibilidad de transmitirlo a los demás. Como apunta David Foster Wallace en su relato “La persona deprimida”, cuya lectura asocié al fragmento de Elizabeth Smart, esa imposibilidad es en sí misma un componente del desasosiego, cuando no de la angustia, y un factor que contribuye a su horror esencial.

Cabe entonces preguntarse cuál es el volumen de ansiedad que podría soportar el ser humano. Mientras tanto, por qué no proponer una actuación de acuerdo con la propia conciencia. Flotan en el aire las palabras de Eduardo Galeano tras el derrumbe de las Torres Gemelas: “Los altavoces ordenaron a los trabajadores que se quedaran en sus puestos. Se salvaron los que desobedecieron.”


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.


 

viernes, 16 de diciembre de 2016

MIEDO AL HOMBRE




En el paseo que a menudo realizo de noche con mis perros suelo atravesar un pasillo muy extraño. Debido a la desaparición momentánea de la acera, ocupada por la barriga cuadrada de un gran edificio, me veo obligada a desviarme del camino en línea recta. No llega ni tan siquiera a un minuto el tiempo que tardo en recorrer ese pasaje, flanqueado a un lado por la espalda del edificio y al otro por un largo muro. Sin embargo, durante esos interminables segundos me asalta un miedo terrible. 


El pasillo tiene algunos entrantes. Una persona podría ocultarse en uno de ellos para atacar de forma desprevenida a cualquiera. En verdad, es lo que mi imaginación inventa mientras lo atraviesa. Huele a meado, reina en él la suciedad y está desierto. Solo se ve a poca gente cruzándolo para alcanzar de nuevo la bulliciosa calle. ¿Por qué entonces esa inexplicable sensación de repentino miedo tan intenso?

Una amiga asoció el pasillo con la noche oscura y despoblada, en silencio. Pregúntale, dijo, a hombres y mujeres sobre su miedo cuando andan solos de madrugada por la calle y se tropiezan de pronto con un desconocido. ¿Piensas que responderán lo mismo? Los hombres, por lo general, podrán sentir miedo a un posible atraco o ataque violento. Las mujeres, sin embargo, temen antes sufrir una agresión sexual, una violación. Nosotras, que solemos buscar la ayuda de los hombres, le tenemos, paradójicamente, miedo a la figura masculina, al hombre. Es un miedo atávico, que debe de fraguarse desde muy temprano, en la infancia.

Eso pensé la última vez que recorrí el pasillo. Mientras avanzaba entre sus muros, mi mente me devolvía a un pasado común a muchísimas niñas: la vivencia antes de tiempo de la enmarañada naturaleza del soborno. En algún lugar, un hombre de sonrisa amable y cariñoso, nos regalaba chocolate o caramelos a cambio de meternos la mano debajo del vestido. Así comenzó todo, tal vez. Con el primer regalo de un depredador.


(Columna inspirada en la lectura de Noches insomnes, de Elizabeth Hardwick. Editorial Duomo.)



FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.


domingo, 27 de noviembre de 2016

LA MUJER DE LAVA




La mujer de lava nació de las entrañas del océano, de un quejido de mar. Tal vez nació para convertirse en refugio nuestro, de sus hijos. Llegábamos hace siglos, de noche, hambrientos, y ella nos esperaba. Dispuesta a guarecernos y a dormirnos en sus brazos. Durante nuestro sueño nos arrullaba, cantando bajito, mientras secaba nuestros sudores e iba curando las heridas después de tan largo viaje. Su nacimiento, las múltiples maneras de mostrase y nuestra travesía en ella son motivos de un poemario del excelente poeta José Miguel Junco.

Se titula La mujer de lava y está contenido en su libro de poemas, publicado por La Discreta, que lleva el mismo nombre. Supone un homenaje a la Isla, madre nuestra y de nuestros ancestros y hermanos. “En ti fuimos origen, // en ti interrogación, // en ti rumor de espuma, // en ti nos bifurcamos // asidos a tu vientre.”

Islas te llaman, dice un poema que alude en seguida a sus lindas ropas, a un pañuelo de nube y al mar que le persigue la cintura. Antes, sin embargo, trepó la lava vientre arriba y la mujer de lava se levantó del océano en erupción. “Todo el dolor del mundo // en un cuerpo que rompe.” El dolor de aquel sacudimiento permanece en su memoria y en la dicha diaria de existir.

En medio del mar hostil se supo de lava con más de siete destinos. “De lava para ser faro, // para ser abrevadero, // germen, surco, valle, todo.” Pero también “para dar paso a una historia // de espigas que se resisten, // de soles y de sequías, // de pura imaginación // al borde de un mar confuso.”

En el origen estaba ya señalado su sino en una danza loca de pétalos y lluvia. Su paciencia se nutre del recuerdo de la lava que la curte. Mientras tanto, los isleños cantan con su acento y “alrededor del fuego // los ancianos // refieren a los niños // cómo es que empezó todo.” Del misterio de la noche brota la imagen de la mujer que, en su regazo de lava, se está naciendo.




Diseño de la portada del libro: Marta Junco Parrilla.


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.


domingo, 13 de noviembre de 2016

UN PASAJE DE `LAS SIETE VIDAS DEL CANGREJO´. REBECA GARCÍA NIETO.




«Como habrán deducido, somos una familia creyente, al menos yo lo soy, mi marido es otro cantar... Él es más de Cortázar, dice cada vez que sale el tema. De hecho, todo este invento de la rayuela es cosa suya. Dice que `Rayuela´ es su Biblia, que es una metáfora de la vida. (...) La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos.»

                                                     

                   Rebeca García Nieto.-


(en Las Siete Vidas del Cangrejo. Edit. Alegoría)



sábado, 12 de noviembre de 2016

MOVER MONTAÑAS



Adoro la expresión “autobiografía disfrazada de autobiografía”. La leí en La última posada, que Imre Kertész considera su diario de muerte. Me cautivó de inmediato por la ironía que encierra. También porque el resultado de su libro es una muestra de la falsa disyuntiva entre ficción y eso que se conoce con el burdo término de “no ficción” cuando se habla de literatura.

Me vino de nuevo a la mente la expresión de Kertész mientras leía Noches insomnes, de Elizabeth Hardwick. En esta novela, destructora de géneros literarios, lo ficticio y lo vivido se permean entre sí de manera constante. Su narradora tiene rasgos notorios de Elizabeth Hardwick. Ambas comparten el mismo lugar de nacimiento y múltiples amigos, trayectorias vitales y experiencias. Pero todo se manifiesta en su novela como atisbo. Lo que se cuenta parece ideado para ir desviando a los lectores del rastro y revelar. Se hace uso de la propia vida, pero de un modo oblicuo. El yo que habla son los otros. Noches insomnes es, por tanto, una prueba más del carácter ilusorio de la distinción en literatura entre ficción y no ficción. Los escritores cuentan inventando e inventan contando. En cualquier caso, ¿acaso vivir no es también crear una ficción? Ninguna necesidad, entonces, de ocultar un mundo bajo el disfraz de otro distinto. Lo que vale es la calidad literaria. El estilo, capaz de mover montañas.

La narrativa o mueve montañas o es aburrida, dijo David Foster Wallace. Sus palabras se las inspiró el señor Shulman, un anciano de una residencia de mayores donde el escritor pasó un largo verano como voluntario. Allí le leía la Divina Comedia al señor Shulman. Un día le preguntó de dónde era y él respondió: “De justo al este de aquí, de las Rocosas.” El escritor quiso corregirle: “Señor Shulman, las Rocosas están al oeste de aquí”. El anciano hizo un voilá con las manos y dijo: “Muevo montañas.” Foster Wallace se quedó con esa expresión y si se le preguntaba sobre el posible contenido autobiográfico de su obra, sabía la respuesta: “La narrativa o mueve montañas o se sienta sobre su propio culo.”

 


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.

 

Imagen de Pedro Guerra.



 

lunes, 31 de octubre de 2016

ESCRITORES

Estar solos, recluidos en el propio cuarto, es el destino de los escritores. Así lo consideraba también August Strindberg. Pero en la soledad sentía a veces sobrecargarse su cabeza, amenazando con estallar. Los escritores deben por eso observarse, propuso en Solo, libro memorable donde aparece un pasaje sobre la tensión entre el ejercicio de la escritura y la lectura. Él procuraba, en cualquier caso, contrarrestar lo que salía y entraba en su mente.

“Tengo que hacer todos los días un esfuerzo de exteriorización, escribiendo; y una recepción de cosas nuevas, leyendo”, dijo. Cuando se pasaba el día entero sumergido en la escritura le acometía al atardecer un vacío indecible. Se quedaba agotado y con la impresión de no tener nada que decir. Y dedicar todo el tiempo a la lectura le hacía sentir tan lleno como si fuese a reventar.

El arduo intento de mantener un equilibrio entre lectura y creación literaria define, tal vez, el quehacer de los auténticos escritores. ¿Cómo considerar escritor a quien no lee y hace de la escritura un orinal de sus emociones?  “Soy un lector que escribe”, declaró en una entrevista Enrique Vila-Matas, prototipo del verdadero escritor. Parte del interés que despierta su obra, a juzgar por la recepción de sus libros, se atribuye a que invita al lector a participar en la búsqueda que este escritor emprendió en el momento de escribir. Escribe también, por tanto, para leer sobre lo que quiere hablar en la escritura.

Imagino a los escritores entregados a la creación de una nueva obra. Avanzan a tientas, pero firmes, de modo ininterrumpido. ¿No sufren, acaso, durante horas interminables por la llamada de otros libros que les reclaman desde la estantería ser leídos? Sufren, supongo, porque una vez dentro de la escritura, hasta el cuello. Mientras escriben su nuevo libro se ven obligados, es probable, a concentrarse en la exploración de un material que se relacione con su proyecto en marcha. ¿O tendrán la capacidad de suspender este para ajustarse a un horario previamente establecido?


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.



Imagen de Pedro Guerra.

 

martes, 18 de octubre de 2016

`LAS SIETE VIDAS DEL CANGREJO´, DE REBECA GARCÍA NIETO





La vida es un juego que va en serio, parece insinuar Rebeca García Nieto en su nueva novela Las Siete Vidas del Cangrejo. No en vano, entre las múltiples referencias literarias que abundan en el libro destaca Rayuela, de Julio Cortázar.  Escribe el escritor argentino, convirtiendo la rayuela en metáfora de la vida: “La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores.”

Rebeca García Nieto se apropia de la idea que subyace bajo esta cita para construir con gran sentido de la ironía los siete relatos, de atmósfera kafkiana, que constituyen la primera parte de Las Siete vidas del Cangrejo. En esta aventura, se dice en uno de ellos, no gana quien llega antes, sino quien sigue sobre el tablero. Difícil, sin embargo, continuar el juego como si nada pasase cuando la vida se tuerce profundamente. “Hay veces en que esta te mete la cabeza en la taza del váter”, proclama un personaje del libro, “y amenaza con tirar de la cadena”. Son esas situaciones límites y la capacidad de hacerle frente al sufrimiento lo que une a los protagonistas, que en apariencia nada tienen en común, de esta novela coral. Viene a ser en la segunda parte del libro cuando se revela la interconexión estrecha entre los siete individuos.

En Las Siete Vidas del Cangrejo hace uso Rebeca García Nieto de diferentes registros y estilos tipográficos. Todo aquello de lo que se habla en los relatos parece sugerir nuevos sentidos, como si las cosas aludieran una y otra vez a otras cosas. Las ideas, además de propiciar hondas reflexiones, se vuelven hechos en esta excelente novela donde las referencias al cine y la literatura se deslizan de forma sutil por las páginas. Todo lo imaginable es una realidad posible, parece decirnos la autora. También necesaria, tal vez, si se desea seguir jugando a la vida.


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.


viernes, 14 de octubre de 2016

`VIAJE A LA NADA´ , DE ELSA LÓPEZ




Lo que nos viene de la poesía, como de una eternidad siempre pasajera.                                        

                              Maurice Blanchot


Escribió Marcel Duchamp: “No hay solución porque no existe ningún problema.” No sé si este artista se refiere a la nada que nos habita contra la que nada se puede. En última instancia, si su cita supone una referencia a la muerte. Lo sea o no, encontré en sus palabras  una similitud con la voz poética de Elsa López en Viaje a la nada. Más bien, con la intensa mirada, ajena a toda afectación y drama, que despliega la protagonista en su travesía por esos paisajes del Polo Norte que convierte en un viaje interior. Islas heladas donde ella transita el fin del mundo. Y hablo de protagonista porque considero que los escritores no son capaces de hablar de sí mismos, aunque se lo propusieran, si no es volviéndose otros. En este sentido, el libro de Elsa López me parece que es “autobiografía disfrazada de autobiografía”, expresión no carente de ironía benévola que utiliza Imre Kertész para definir su libro La última posada, concebido por él como su diario de la muerte.

Los poemas de Elsa López se articulan en un doble poemario dentro del mismo libro. Uno de ellos narra en un cuaderno de viaje los pormenores del periplo de la protagonista por los diferentes parajes del hielo nórdico. El otro supone una reelaboración, cuando no abstracción, de esos apuntes, creando figuras poéticas muy sugerentes a base de extraer de la poesía -valga la redundancia- poesía.

El viaje a la nada, “blanca, gris, silenciosa. // Solo el mar para nombrarla//, escribe la poeta, transcurre en la nada hacia la nada, lejos de los confines de este mundo. Es un viaje rectilíneo sin posibilidad de regreso a casa. “Fuera de aquí, esa es mi meta”, podría proclamar asimismo la protagonista del libro de Elsa López, parafraseando a Kafka. Son palabras que escribe el escritor praguense en su relato titulado “La partida”, esta tan parecida a la que aluden los versos de Elsa López cuando dicen: “Es la hora de partir// hacia las heladas islas del norte”. Y “La muchacha sin rumbo// anota en un cuaderno el vaivén de su alma” son, entre otros más, versos de la poeta que hablan de ese viaje sin retorno, al fin de la noche. Un periplo durante el cual la poeta se va dando un buen “baño de tumba” como aquel del que habla Pablo Neruda en su poema No tan alto para “desde la tierra cerrada// mirar hacia arriba el orgullo”. También en un poema que escribe Elsa López en pleno vuelo sobre una de las ciudades del Norte, dicen los versos finales: “Negra el agua. //La muerte, negra. // Helada la muerte. // Y a modo de coronación del poema: “Debajo del cristal la nada espera”.

                                                Continuar leyendo aquí, en Revista de Letras.

 

martes, 4 de octubre de 2016

`ENTRELAZAMIENTOS´, DE LUIS JUNCO



                                Imagen tomada de "Bardinia". Emilio González Déniz.



BREVES NOTAS SOBRE ENTRELAZAMIENTOS
 


En la novela Entrelazamientos acierta Luis Junco permitiéndose el uso de libertades estructurales y estilísticas que enriquecen lo que se entiende por género novelístico. Se toma la licencia de apropiarse de los recursos del ensayo, la ciencia, la investigación y el documento, las cartas, el diario, la crónica...
Esta novela singular se va construyendo pieza a pieza, como se construye un puzzle. Un rompecabezas inacabado, porque, así se da a entender, el mundo es inabarcable, además de incomprensible, en su totalidad. De ahí que cada pieza elegida a conciencia por el narrador, cuyo oficio es el de escritor, tenga un sentido provisional. Durante el proceso de creación de Entrelazamientos se van descubriendo nuevas piezas que, porque entrelazan con otras, destronan a las primeras.
En esta novela coral de múltiples voces, sustentada en el carácter multiversal de la realidad, nada es lo que aparenta ser. O todo, parece insinuarse de acuerdo a la física cuántica, podría leerse de diferente manera. Al fin y al cabo, también el ser humano es a la vez original y copia de sí mismo en diversas latitudes espaciotemporales posibles.

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"Cada partícula elemental de las que estamos hechos va acompañada de una enorme cantidad de partículas idénticas que influyen sobre ella pero que son partículas fantasma. Y no solo ocurre eso con electrones, átomos y moléculas de nuestro entorno, sino que nosotros y el mundo material que nos rodea vamos acompañados de una innúmera cohorte fantasmal. Son como nosotros mismos -son nosotros mismos- pero no somos conscientes de ellos porque forman parte de otros universos."

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"He sobrevivido en múltiples universos, uno de ellos es este en el que me doy cuenta. pero en otros seguramente morí. En esos no me he dado cuenta porque estoy muerto. Quienes sí se han dado cuenta son los que en esos mundos me han sobrevivido, aquellos seres queridos para los que no conseguí superar la operación. Allí, ellos me lloran y poco a poco se hacen a mi desaparición."

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Entrelazamientos. Luis Junco. Ediciones de La Discreta. Madrid, 2016. 393 páginas.

domingo, 2 de octubre de 2016

NATALIA GINZBURG




La excelente escritora Natalia Ginzburg no se anduvo con rodeos a la hora de responder a ciertas acusaciones. En una nota memorable de la autora, refiriéndose a su novela Y eso fue lo que pasó, dejó escrito: “Algunas personas, cuando han leído esta historia, me han llegado a decir: Si hubieses sido más feliz, habrías escrito una historia más bella.” Así empieza su nota, que aparece en el libro, junto a la novela, traducida por Andrés Barba y publicada por Acantilado.

Su novela, es cierto, de alegre tiene poco. Comienza así: “Le pegué un tiro entre las cejas.” Es la voz de la protagonista, que contrasta, afirmándolas, con las palabras de Italo Calvino en el prólogo de la novela, que vio por primera vez la luz en 1949: “
Durante generaciones y generaciones lo único que han hecho las mujeres de la tierra ha sido esperar y sufrir. Esperaban que alguien las amara, se casara con ellas, las convirtiera en madres, las traicionara”.

Natalia Ginzburg solía callar ante los comentarios de las personas que la consideraban infeliz. Les daba la razón en eso, pero más cierto era para ella que no pretendía ser menos infeliz escribiendo. Ni aquella novela, ni tampoco otras. Procuraba, por el contrario, escribir a pesar de su infelicidad y sin haberse curado.

No concebía, de ninguna manera, la creación literaria como un orinal donde desahogar las emociones. Sabía que cuando uno se quiere meter el sol en los pantalones, como escribió Flaubert, estos se queman y uno se mea en el sol.  Ella no escribía para consolarse. Intentaba escribir, dijo, “sin dejar que mi infelicidad enturbiara e hiciera enfermar las cosas que escribía. Aunque para llegar a ese punto es necesario que la infelicidad no sea en nosotros una pregunta lacrimosa y llena de ansiedad, sino una conciencia absoluta, inexorable y mortal.”

FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.