domingo, 8 de julio de 2018

FELICIDAD CLANDESTINA

La felicidad clandestina es el título de un relato que escribió Clarice Lispector. Alude, creo, a ciertos momentos de embriaguez que se viven frente a las imposiciones de la realidad mezquina. Instantes placenteros que cada persona experimenta de una manera propia. Porque solo los reconoce quien goza de su disfrute, se consideran secretos, clandestinos. Clarice Lispector asocia esa experiencia a la lectura y al amor por los libros.

Protagonizan La felicidad clandestina dos niñas. Una es devoradora de historias. La segunda, además de ser hija del dueño de una librería, posee el talento para la crueldad. Al principio humilla a la primera, obligándola a pedirle prestados solo libros que a ella no le interesan. Luego perfecciona su sadismo. Le comenta que tiene determinado libro que la otra ansía leer y no puede comprar. Promete prestárselo en su casa. Sin embargo, le pone un sinfín de excusas cuando toca un día tras otro a su puerta. Ya ha prestado el libro o aún no se lo han devuelto, le dice.

Una tarde aparece su madre, pide explicaciones sobre la visita diaria de la niña y termina recriminando a la hija su negativa a leer ese libro que nunca, además, ha salido de la casa. Le ordena entonces dárselo de prestado a la otra para que se lo quede todo el tiempo que desee. Que le presten el libro por un tiempo indefinido le parece a esta un regalo mayor que si se lo hubieran regalado. Tiene la posibilidad de demorarse cuanto quiera en la lectura. Todavía más, crea obstáculos falsos para postergar el momento de sumergirse en la lectura y darle así más intensidad a su placer clandestino. "A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo", cuenta. "Ya no era una niña más con un libro: era una mujer con su amante."

¿Cómo describir esa experiencia intransferible de la niña, cómo acceder a su vivencia íntima, secreta, que no puede ser expresada con un lenguaje que le es exclusivo? me pregunté tras haber leído el cuento. Sería como pretender compartir el placer estético que experimenta una persona al contemplar extasiada la luz de un cuadro de Vermeer.


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.

viernes, 29 de junio de 2018

UNA LÓGICA PERVERSA

Los gobernantes son muy humanos. Aplican las leyes, sus leyes, a rajatabla. Incluso tienen en cuenta las circunstancias excepcionales que contempla la ley. Es un barco a la deriva, al que no dejan atracar en ningún otro puerto, con personas en una situación extrema, casi sin combustible, ni víveres, y con niños y mujeres embarazadas, dijeron sobre el Aquarius. La legislación autoriza la entrada de náufragos recogidos en el mar. Sin embargo, no permite entrar a las personas que llegan en patera. Considera que alcanzan la costa de forma ilegal y ellos, los gobernantes, no consienten ningún atentado contra la legalidad. Participan de las creencias que sostienen la maquinaria legislativa europea sobre asuntos migratorios. Solo juegan con el estrecho margen que esta les ofrece.
Acogen en tierra firme a los 630 náufragos del Aquarius. Les dan refugio, agua, comida, colchones y abrigo. También les conceden una autorización de residencia durante 45 días, permiso previsto en la ley de Extranjería para casos contados. Tras ese plazo, los gobernantes enjuiciarán la situación de cada náufrago acogido. La mayoría, de acuerdo al trato igualitario, será, se supone, deportada. O tal vez en esta ocasión expulsen los gobernantes solo a unos cuantos. Así lavan su imagen. Se agarran a la necesidad humanitaria, excepción reconocida por la ley, sin salirse del marco legal. Todavía más, lo refuerzan con sus lágrimas. ¿Acaso mostrarse indulgente con los inmigrantes en general no animaría a otros miles más a embarcarse e intentarlo?, nos dirán. Entonces, proclamarán a los cuatro vientos, tendremos que responsabilizarnos moralmente de tantos naufragios en alta mar.

La clemencia contribuye a la muerte de seres humanos, vociferan los gobernantes, tan humanos. Mientras tanto, los gobernados nos aferramos a nuestros privilegios aquí. Asimismo, a los valores e ideas que se derivan de la creencia de que todos son privilegios merecidos.

domingo, 10 de junio de 2018

LA SILLA DE CAMILLE CLAUDEL



Ahí está ella, en la silla, tal y como la ha sentado Michéle Desbordes en su novela El vestido azul. Delante del pabellón, inmóvil y con las manos cruzadas sobre el regazo, Camille Claudel espera y espera y espera. Antes arrastró la silla hasta el jardín y se puso a mirar y mirar y mirar. De vez en cuando ve el paisaje en blanco y negro, muy negro, pero en la mayoría de las ocasiones inventa con su mirada diferentes colores y tonalidades.
Contempla el mundo girando alrededor de su silla. Fija la mirada en el horizonte e imagina la llegada de su hermano Paul, única visita que recibe en el psiquiátrico donde su familia la ha recluido en contra de su voluntad. En ese infierno pasará sus treinta años restantes de vida.

Sentada en la silla, cierra los ojos y ve llegar por el sendero de siempre a Paul, quien apenas la visita. Quizás, porque anda a menudo de viaje, escribiendo poemas y reuniéndose con artistas, o tal vez porque le aterrorice ver a su querida hermana consumiéndose en el pozo oscuro al que ha sido arrojada por iniciativa de la madre. Qué más da, habrá pensado su progenitora. Para estar encerrada en su taller, mejor meterla entre rejas. Contó también con la complicidad de Paul. ¿Se vería este incapaz de asistir a su tristeza y desesperación, a su reclusión permanente en el taller donde se dedicaba a esculpir sin descanso para terminar destruyendo su obra? Razones tenía, puesto que no solo sufrió la traición de Rodin, su maestro y amante durante quince años. Posó para él y esculpió sin firmar sus piezas, excelentes esculturas de las que se apropió su maestro. No se le permitió llevar a cabo su carrera artística de forma independiente a la de Rodin.

Ahí continúa, sentada en la silla, esperando y esperando. No se sabe si ahora desprecia el tiempo que aún le queda porque ya han matado sus sueños o si todavía sueña con poder adueñarse de sus días y convertirse en lo que nunca ha dejado de ser: Camille, mujer libre y artista de una obra excelsa. Única.


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.


domingo, 27 de mayo de 2018

DIGNIDAD




Nadie es tal vez tan esclavo como quien se considera libre sin serlo. El mismo nivel de servidumbre parece darse también, sin embargo, cuando un subordinado enaltece al amo, cree merecerse el ultraje y consiente la peor humillación. Eso pensé después de haber leído las palabras de Larsen, protagonista de El astillero, novela de Juan Carlos Onetti. Quiere hablar de dignidad a un sirviente joven y sumiso, acostumbrado a obedecer siempre a sus superiores.   Conoció a un muchacho que vendía violetas en la madrugada, le cuenta. Una noche llegó este con los ramitos de violeta a un cafetín frecuentado por gente de bien, atravesó el local lleno y entonces dos vigilantes, a la vista de todos, lo manosearon entre risas.

Algo así, piensa Larsen, es lo último que podría pasarle a un tipo, pero su relato no tiene en el joven oyente el efecto esperado. El sirviente no entiende qué ha querido decirle y continúa impasible con su labor de limpieza. Larsen no se da por vencido y sigue hablándole. El muchacho de las violetas, le aclara, sabía que los clientes del cafetín observaron los tocamientos y burlas de los vigilantes. Por tanto, no podía disimular ante los ojos de los demás que había sido agredido. Tampoco se atrevió a enfadarse porque creía deberle respeto a la autoridad por ser la autoridad. Consideraba, en consecuencia, normal sus atropellos contra las personas. Así que hizo la cosa más triste de este mundo, piensa Larsen. Mostró una sonrisa a los clientes del cafetín.

La anécdota de Larsen me recordó otra de una mujer. Empleada de una granja donde vivía por necesidades económicas junto al propietario, un déspota, cumplía con su duro trabajo. No solo se propuso abstenerse de establecer el menor lazo de simpatía entre los dos. Se acostumbró, además, a odiar al amo. Era su manera de obedecerle sin degradarse. Salvaguardó la propia dignidad con el odio. Sin embargo, el hombre interpretó la actitud distante de la empleada como una prueba de sometimiento a su mando.

FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.
       


lunes, 14 de mayo de 2018

'IMPÓN TU SUERTE', DE ENRIQUE VILA-MATAS


Mientras más me adentro en la obra de Enrique Vila-Matas, mayor es la sensación de grata oscuridad. Sumergirse en cualquier libro de este escritor es como navegar en alta mar sin nada a lo que aferrarse. Es descubrir que para la contemplación del vacío no se precisa ningún apoyo que engañe a la mirada. ¿De qué valdría estrechar los límites de la percepción para sentirse seguro en un mundo de naturaleza inexplicable? Con un estrechamiento de la capacidad perceptiva se encoge la conciencia y, por ende, se disipan las posibilidades de acercarse a otras formas de pensar.

Mientras más me adentro en la peculiar obra de Enrique Vila-Matas, más reconocible se vuelve ante mis ojos. A la vez me resulta inalcanzable, quizás porque está en permanente movimiento. Pretender abarcarla sería como proponerse ponerle cerco al océano en medio de alta mar. La obra de Vila-Matas se desborda por los lados y cuando crees haber arribado a algún área de confort, ya estás en un lugar diferente. Una zona de riesgo que te impulsa a seguir avanzando hacia adelante, brazada a brazada, sin descanso.

En la literatura de Vila-Matas todo parece repetirse con infinidad de variantes que convierten cada uno de los libros en algo nuevo y también distinto. Es la impresión que he tenido leyendo Impón tu suerte, libro recién publicado por la editorial Círculo de Tiza. Consiste en una colección de artículos, conferencias y ensayos, vivero importante del que se alimentan las novelas de Vila-Matas. Característico de este escritor es el continuo trasvase del ensayo a la narrativa, y viceversa, cuyo resultado es una obra única, genuina e inclasificable.

En Impón tu suerte, cuyo bello título nació de un verso de René Char, Vila-Matas impone otra vez su suerte y abraza la felicidad dispuesto a exponerse al riesgo. Consigue, además, que los lectores respiren felizmente sus palabras en este libro: “Te sentirás a solas con los dioses, y cabalgarás la vida hasta la risa perfecta. Es la única batalla que cuenta.”


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.

sábado, 28 de abril de 2018

LEYENDO ´IMPÓN TU SUERTE´, DE ENRIQUE VILA-MATAS



LEYENDO IMPÓN TU SUERTE...






Impón tu suerte, Enrique Vila-Matas.
Editorial Círculo de Tiza. Marzo 2018.-



EL LIMPIABOTAS DE PETER HANDKE



Vi de pronto, mientras paseaba, a un limpiabotas en el parque. Sentado sobre su viejo taburete de madera y de patas muy cortas, cepillaba los zapatos de un turista. Me detuve un rato a contemplarlo como quien se detiene a mirar una escena extinguida, propia de un tiempo pasado. La infancia se me echó enseguida encima y, por alguna asociación de ideas, me vino a la mente el maravilloso anciano limpiabotas de un cuento que escribió Peter Handke. La visión del hombre limpiando el calzado del extranjero me produjo el mismo efecto que ese relato cuando lo leí en el libro Una vez más para Ticídides.

Con cuánta meticulosidad limpiaba el limpiabotas del cuento los botines de su cliente. De forma lenta comenzó a desempolvarlos, uno a uno y parte a parte, manejando con suavidad y firmeza su cepillo curvo. Los pies, el empeine, las puntas de los dedos parecían agradecer el trabajo. Luego sacó un paño y embadurnó con betún, despacio y a fondo, tal y como procedía también el limpiabotas del parque, los botines. En su lata quedaba solo una pequeña masa negra, pero se las ingenió para que le alcanzase. Aplicó cada copo con extremo cuidado.
Cuando el limpiabotas del parque comenzó a sacarle brillo a los zapatos con un nuevo cepillo proseguí la caminata, todavía cautivada por el recuerdo de los botines que el limpiabotas del cuento dejó resplandecientes. Relucían como nunca antes, después de haberles pasado un cepillo de abrillantar y, finalmente, un paño. Era el único calzado que su dueño, radiante de felicidad, se pondría hasta desgastarlo. Entonces sentí estar viviendo una experiencia de sintonía con la raza humana. La lentitud, el esmero, la durabilidad y el amor en la demora adquirían significado. Regresé, gracias al limpiabotas y su arte, a momentos que en la actualidad se suponen carentes de acontecimientos. ¿O acaso vivir hoy no es casi siempre hacer que las horas pasen en lugar de prolongar el tiempo dando una vida insustituible a cada instante?


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS

jueves, 19 de abril de 2018

ESCRITORES JÓVENES


                                                    


 Para ser escritor no se precisa sacar un título. No hay puerta por donde se entre a la escritura, como no existe ninguna que dé entrada a la vida. Escribir no convierte, sin embargo, en escritor a la persona que escribe. Tampoco la práctica de la escritura, aunque se prolongase en el tiempo y obtuviera un reconocimiento público, concede al individuo un grado de veteranía ventajosa. Se sabe de escritores cuya obra es de pésima calidad y, no obstante, gozan de un éxito mediático solo explicable en el contexto del actual mercado.

 Hoy pierde valor la idea de la literatura como excelencia y prevalece el desprecio por la lectura literaria. No resulta extraño, puesto que el libro se considera un producto más de mero entretenimiento. Al alcance de todos, se socializa en igual medida en que se degrada. De ahí, entre otros factores, la necesidad de profundizar en el debate abierto sobre la banalización de la ficción literaria.

Concurre hoy una variante de ese debate que no es ajena a la literatura y, sin embargo, parece carecer de interlocutores claros en el ámbito literario. Afecta a un alto número de excelentes escritores jóvenes que no consiguen publicar. Incluso muchos escritores consagrados gracias a la grandeza de sus obras suelen intervenir poco o nada en el tema. El panorama no puede ser más desolador: la dificultad de encontrar una editorial, el ánimo de lucro encubierto de editoriales que publican manuscritos a precio de oro y ni siquiera colaboran en la posterior distribución de los libros, concursos literarios manipulados por camarillas, amiguismo y exclusiones sectarias, ausencia de promoción y uso de zancadillas, toma de decisiones por parte de personajes no pertenecientes al espacio literario y silencio
de los medios…

No vale decir que si una obra es buena termina viendo la luz. Mentira. Me parece, además, una impostura suponer que los escritores jóvenes que no logran publicar deben contentarse con el ejercicio de la escritura, casi tan sagrada para su vida como el hecho de respirar.


viernes, 30 de marzo de 2018

ADOCTRINAMIENTO



Asisto con horror al espectáculo protagonizado por quienes defienden la ideologización del arte y, en concreto, de la literatura. El alcance práctico de esta defensa incluye el adoctrinamiento de los lectores como cometido de la ficción literaria. Una idea descabellada que me ha recordado la lamentable anécdota que sufrió J.M. Coetzee tras haber visto la luz su novela Hombre lento. Se la contó a Paul Auster durante uno de los intercambios virtuales entre ambos en Aquí y ahora.

Coetzee recibió una carta ofensiva de una lectora inglesa muy enfadada. Ella lo critica duramente por insultos antisemitas gratuitos contenidos en dos páginas de la novela. “Su referencia a los judíos”, le escribe, “hecha de forma tan despectiva no añade nada valioso a la historia, y en mi opinión está de más.” No contenta con sus juicios, finaliza su carta diciendo que las injurias antisemitas invalidan toda la novela.

Coetzee ha escrito, dice Paul Auster, una novela y no un panfleto sobre comportamiento ético. Además, los comentarios desdeñosos sobre los judíos, por no hablar de antisemitismo declarado, forman parte del mundo que vivimos, añade. ¿Acaso tienen que coincidir el autor y los personajes en sus opiniones?

La mujer, de acuerdo con los partidarios de ideologizar la literatura, parece no saber que la ficción, como escribió hace poco Enrique Vila-Matas, es otra forma de pensar y que los escritores se olvidan a sí mismos cada vez que escriben una obra literaria. Porque dan voz imparcial a los diversos pensamientos y a las más antitéticas pasiones, su perspectiva intenta abarcar los trescientos sesenta grados. Ni se inmiscuyen en las creencias y sentimientos de los personajes, ni eligen ideológicamente entre voces encontradas.

Ficción es ficción, escribió Nabokov, para quien calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. ¿Cómo reaccionaría este escritor si pudiera levantarse de su tumba y escuchara los discursos moralistas y adoctrinadores en torno a su novela Lolita, obra maestra de la literatura?


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.




'LA FIESTA DEL TEDIO', ENTRE LAS NOVELAS FINALISTAS DEL IV PREMIO INTERNACIONAL DE NARRATIVA «NOVELAS EJEMPLARES»





 Mi novela La fiesta del tedio, un homenaje a Clarice Lispector, entre las finalistas del Premio.



FALLO DEL IV PREMIO INTERNACIONAL DE NARRATIVA "NOVELAS EJEMPLARES"  (Para ver todo pinchar en el enlace)




Un jurado compuesto por:

Alberto 
de Frutos Dávalos (Ganador del Premio Novelas Ejemplares 2017), Gema Areta Marigó (España), Ángela Poza Fresnillo (España), José Prats Sariol (Cuba), María Rubio Martín (en representación de la Facultad de Letras) y Luis Rafael(en representación de Ed. Verbum),


ha seleccionado, entre las 576 novelas recibidas de todo el ámbito iberoamericanolas siguientes finalistas:


 El señor Gro y la hija de la viuda Stern, de Javier Ramos


 El prestamista, de Gonzalo Calcedo


 La fiesta del tedio, de Elisa Rodríguez Court


 Protocolo48, de Gloria Macher


 Valdemar 71, de José Manuel Begines Hormigo



Y decide otorgar el IV Premio Internacional de Narrativa

“Novelas Ejemplares”- Facultad de Letras, 2018, en homenaje a Miguel de
Cervantes, a la obra:

El señor Gro y la hija de la viuda Stern, de Javier Ramos


La obra El señor Gro y la hija de la viuda Stern, de Javier Ramos, 

propone una notable degustación del lenguaje desde una conciencia
lingüística que es la que sostiene el relato. Las palabras sirven a la
acción: son palabras actantes. Novela de signos y señales, gracias
al adecuado empleo de la prosa lírica; acerca al lector a una 
iluminación poética que va perfilando a sus personajes con pinceladas
de sueño. Osado, reacio a las convenciones, el autor reinventa el mar,
el cielo, los libros o las rosas con un lenguaje rico en asociaciones y 
símbolos. Sus cinco partes son cinco actos de excelente ritmo.Tiene
algo del dibujante Tomm Moore y de la lírica inocencia de El principitoy
restituye a la literatura el poder de generar mitos.
El Jurado del Premio IV Premio Internacional de Narrativa
“Novelas Ejemplares”- Facultad de Letras, en homenaje a
Miguel de Cervantes, desea dejar constancia de que las obras
finalistas tienen, asimismo, calidad e interés, y recomienda
su publicación.

En Ciudad Real, a 28 de marzo de 2018.


sábado, 17 de marzo de 2018

VALOR Y MIEDO



Un amigo me habló de una joven que a sus dieciocho años se largó de su casa con lo puesto para emprender una nueva vida en otro país. No sabría decir, comentó, enterado del carácter violento del padre de la joven, si el valor motivó la marcha de la chica o fue el miedo. A raíz de su comentario, se reactivó en mi mente el recuerdo parcial de un cuento cuya fuente literaria he olvidado. Conservo en mi memoria solo el recuerdo de la primera escena: una mujer, que no acostumbra a salir de casa, se arrastra sin rumbo por la ciudad oscura sobre la que se cierne una tormenta implacable. ¿O se trata solo de una lluvia fuerte que, porque es de noche y las calles están casi vacías, la mujer aterrada convierte en una tempestad? No lo sé. Me interesa, sin embargo, la experiencia interior de la mujer. A veces basta sentirse frágil para hacer del paisaje un lugar desolador.

La mujer, empapada y con el pelo chorreante, se angustia viendo colarse el agua en los edificios y las tiendas cerradas a cal y canto. El agua embarrada le alcanza media pierna. Los coches se han detenido con sus motores apagados. Ni rastro de un taxi para regresar a casa, su nido de protección y bienestar. Camina y camina a toda prisa, desnortada.
 Fuera de su refugio se siente vulnerable, del todo desprotegida. Oye de repente la voz de alguien que, radiante bajo una marquesina, exclama: “¡Menudo valor, señora!”

A menudo se confunden coraje y miedo, concluyó el amigo que me habló de la joven fugada. No parece extraño que sus palabras despertaran en mí el recuerdo de la mujer del cuento abriéndose paso entre las tinieblas. Al fin y al cabo, los lectores activos nos hemos habituado a un trasvase del material de la realidad a la ficción, y viceversa. ¿Acaso la literatura no es una hipótesis de vida tan real como la que se vive fuera de los libros?


FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.





domingo, 4 de marzo de 2018

LA LENGUA DEL SILENCIO



El silencio es una caja de sorpresas llena de sucesos, experiencias y sentimientos. Inalcanzables en gran parte, a menos que alguien les dé algún nombre. Es lo que debió de pensar el padre de Mark Strand después de haber leído el primer libro de poemas que le publicaron a su hijo. El año de la publicación del libro coincidió con el de la muerte de su mujer. Mark Strand cuenta haberse emocionado viendo a su progenitor sumergido en la lectura de los poemas. Nunca ha sido lector de poesía, dice. El padre quiere hablarle de los poemas, pero le cuesta. Cuando consigue arrancar, pide a su hijo una aclaración de algunos que cree confusos. Otros le parecen muy claros e intenta trasladarle cuánto significan para él. Sobre todo, los poemas que más le dicen porque dan voz a su sentimiento de pérdida, tras la muerte de su mujer. 

“Parecen expresar lo que él ya sabe, pero no logra decir”, escribe Mark Strand. “En pocas palabras le cuentan lo que él está sintiendo. Le ponen en contacto consigo mismo.”


También los lectores activos suelen descubrir durante la lectura cosas que no consiguen verbalizar. Todavía más, quizá encuentren en la literatura palabras para lo que ya saben y, sin embargo, desconocen que saben. Mientras leen se revela entre líneas aquello que ya sabían antes sin haber tenido consciencia de saberlo.

El conocimiento parece estar entonces más cerca del silencio que de la palabra. Si el padre de Mark Strand no hubiese llevado el dolor en su interior, no lo habría reconocido en los poemas de su hijo. Pero sin la palabra tampoco habría podido adueñarse de su pérdida. Al fin y al cabo, los sentimientos se consideran profundos solo porque se tienen por profundos los pensamientos que los acompañan. Y la literatura es capaz de darle forma y sentido al silencio que nos habita, haciendo visible lo oculto y lo desconocido.



FUENTE: LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS

sábado, 17 de febrero de 2018

ÉRASE UNA VEZ



                                                           
En un relato de Clarice Lispector, titulado Érase una vez, le preguntan a la protagonista qué es lo que realmente querría escribir. Tal vez le hicieran en alguna ocasión la misma pregunta a la escritora brasileña y ella escribió ese texto narrativo, ilustrador de sus ideas sobre la creación literaria. Ya se sabe, los escritores suelen inventar un autor a la medida de sus gustos. La protagonista de su relato contesta que le gustaría escribir, si fuese posible, una historia que comenzara así: “Érase una vez…” Los demás piensan en los niños como únicos destinatarios de su historia. Ella, sin embargo, comenta que la escribiría para los adultos.

No ha olvidado aquellos primeros relatos suyos, escritos a sus siete años, que empezaban todos con “Érase una vez.” Los remitía a una página infantil que publicaba semanalmente el periódico de una ciudad brasileña. Envió un buen número de historias, pero ninguna vio la luz. Es fácil saber, explica, por qué no fueron publicadas. No contaban exactamente una historia con los hechos que una historia requiere, dice, a mi parecer con cierta ironía. “Yo leía las que publicaban y todas contaban un acontecimiento”, añade. Sus relatos, sin embargo, no eran historias lineales al uso, con una secuencia argumental lógica. Se sobreentiende, si se ha leído la singular obra de Clarice Lispector. Una escritora que en su escritura luchó a brazo partido contra cualquier intento de encorsetar la realidad y cuestionó la pretensión de domesticar la vida para volverla familiar.

La protagonista del relato de Clarice Lispector es muy tozuda. Desde su infancia ha cambiado tanto, dice, que ya se cree capaz de escribir el verdadero “Érase una vez”. Decide entonces ponerse en marcha y se sienta a escribirlo. Siente que será simple. Lo empieza, pero nada más escribir la primera frase se da cuenta enseguida de que aún le es imposible. Ha escrito: “Érase una vez un pájaro, Dios mío.”


(Artículo inspirado en TIEMPO DE RETROCESO, Café Perec de Enrique
Vila-Matas en El País)









viernes, 9 de febrero de 2018

GARBANZOS NEGROS




La normalidad goza de una salud excelente. Campa a sus anchas y no necesita dotarse de argumentos para defender la permanencia en su reinado. Tampoco se ve obligada a justificar su manera de proceder en ningún momento y bajo ninguna circunstancia. Se mueve por doquier con total espontaneidad. Tiene tanto arraigo entre los habitantes que carece de miedo a ser destronada. Dispone de múltiples vías para expresarse libremente. Sin embargo, siente predilección por sus portavoces más campechanos: personas corrientes. Son ellas sus verdaderos guardianes. Se juntan, conversan, se divierten y se estremecen. Actúan de una manera muy natural, de acuerdo a la lógica aplastante de la normalidad: una lógica sustentada en sobrentendidos. Dan entonces por descontado que las cosas son como son y punto, porque sí.

Hablan de asuntos que conoce, así lo creen, el común de los mortales. Si un individuo relata cualquier suceso, otros contestan con uno similar relacionado con dicho acontecimiento. Emiten, mientras tanto, juicios indiscutibles, evidentes. Se da por supuesto que no hay que aclarar nada.  Cualquiera sabe, cómo no, de qué se habla. Junto a ellos reina, vestida con su manto dorado, la normalidad. Ella desconoce, sin embargo, que cuando la gente se reúne aparecen garbanzos negros entre los anaranjados. Nada sabe de los pensamientos que danzan en la trastienda de la cabeza. ¿O acaso no existen seres no normales como el narrador de Carta breve para un largo adiós, novela de Peter Handke? Harto de oír una y otra vez las mismas cosas, a este narrador le extrañó que nadie de su grupo se plantease la posibilidad de que él no estuviera de acuerdo con las ideas de los demás. “Me contaban siempre las historias más idiotas con tanta tranquilidad como si les resultara imposible imaginar que yo pudiera escucharlas de otra manera que no fuera en calidad de cómplice”, dice en el libro.




FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.



sábado, 20 de enero de 2018

EL PERRO DE MARIO LEVRERO




Me preguntan de vez en cuando sobre mi lectura de algún libro. Ya se sabe, los lectores solemos buscarnos unos a otros para conversar de literatura. Se producen así intercambios literarios en Facebook, Twitter y presenciales. Espontáneos en la mayoría de las ocasiones, aunque nada fortuitos. O tal vez igual de casuales que un encuentro de personas fascinadas con una misma ocupación, para ellas esencial.

Cuando me preguntan de pronto sobre la lectura de un libro concreto, leído hace cierto tiempo, me resulta bastante difícil, si no imposible, recordar los argumentos y enredos en los que se ven envueltos los personajes. Tal vez, porque la trama me trae sin cuidado. Me viene antes a la memoria el recuerdo de citas textuales y fragmentos capaces de suscitar ideas, como el pasaje inolvidable del perro en una novela de Mario Levrero. Lo recordé mientras charlaba con un amigo sobre este escritor uruguayo.

Una tarde cálida, escribió Levrero, vio él a un perro oliendo con fruición una mata de pasto. Por los movimientos, la entrega a la fruición olfativa, la actitud, el ritmo y la posición corporal del perro dedujo que el animal le seguía la pista al rastro de una perra. Sin embargo, no daba la impresión de estar persiguiendo un rastro, se dio cuenta enseguida, sino que parecía estar ante el objeto mismo. Recordó entonces que el olfato es para el perro un sentido similar a la vista para los humanos. Aquel animal estaba viendo, por tanto, a la perra y no su rastro. “Como cuando yo veo venir a alguien a la distancia; de alguna manera ese alguien ya está aquí; no es futuro, sino presente”, escribió Levrero.

Son palabras que, a modo de destellos perdurables, subsisten en mi memoria. Forman ya parte de mis experiencias interiores en una mezcla indistinguible de literatura y vida. Por eso no sé con frecuencia si hablo del libro sobre el que alguien me pregunta o si invento otro. 




FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.


jueves, 15 de junio de 2017

`SATURNO´, DE EDUARDO HALFON



La ausencia del padre cabe a veces en una breve frase: "El padre es un nombre." Son palabras que pronuncia el narrador de Saturno, libro del escritor Eduardo Halfon (Guatemala 1971), publicado por la editorial Jekyll & Jill. Una delikatesse para amantes de la literatura en la que el narrador ajusta cuentas, a través de una voz peculiar hecha de múltiples voces literarias, con su padre ausente.

La ausencia del progenitor suele remitir a la idea de su pérdida, bien por muerte o porque el padre decide marcharse y dejar a los hijos en la estacada. Eduardo Halfon no le da la espalda a esta clase de pérdida y la aborda en relación a escritores que han sufrido sus secuelas. Sin embargo, su empresa narrativa es mucho más vasta. La ausencia del padre se debe en el caso del narrador a un exceso de presencia paterna. Un padre autoritario, que, como el de Kafka, no le pone la mano encima, no lo maltrata físicamente, pero ejerce con crueldad el maltrato psíquico a base de insultos y humillaciones, venganza e indiferencia.

Es un tirano que acusa al hijo, mediante la violencia de gestos y palabras, de su propio comportamiento execrable. Se trata de un hombre egoísta, frío, calculador, distante y desagradecido. Proyecta, además, su fracaso personal sobre el narrador, al que culpabiliza y castiga sin piedad.

Eduardo Halfon narra con sutileza y maestría ese silencio que encubre odio, o total rechazo, y absoluta falta de amor. No es, pues, extraño, que la idea del suicidio recorra Saturno. Escritores que se han suicidado, la figura del padre ausente y la falta de amor en un sentido amplio se deslizan por las páginas de este libro, cuyo estilo sencillo y de alto vuelo literario atrapa a los lectores desde el comienzo.


Saturno, Eduardo Halfon. Editorial Jekyll & Jill. Zaragoza, 2017.-

sábado, 27 de mayo de 2017

`LA CALIGRAFÍA DE LOS ISÓPODOS´. EVELYN DE LEZCANO. TRES POEMAS.





                                                     TRES POEMAS:

La vieja foto,
un mar.
Puede arañarme el filo de sus olas

y dejar constancia de algo que es igual
a la contingencia del cuenco donde descansan las águilas.





No hay arrepentimiento
de la mano
que nunca colgó el cuadro:
el que no vi,
el del borrón en las columnas,
en la maqueta,
en el sueño del pequeño isópodo sin memoria.

LA CALIGRAFÍA DE LOS ISÓPODOS. EVELYN DE LEZCANO. EDITORIAL HUERGA Y FIERRO.  MADRID, 2017.-


lunes, 24 de abril de 2017

`EN EL CORAZÓN DEL CORAZÓN DEL PAÍS´, DE WILLIAM H. GASS




Tres fragmentos de El chico de Pedersen, primera narración larga -o nouvelle- del libro EN EL CORAZÓN DEL CORAZÓN DEL PAÍS.


"A Hans no le acababa de cuadrar. No quería creer al chico más que yo, pero si no lo hacía entonces el chico lo habría engañado. Y tampoco quería creer eso."



"Me miró de una forma tan horrible que olvidé que me era indiferente."



"Estaba solo ante lo que podía pasar. Empecé a preguntarme si los Pedersen tenían perro, si tal vez el chico de Pedersen tenía un perro o un gato y dónde estaba si es que tenían, y si yo sabría su nombre y si vendría si lo llamase. Intenté pensar en su nombre como si lo hubiera olvidado."




En el corazón del corazón del país. William H. Gass. Traducción y epílogo de Rebeca García Nieto. Editorial La Navaja Suiza. Madrid, 2016.



sábado, 11 de marzo de 2017

ENCUENTRO CON ENRIQUE VILA-MATAS A PROPÓSITO DE `MAC Y SU CONTRATIEMPO´





ENCUENTRO CON ENRIQUE VILA-MATAS A PROPÓSITO DE MAC Y SU CONTRATIEMPO. 

LA LITERATURA, ECO DE LA ORIGINALIDAD EXTINGUIDA

                            

                                   LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS

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sábado, 4 de febrero de 2017

`MAC Y SU CONTRATIEMPO´


A los lectores de Enrique Vila-Matas se nos han puesto los dientes largos: su nueva novela verá la luz el próximo 14 de febrero. Se titula Mac y su contratiempo. Muy poco conocemos todavía de su contenido. Sin embargo, Vila-Matas tiene el don de incitarnos a investigar sobre sus libros también antes de que lleguen a las librerías. Una breve sinopsis de la novela, escrita por el autor en su web, nos reafirma en la idea de que Vila-Matas es padre de una obra inacabada y necesariamente inacabable.

Él considera que la literatura ha de dar cuenta de la infinitud del mundo, caótico y múltiple. Por consiguiente, concibe la obra literaria como espacio que da cabida al reino de las infinitas posibilidades. En este sentido no resulta tal vez casual que Mac, el protagonista de su nueva novela, sea alguien que se dedica a leer y modificar todo cuanto lee. ¿Acaso las posibles modificaciones de un texto no son ilimitadas?

Mac, según se dice en la sinopsis del autor, se vale de su diario de principiante para proponerse mejorar en secreto la novela que un famoso vecino publicó hace muchos años. Es otro dato más que apunta a la multiplicación, en potencia inagotable, de textos. O a la idea, leída en una entrevista reciente que le hicieron a Vila-Matas, de la reescritura como creación infinita. Incluso repetir los textos, si fuese el caso, no tiene por qué suponer el retorno de lo mismo. Una repetición abre la puerta al surgimiento de una diferencia.

Parece significativo que Mac tenga como vaga referencia al Perec de 53 días, la última novela, inacabada, de este escritor. También Mac busca dejar inconcluso su diario y así conseguir una falsa “obra incompleta y póstuma”. Sus pretensiones sintonizan con la definición que hace Perec de la novela: “La novela es posibilidad.” Una afirmación que coincide con la escritura que defiende y practica Vila-Matas. 




Imagen de Pedro Guerra.




FUENTE: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA-DIARIO DE LAS PALMAS.