sábado, 20 de febrero de 2016

PRESCRIPCIÓN INVERSA



Da gusto leer libros como Por un relato futuro, de Ricardo Piglia. Son conversaciones que este escritor mantiene con Juan José Saer sobre literatura. Ambos interlocutores despliegan una hermosa sabiduría, antídoto contra la banalización de la creación literaria. Lectores empedernidos, dialogan acerca de las tradiciones literarias múltiples y su relación con la llamada vanguardia, las diferentes poéticas de novela, la ficción y los diversos materiales y procedimientos narrativos, etc.
 
Cuando les toca el turno de hablar de sí mismos se muestran muy cautos. Se les pregunta en qué autores y en qué tradiciones se reconocen. Los escritores en los cuales uno se reconoce son aquellos que algunos lectores pueden identificar en la obra de uno, dice Saer. Piglia declara que “a menudo uno tiene una noción de cuáles son, imagina o quiere que sean sus tradiciones, pero no necesariamente esa es la experiencia que hacen aquellos que leen la obra que uno escribe.” Ambos coinciden en que no siempre, de ninguna manera, lo que uno dice es lo que sucede cuando se escribe. La última palabra la tienen la obra y los lectores, los cuales desempeñan un papel importante en la literatura. 
 
Contrastan las opiniones y la actitud de estos dos grandes escritores con la falta de conocimientos literarios y de modestia que muestra en la actualidad un sinfín de autores de libros. ¡Cuánta gente presume saber escribir sin apenas haber leído! Enaltecidos, además, muchos de los autores por el marketing, se les presenta a bombo y platillo como el último nuevo Marcel Proust o Roberto Bolaño. Con el propio consentimiento y sin escrúpulos a la hora de vanagloriarse de su capacidad para combinar el oficio de la escritura –fácil y rápida- con una vida plena en el seno del mundanal ruido.
 
No sería, por tanto, mala idea proponer con urgencia una normativa de prescripción inversa. ¿En qué consistiría? Entre otros, decretar el respeto a un prudente paso del tiempo para poder enjuiciar la valía de una obra. Así se respetaría también a los lectores. De paso, asimismo, a nuestros antepasados, escritores excelsos que se merecen un lugar en la literatura. 





martes, 16 de febrero de 2016

PALABRAS DE JUAN JOSÉ SAER SOBRE ARTE Y VIDA



"¡Uy!, la dicotomía del arte y la vida es un tema remanido y cansador. No me cabe la menor duda de que el arte es la vida más intensa que pueda existir. Cuando leo un buen texto literario, cuando escucho música, cuando veo una buena película, cualquier experiencia estética es una fuente de vida muy fuerte, densificada.  Lo que yo no quiero es que se considere que el arte representa la vida. No la representa. Además yo no sé lo que es la vida. Hay algo que da una ilusión de vida.  Pero como no sabemos lo que es la vida real, toda nueva propuesta del arte que puede ser de lo más inesperada será una hipótesis de vida, pero eso de si el arte es la vida o su representación, eso no. Ningún sujeto puede vanagloriarse de haber penetrado en la vida."

                                                                   Juan José Saer.-

(en Por un relato futuro. Conversaciones con Juan José Saer. Ricardo Piglia. Editorial Anagrama. Barcelona, 2015).




domingo, 7 de febrero de 2016

FICCIÓN






Enrique Vila-Matas escribió en un artículo que “la ficción, como si sonara a condado antiguo, la sitúan ya algunos en una remota región del país de los ficticios.” Se promociona hoy, añadió, el relato llamado verídico en detrimento de la invención literaria. No parece extraño, en consecuencia, el afán tan extendido en la actualidad de inspeccionar la vida exterior de los escritores. La “dimensión horizontal”, en palabras de Reiner Stach, frente al mundo interior o la “dimensión vertical” en que transcurre la escritura.

El artículo de Vila-Matas me despertó el recuerdo de los periodistas que viajaron a China cuando le concedieron a Mo Yan el Premio Nobel de Literatura. Fueron con sus cámaras para conocer in situ la extensión social y familiar de este escritor. ¿Habrán descubierto que también Mo Yan tiene que comer y hacer la digestión como el resto de los mortales?
Si en el pasado un puñado de periodistas se hubiese desplazado a la Praga de Kafka, ¿qué habría podido decir de la vida de este escritor que confesaba pasarse la mitad del día en la cama o en algún sofá, apático y soñando lejano? Nada que se relacionara con lo que escribía y dejaría en la posteridad sin aliento a tantísimos lectores.

En el espacio vertical donde tiene lugar la escritura puede penetrar el paisaje social, qué duda cabe. Pero es la ficción literaria el ámbito en el que los duendes de los escritores lo recrean. No parecen haberlo entendido así tampoco los periodistas que se empeñaron en ir a la casa de la tía de Mo Yan para entrevistarla. Oyeron que en un libro del escritor chino aparece la figura de su tía y ella tuvo que esconderse. No soportó el acoso de los reporteros que la confundían con el personaje de la novela. Mo Yan la considera, además, alegre, encantadora y feliz, mientras la tía literaria parece un miembro de la mafia y una loca que vaga en la noche como un fantasma. Siendo diametralmente distintas, la primera no se enfadó cuando supo cómo él la había descrito en su libro. Ha sabido entender la compleja relación entre los personajes literarios y las personas de carne y hueso.


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.



miércoles, 27 de enero de 2016

ESCRITURA DIGITAL.





A propósito de Últimas noticias de la escritura. Sergio Chejfec. Editorial Jekill & Jill. Zaragoza, 2015. 


Termino la lectura de Últimas noticias de la escritura, excelente libro de Sergio Chejfec, y me acuerdo de unas palabras que pronunció José Saramago. Jamás una lágrima emborronará un correo electrónico, dijo este escritor en alguna ocasión. Con sus declaraciones parecía dolerse de la inmaterialidad de la escritura digital. Es probable que, de haber vivido más tiempo, Saramago habría pensado hoy de otro modo. Una vez que se han impuesto los procesadores de palabras, la escritura en ordenador no parece que sea menos próxima y envolvente.

El uso del procesador de palabras, escribe Sergio Chejfec, “es lo que mejor emula la escritura a mano en términos de plasticidad en el manejo del texto y también en términos de inmediatez.” Baste con recordar la máquina de escribir, apunta. Los problemas con la tinta y los errores y correcciones,  la cinta de dos colores, el mecanismo selector, las tabulaciones y espaciados, los ruidos, la presión de los dedos. Imposible olvidar todos los obstáculos que debían ser salvados con otros accesorios. Sin embargo, escribir en el ordenador se asemeja al “movimiento sutil de la mano cuando dibuja una letra sin pensarlo”. Resulta curioso, además, que la escritura digital intente solapar la ausencia de un sustrato físico. Como si pretendiese suplir una falta, imita el formato impreso.”La organización textual sigue siendo básicamente la misma que en el pasado: la palabra, la línea, el párrafo, la página.”

La escritura, entendiendo por ello incisión o marca sobre una superficie, pervive en un medio virtual para el que esa materialidad es una simulación. Representada idealmente en la pantalla del procesador, nos genera la ilusión de que nos pertenece. ¿O acaso alguna vez hemos pensado en el riesgo de un colapso y la consecuente eliminación de archivos?
“Esa condición flotante de la escritura sobre la pantalla me hace pensar en ella como poseedora de una entidad más distintiva y ajustada que la física.  Como si la presencia electrónica, al ser inmaterial, se hermanara mejor a la insustancialidad de las palabras y a la habitual ambigüedad  que muchas veces evocan”, dice Sergio Chejfec en Últimas noticias de la escritura, libro rebosante de ideas sugerentes.

FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.

jueves, 21 de enero de 2016

`EL DETECTIVE AMAESTRADO´. SAMUEL RODRÍGUEZ NAVARRO.



ALGUNOS FRAGMENTOS DE EL DETECTIVE AMAESTRADO

"Nada me gustaría más que servirte un vaso de gazpacho que acabo de terminar de hacer, sí, a ti, que estás leyendo esto. Qué pena que todavía no se pueda uno bajar exquisiteces culinarias por la Red, que si pudiera, te mandaba un archivo encriptado con una fiambrera llena hasta arriba. Con su vinagre de manzana, no lo olvides."

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"La poesía no es solo eso. Es mucho más simple. Habla de ti y de mí, de lo que te ata al mundo y de lo que desprecias de él, de lo que sientes o de lo que podrías ser capaz de sentir, o de lo que nunca sentirás. En ocasiones leer un poema es como haberse tragado un espejo y mirar hacia adentro, a ver qué se refleja."

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"Como en tantas otras ocasiones, vienen unos versos a explicarme cosas de mí que ni yo mismo entendía."

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"Pero hoy sólo me salía pedir prestadas palabras a otros para hablar yo."

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El detective amaestrado. Samuel Rodríguez Navarro. Ediciones Idea. Canarias, 2009.-


viernes, 15 de enero de 2016

`OJALÁ OCTUBRE´, DE JUAN CRUZ RUÍZ




Ojalá octubre, libro cautivador de Juan Cruz Ruiz, nació de la última mirada del padre de este escritor. Desesperanza y claudicación mostraron esos ojos antes de apagarse del todo en el hospital. Se cancelaba así la búsqueda del paraíso en la tierra, sueño que siempre mantuvo vivo al padre. Entregado a su camión, la herramienta principal para llevar el pan a casa, sobrevolaba con su fantasía las calamidades. Era su modo de viajar muy lejos y de proteger a sus seres queridos, protegiéndose de la infelicidad. Tal vez por eso se le viera con frecuencia silente y con semblante melancólico, como escuchando voces venidas de otra parte. Incluso comía de lado, con las piernas fuera de la mesa, como si se estuviera yendo.
Es esa manera de estar y no estar a la vez lo que intrigaba a su hijo Juanillo, que regresa en Ojalá octubre. Juan Cruz narra en este libro cómo miraba de niño a su padre. Y dice: “Escribo para entenderle.”

Tal vez escriba también para adueñarse de su pérdida, en lugar de ella adueñarse de él. Supone, además, un modo de ponerse en contacto consigo mismo. La evocación del progenitor le devuelve, en cierta medida, su propia imagen de adulto. En una escena memorable del libro, muerto ya el padre, creyó verlo venir hacia él por un pasillo de la Redacción del periódico. En realidad era su propia figura caminando lo que se reflejaba en un gran espejo.

El título del libro, Ojalá octubre, procede de unas palabras que envió Truman Capote en la carta a un amigo. ”Me gusta tanto este mes que ojalá siempre fuera octubre”, escribió. Se sintió feliz por un momento y lo dejó escrito. El padre de Juan Cruz ansiaba la eternidad de un instante feliz. Buscó el inexistente paraíso, perdido de antemano. De ahí, quizás, su carácter melancólico. Sin embargo, soñar el paraíso es una manera de vivirlo.
La escritura le ha permitido a Juan Cruz darle forma a esos sueños paternos que expresaban lo que de niño él sabía pero aún no lograba decir. Las bellas e inquietantes reflexiones que suscita su libro no dejan indiferente, desde luego, a los lectores.

FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.


jueves, 7 de enero de 2016

`DIME QUIÉN FUI´. EN LOS CONFINES DE LO NARRABLE. POR ISABEL VERDÚ.


                                                                                                                       

¿Qué sucedería si un padre a quien apenas conocemos, un padre prófugo y desaparecido desde la infancia, reapareciera en el momento de su declive para reclamar nuestros cuidados? ¿Sería fácil zafarse de ese imperativo moral que nos impele a cuidar de nuestros mayores? ¿No sentiríamos cierto grado de curiosidad o apego que nos impediría enviarlo por donde vino? ¿Y qué repercusión podría alcanzar esta llegada a nuestras vidas, como una mancha que se va extendiendo imperceptiblemente?
A estas premisas parece responder Dime quién fui, de Elisa Rodríguez Court (Canarias, 1959), un relato nada estandarizado sobre el declive físico y mental de una persona, y sobre todo, sobre la vivencia que ello supone en su hija mayor, la única que decide cuidarlo y acompañarlo a pesar de los pesares. El viejo está aquejado de Alzheimer y su comportamiento resulta incongruente desde el origen, cuando reaparece ya anciano (nunca llega a saberse mucho de su vida anterior, desde que se fugó del domicilio familiar dejando a mujer e hijos pequeños) hasta su fin (donde su capacidad de expresión y reconocimiento va despedazándose por momentos.) Rodríguez Court nos hace transitar por ese camino sinuoso y sombrío hacia la muerte, en un marco muy peculiar, ausente de sentimentalismos, puesto que el que se va es alguien que nunca estuvo del todo tampoco, ni en presencia ni en la conciencia .“Él es y no es mi padre”, afirma la narradora, y por ello el afecto tampoco está de manera palmaria, como tampoco el odio.

Se trata por tanto de un relato mortuorio pero desapegado; una penetración en el día a día de la enfermedad pero sin lírica ni épica ni catarsis. “Este hombre arruina mi vida”, afirma sin reparo; “huelo a viejo, digo entre dientes, y de inmediato me siento culpable.” Sobre todo, quedan siempre en la sombra los motivos por los que se ocupa de él, que van desde la curiosidad, la necesidad de reconstruir un padre, hasta otros más oscuros:
“Ahora soy yo quien lleva las riendas de su vida. Me he convertido en su dueña y a él le corresponde obedecer. (…) creo estar ejerciendo algún tipo de venganza”.
Y precisamente por esa falta de convencionalismos se hace el relato certero: huele a la complejidad de lo real; transpira por todos los poros ambivalencia crepitante: la contradicción asombrosa, desnuda, que late en el centro de toda experiencia límite.
“¿Quién escribió que la creación literaria ilumina zonas de lo real a medida que va dejando otras a oscuras?”, se nos invita a pensar.
Dicho efecto de ambivalencia se consigue mediante la peculiaridad del argumento, pero también mediante una forma literaria exigente y bien trabada. En primer lugar, el discurso narrativo se erige en presente, lejos del tiempo del pasado que es el propio del relato construido, como indicaba Barthes en El grado cero de la escritura, de manera que se consigue un efecto mayor de realidad, que se va abriendo a sí misma como una revelación del instante, en su veracidad y falta de artificio. De este modo nos hace partícipes de la realidad “bárbara, muda, sin significado”, como nos sugiere de un modo abiertamente vilamatiano, pues dichas citas procedentes de Chet Baker piensa en su arte u otras obras de Vila-Matas se injertan con naturalidad en la novela formando parte del texto mismo, diríase que robándoselas al propio autor, del mismo modo que haría él mismo.
En segundo lugar, el discurso se entrevera de un haz variado de citas, no siempre relacionadas directamente con la trama, pero sí con un matiz de la emoción o del pensamiento; citas de autores de gran voluntad literaria como Julian Barnes, Sergio Chejfec, Carlos Skliar, John Banville, y, por supuesto, Enrique Vila-Matas.

                                                                    
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martes, 5 de enero de 2016

`PIERNAS FANTÁSTICAS´, DE RICARDO REQUES

Adeshoras


“Quien realmente me importaba no era ella, la amada, sino yo mismo, el que amaba. ¿No es siempre así? ¿Acaso el amor no es el espejo de oro bruñido en que contemplamos nuestros relucientes yoes?”

                                John Banville. Imposturas.

“La belleza quizá está en la exageración de las formas cotidianas que amamos. Creo que prefiero el reflejo a la realidad”.

                               Ricardo Reques. Piernas fantásticas.

Son diecisiete los relatos que componen Piernas fantásticas, libro de Ricardo Reques. Recién publicado por la editorial Adeshoras, contiene ilustraciones sugerentes de Soledad Velasco. Las imágenes de la cubierta del libro son también de esta pintora e ilustradora.

Las piernas de mujeres, presentes en los cuentos, se vuelven un motivo que insinúan otras cosas. Suelen ser fascinantes y, como todo objeto bello, producen en los observadores tanto atracción como espanto. La belleza, se sabe, es la última barrera del horror. Las piernas se muestran cargadas de un conjunto amplio de significados potenciales a desentrañar. Símbolo de la sensualidad femenina y del afán de posesión de la mirada ajena, nombran con frecuencia una ausencia o una falta. Despiertan en los personajes del libro sentimientos encontrados. En los relatos asoman el sentido de fragilidad, la culpa, la tristeza, el alivio, el consuelo y desconsuelo, la envidia y los celos, el placer y la felicidad.
Adeshoras

Eros y tánatos se dan la mano en los relatos. A veces literalmente, como ocurre, por ejemplo, en El secreto de Tramell, primer cuento del libro que recuerda la figura de la mantis religiosa capaz de devorar a su compañero durante o después del apareamiento. Otras veces se muere de amor por una pérdida real o imaginaria. Es el imaginario el lugar donde transcurre la mayoría de las acciones. Por eso también se pierde lo que nunca se ha poseído realmente, así como se producen muertes dulces. En Piernas fantásticas parece insinuarse que el deseo o la realización del amor pasa factura. Se paga una prenda, porque tener es asimismo perder. Sucede, a modo de botón de muestra, en el cuento La loba, en mi opinión, uno de los mejores, junto a El saxofonista de la calle Preciados y Dedicatoria. Con referencias implícitas a Shakespeare y a Macbeth, su atmósfera inquietante se asemeja, además, a ciertos relatos de Joseph Conrad. Su protagonista se sumerge en un viaje al fondo de la noche. Desea conquistar a una joven inmortal extremadamente bella y termina recibiendo, a cambio del amor correspondido, el peor de los castigos.

Piernas fantásticas
contiene un amplio abanico de reflexiones filosóficas, pero persigue sobre todo la idea de la belleza. ¿Por qué seducen las piernas de las mujeres?, se pregunta uno de los personajes. Recuerdan a la tentadora serpiente del paraíso terrenal, piensa. Es una respuesta cautivadora, pero a la vez tan solo una contestación entre otras tantas posibles. No en vano escribe con cierta ironía Ricardo Reques que “siempre podemos inventar explicaciones para lo que no entendemos.”


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