viernes, 28 de diciembre de 2012

DILEMA


La vida nos sitúa constantemente ante dilemas que nos reclaman un posicionamiento personal. Elegimos entonces en base a nuestros deseos o convicciones. Sin embargo, nuestra elección deja de ser libre cuando se trata de dilemas maquinados por otros en su propio beneficio.
Ocurre con frecuencia en la actualidad. Un solo ejemplo: supongamos que a una persona le ofrecen un puesto de trabajo. Está en paro y ha de decidir si acepta un salario mísero y un horario laboral desmesurado o rechazar el empleo. Le quedará poco margen de elección, ¿no les parece, estimados lectores?

Son pensamientos que me han asaltado mientras leía una escena conmovedora de un relato de Danilo Kis contenido en su libro Una tumba para Boris Davidovich. Les comparto una escueta síntesis a modo de reflexión: Un hombre ha intentado actuar a lo largo de su existencia consecuente con su modo de pensar y de proceder, habiendo arriesgado su vida en varias ocasiones. Ahora, en plena madurez, se encuentra prisionero. Se le acusa de graves delitos que no ha cometido y se le intenta arrancar la firma para una falsa declaración que garantice su condena a la pena capital. El hombre, desesperado, cavila lo siguiente: “He alcanzado la madurez. ¿Por qué iba a estropear mi biografía?”

Sabe que, de toda formas, van a matarlo. Pero también sabe que mentir para rubricar su muerte tramada de antemano es traicionar el sentido que ha elegido para su vida. Soporta, por consiguiente, todo tipo de torturas, optando por mantenerse firme.

Sus verdugos deciden, como última artimaña, encararlo cada día con un nuevo joven al que amenazan con matar al momento si el hombre no firma de inmediato. Tras la matanza del primer joven, el hombre es consciente de que ya su propia defensa no le afecta solo a él, sino que abre la puerta a otros asesinatos de seres inocentes.
¿Qué hacer? ¿Debe mantenerse en la verdad o sucumbir a la trampa para evitar más crímenes? Envuelto en un trágico dilema urdido por sus verdugos, ¿le corresponde a él, estimados lectores, resolverlo?

Fuente: El Quinqué. La Provincia-Diario Las Palmas

sábado, 22 de diciembre de 2012

SOCIEDAD LETAL


Tres años antes de suicidarse cuenta Sándor Márai en una entrada de su Diario de 1986 que fue a una tienda estadounidense para comprarse un revólver. Rellenó el formulario de la policía y el vendedor le entregó la pistola, empaquetada con esmero, además de 50 balas.

Cuando le advirtió que no iba a necesitar tanta munición, el vendedor se encogió de hombros y contestó con indiferencia que eso nunca se sabe.

Dice que en el establecimiento se exponían toda clase de armas, escopetas de caza, fusiles ametralladores. "En América todos los ciudadanos tienen derecho a ir armados", escribe Márai, y relata su viaje en taxi de vuelta a casa. El chófer le pregunta qué ha comprado y asiente al saber que se trata de un revólver. "Siempre viene bien", le dice.

En otra entrada del mismo Diario escribe Márai sobre el derecho a la tenencia de armas de fuego, garantizado por la Constitución estadounidense. Cuenta que un folleto anuncia que en ese momento hay 120 millones de armas en propiedad de particulares. También habla de las clases didácticas sobre cómo se manejan las armas. Escribe: "Los alumnos escuchan atentos y en silencio. Las clases para matar, o mejor dicho, la enseñanza reglada para impartir la técnica de matar y suicidarse, constituyen un extraño ejemplo de dónde vivimos y qué valor tiene la vida en este país."

Me vinieron a la mente estas notas de Sándor Márai de hace casi 27 años cuando me enteré de la terrible matanza en la escuela primaria de Estados Unidos.

"¿Por qué, por qué?", gritaba desesperada una mujer a la entrada de la escuela.
"¿Por qué, por qué?", se pregunta también Edipo en la obra de Sófocles en su intento de averiguar quién es el culpable de la peste que asuela la ciudad. Mientras este se comporta como un detective que durante la investigación descubre que el culpable es el propio detective, porque nadie es inocente, Estados Unidos se afana en diseñar un perfil patológico para el asesino y así poder explicar el móvil de la masacre.

Fuente: El Quinqué. La Provincia-Diario Las Palmas

jueves, 13 de diciembre de 2012

LA TÍA DE MO YAN


Los periodistas fueron con sus cámaras a China para conocer in situ la extensión social y familiar del Nobel de Literatura Mo Yan. Querían inspeccionar esa "dimensión horizontal", tal y como denomina Reiner Stach a lo que forma parte de la vida exterior de las personas. ¿Habrán descubierto los periodistas que también Mo Yan tiene que comer y hacer la digestión como el resto de los mortales?


Si en el pasado un puñado de periodistas se hubiesen tenido que desplazar a la Praga de Kafka, ¿qué podrían haber dicho de la vida de este escritor que confesaba pasarse la mitad del día en la cama o en algún sofá, apático y soñando lejano? Nada que se relacionara con lo que escribía y dejaría en la posteridad sin aliento a tantísimos lectores. Entre otros motivos, porque el arte de los escritores se despliega interiormente o, como dice Stach, en una "dimensión vertical".
En esta puede penetrar el paisaje social, pero es la ficción literaria el ámbito desde el cual los duendes internos de los escritores se encargan de recrearlo.

Sobre la diferencia entre realidad y literatura debe de saber bastante la tía de Mo Yan. Cuenta este en su reciente discurso, con motivo de la aceptación del Nobel, que en Rana, su última novela, aparece la figura de su tía y que ahora muchos periodistas han ido a su casa para entrevistarla. Al principio mostró mucha paciencia en las entrevistas, pero después no lo soportó y se escondió en casa de su hijo.
Mo Yan distingue entre su tía real y la literaria. A la segunda le dio el nombre de la primera, modelo que inicialmente inspiró su novela. Pero ambas son diametralmente distintas. La tía real es alegre, encantadora y feliz, mientras la literaria parece un miembro de la mafia y una loca que vaga en la noche como un fantasma.

La tía de Mo Yan no se enfadó cuando supo cómo él la había descrito en Rana. Ha sabido entender la compleja relación entre los personajes literarios y las personas reales.

Fuente: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA/ DIARIO LAS PALMAS

lunes, 10 de diciembre de 2012

NOTAS SOBRE EL AMOR. VISIÓN DE ALGUNOS ESCRITORES.


TEXTO PUBLICADO EN REVISTA DE LETRAS

“En toda mujer hay una emanación de flor y de amor”. Con esta frase comienza Chateaubriand Amor y vejez, una meditación delirante, desgarradora y lúcida sobre la patología de la pasión.


Este escritor ha superado los 60 años y, después de haber atesorado a lo largo de su vida un sinfín de conquistas femeninas, rechaza en este libro a una joven que se le ofrece. Sabe que los iguales se buscan y, sabiéndose viejo, advierte de antemano el estrepitoso final de una posible relación amorosa con ella. Escribe:

Flor encantadora que no quiero coger, te dirijo estos últimos cantos de tristeza; los oirás solo después de mi muerte, cuando haya unido mi vida al haz de las liras rotas.

Entre otros motivos, señala que lo único que ella podría amar en él es una quimera que la realidad hará desvanecerse. Lo dice porque se siente acabado y ya no digno de ser objeto de pasión. Pero no solo por eso. También él duda de poder amarla.

Sí, es mi forma de ser. ¿Y acaso querrías ser abandonada por un viejo? Oh, no, joven encanto, ve al encuentro de tu destino.

Prefiere que ella huya rodeada de los celos y deseos que él siente. Opta por debatirse con el horror de sus años y el caos de su naturaleza, en la que, según añade, el cielo y el infierno, el odio y el amor, la indiferencia y la pasión se mezclan en espantosa confusión.
(Continuar leyendo)


jueves, 6 de diciembre de 2012

LA LINTERNA


En la cafetería contemplo a una mujer. Está sentada sola en la mesa de al lado y hunde su mirada en un libro. Apenas se mueve. La espío un buen rato. ¿Por qué se demora tanto en volver la página? Recuerdo, de pronto, un pasaje de Los apuntes de Malte Laurids Brigge de Rilke. En él cuenta Malte que de pequeño estaba de rodillas en la butaca para alcanzar la altura de la mesa sobre la que dibujaba. Era de noche y la única lámpara de la habitación era aquella que alumbraba sus hojas y el libro que leía junto a él su mademoiselle. Dice Malte:

Ella estaba muy lejos cuando leía, y yo no sé si era en su libro; podía leer durante largas horas, volvía raramente las páginas, y yo tenía la impresión de que bajo sus ojos las páginas se hacían sin cesar más llenas, como si su mirada hiciese nacer allí palabras nuevas, ciertas palabras que ella necesitaba y que no estaban allí. Imaginaba esto mientras dibujaba.

 
La mujer de la cafetería, ensimismada, sigue sumergida en su libro. Motivada por las palabras de Malte, pienso que está leyendo otro libro, el suyo propio, del mismo libro. Entonces me acuerdo de la escena de Anna Karenina viajando en un tren, descrita por Tolstói. Ella se acomoda en su asiento, se pone entre las rodillas un almohadón, cubre sus piernas con una manta, pide la linterna a su criada, saca de su bolso un cortapapeles y una novela, y se entrega a la lectura. Sobre esta escena ha escrito Enrique Vila-Matas:

Asocio la linterna de Anna con aquella peculiar luz propia, cuya necesaria existencia percibiera Paul Valéry cuando en sus Cuadernos consideró plausibles un tipo de obras que contaran con la iluminación propia del lector, es decir, un tipo de obras escritas sin pensar en darle algo a quien lee, sino, al contrario, pensando en recibir de él.

Obras hechas "para recibir un sentido, y no sólo un sentido, sino tantos sentidos como pueda producir la acción de una mente sobre un texto."

Fuente: EL QUINQUÉ. LA PROVINCIA/DIARIO LAS PALMAS

domingo, 2 de diciembre de 2012

TRENDING TOPIC


Cualquier imbécil puede convertirse de la noche a la mañana en un héroe. Si logra ser trending topic, quedará encumbrado, no importa que solo brille por un instante. En Twitter encuentra la certeza de su éxito, medido por la circulación desbordante de infinitos tuits que llevan su nombre en esta red social. Da igual la calidad del contenido del mensaje. Lo que cuenta es el número de veces que este es retuiteado hasta situarse a la cabeza del ranking.

Cometer la mayor estupidez o el mayor desastre, pegarse el chiste más imbécil o la mentira más insólita puede ser motivo de trending topic y, por consiguiente, de reverencia. El triunfo de la banalidad está garantizado.

Sucede lo mismo en ámbitos más generales. Una pésima serie televisiva, un horroroso programa de radio, un mal llamado libro de literatura e incluso un infame político pueden convertirse en trending topics y, en consecuencia, ser elevados a los altares.

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