.Decir que la Literatura ha muerto es a la vez empíricamente falso e intuitivamente cierto. (Lars Iyer).Después de todo, tras el terremoto que desató en el lenguaje, los más lúcidos sucesores de Joyce nos parecen hoy sobrevivientes caminando entre los cascotes, bajo un cielo insondable sin estrellas, deteniéndose ante las pocas hogueras –y aún gracias– que arden. (Enrique Vila-Matas).He aquí el hombre íntegro arremetiendo contra su calzado cuando el culpable es el pie. (Samuel Beckett)
Esta novela parece desplegarse desde dos perspectivas que se entrecruzan hasta confundirse en una sola que podría llevar la firma “no hay salida para la literatura”. O tal vez: “la única salida posible es reconocer que no hay salida”. A partir de este reconocimiento se vislumbraría, quizá, el camino a seguir.
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